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Boca de Mina – Gaudí

La Boca de la Mina era un paseo muy frecuentado por los habitantes de Reus y su entorno como zona de recreo. En él destacan las tonalidades amarillas y ocres, así como las formas originales de la naturaleza. Antoni Gaudí, junto con Eduard Toda y Josep Ribera, a menudo se iba de excursión a esta y otras zonas aledañas a la ciudad.

La Boca de la Mina es una avenida arbolada bordeada de plataneros de grandes dimensiones a ambos lados. Se trata de uno de los pocos espacios existentes que mantienen las características propias de los paseos antiguos: sin pavimentar, con árboles que refrescan en los días de más calor y, a su vez, permiten disfrutar de los días de sol; un espacio clave para el ocio y las relaciones sociales. Presenta un elevado valor patrimonial, ya que aún conserva algunas explotaciones de avellanos como pequeña muestra del cultivo que modeló el paisaje de la comarca durante décadas.

La ruta del paseo de la Boca de la Mina en Reus es un recorrido de unos 5 km con poco desnivel, apto para toda la familia. Se trata de una ruta circular que llega hasta el Institut Pere Mata por la que se pueden observar otros elementos modernistas característicos de Gaudí, como la chimenea del Molí (Molino) de los Sanromà.

Podéis descargar la ruta aquí.

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Cambrils – Joan Miró

Joan Miró se sentía totalmente identificado con el Camp de Tarragona. En una carta a Lola Anglada (21-7-1915), dice así: «Me encuentro en esta tierra de fuego y mar azul, muy azul. ¡Dios ha hecho realmente hermoso este Camp de Tarragona! Aquí trabajo mucho, trabajo desesperadamente». Son sus veranos más intensos en la finca de Mont-roig, cuando pinta una serie de dibujos de los trabajos del campo y del puerto de Cambrils. En ellos vemos, por ejemplo, a campesinos en carro o labrando, mujeres reparando redes de pesca, grupos de pescadores descargando pescado o escenas en el mercado (de pescado y productos del campo). En otra carta a Anglada (7-8-1915), Miró describe: «He llegado nuevamente a esta tierra de luz y mar, de campesinos de mejillas coloradas, fuertes como estas montañas, y barcas con las velas muy blancas que sacan peces de muchos colores…». Según el fotógrafo E. Scheidegger: «A Miró le fascinaba todo esto y le inspiraba para su trabajo. Me encargó que plasmara en mis fotografías todo este mundo del mar…».

A principios del siglo XX, Cambrils era la estación de tren más cercana a Mas Miró, a unos siete kilómetros, y había también una buena carretera para ir de visita o a pintar. En el año 1917, Miró pintó dos cuadros en dicho pueblo: Cambrils, playa y Cambrils, el puerto. En otra de sus cartas a Lola Anglada (18-9-1917), le cuenta la vida en la finca y cómo trabaja en Cambrils: «Día admirable, muy luminoso, música de colores. Fiesta de la vendimia y pisado de la uva. […] Esta tarde, después de comer… en bicicleta, gomas bien infladas, carretera rodando sobre dos ligeras ruedas. Árboles, viñas, olivos, pinos, una franja de platino. En pocos minutos en Cambrils ante una tela y un caballete. El mar, barcas, perros que persiguen a los gallos. Brava gente del mar… Después del trabajo llego a casa cansadísimo, poco dispuesto a acabar de exprimirme el cerebro. Noche, después de cenar, a dormir el sueño de los que cavan y labran la tierra».

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Cueva Picasso – Pablo Picasso

Invitado por Manel Pallarès, hijo de Horta de Sant Joan, Pablo Picasso vivió un tiempo en Els Ports mientras se reponía de una enfermedad, en 1898.

En el interior de Els Ports se halla una cueva o gruta conocida tradicionalmente como “coveta dels Ullals (colmillos) de Morago” donde ambos amigos decidieron hacer vida “primitiva” y trabajar durante el verano.

«Mis emociones más puras las experimenté en un gran bosque de España (Els Ports de Horta) donde, a los dieciséis años, me retiré a pintar». 

La cueva se puede visitar siguiendo el itinerario señalizado del Parque Natural de Els Ports. Es un recorrido circular de unos 3 km, de dificultad leve y con una duración aproximada de una hora, ideal para hacerlo en familia.

El itinerario parte del área recreativa de La Franqueta, situada junto al río Estrets, una zona de fácil acceso que ofrece varias rutas de senderismo y dos espacios interpretativos al aire libre, el Mas de Quiquet y La Marbrera.

Podéis descargar el recorrido aquí.

En el Ecomuseu dels Ports os informarán de los diferentes recorridos por el parque natural donde encontraréis frondosos bosques, roca calcárea y fauna salvaje, y cuya puerta de entrada es Horta de Sant Joan. También os sorprenderán por su belleza las pozas de Les Olles y el azud  de Lledó. ¡Parada obligada para refrescarse!

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El camino de El Vendrell a Sant Salvador – Casals

Entre las zonas montañosas del Penedés y el mar, se extiende una estrecha senda llana rodeada de campos de viñas que se ha usado como vía de comunicación desde la antigüedad. De hecho, los caminos que unían El Vendrell y la playa de Sant Salvador eran muy transitados por los carros que transportaban vino y aguardiente, ya que esta playa llegó a ser uno de los principales puertos de exportación de estas bebidas. Por ello, Pau Casals hacía a menudo este recorrido cuando bajaba a la ermita y a la playa de Sant Salvador con su madre.

A través de la vía verde, podemos seguir la ruta que une El Vendrell con la playa de Sant Salvador a pie, corriendo o caminando. Se trata de un itinerario sin dificultad, apto para todas las edades en cualquier época del año.

Podéis descargar la ruta aquí.

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El camino de Mont-roig a la ermita de la Roca – Miró

Joan Miró era una persona metódica. Para él, era importante tener un horario y una disciplina. Cada día se despertaba temprano y se dirigía a su taller. Trabajaba sin descanso hasta la hora de la comida. Para trabajar, siempre el silencio y la soledad. Después, para retomar fuerzas, la poesía o la música. Por la tarde, eran habituales sus paseos hasta la ermita de la Roca o hasta la playa de la Pixerota. El camino de Mont-roig a la ermita de la Roca atraviesa un inmenso campo de olivos de infinito verdor. La panorámica desde el mirador de la ermita es impresionante: una extensa llanura de campos de cultivo y un mosaico de verdes sin fin que se extiende hasta el mar. Miró también recorría el camino en la tradicional romería. La festividad de la patrona de Mont-roig se celebraba el 8 de septiembre y consistía en una peregrinación seguida de una misa, comida popular y el tradicional baile de coques (documentado desde 1816 y, desde 1992, recuperado por la Asociación de Vecinos Muntanya Roja).

En torno al espacio natural de la ermita encontramos varias fuentes y merenderos señalizados para comer y descansar al aire libre. Es una zona de fácil acceso para vehículos desde la T-322 o a pie por varios senderos como el GR 192, un tramo del cual se conoce también como el Camí Vell de l’Ermita. Desde Mont-roig son unos 25 minutos a pie. El recorrido se encuentra en el mapa de rutas de senderismo de Mont-roig.

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El Coll (collado) de la Desenrocada – Gaudí

Recientemente, se ha demostrado que Antoni Gaudí también se inspiró en los relieves de las rocas rojas del Camp. Concretamente, en un paraje cercano al Espacio Natural de la Mare de Déu de la Roca y con la misma geología (rocas granitoides y granodioritas rojizas con perforaciones e infinitas formas onduladas producidas por la fuerza del viento), el coll de la Desenrocada. Situado en el cruce de los antiguos caminos que llevaban a los pueblos de Argentera, Vilanova d’Escornalbou y Colldejou, era un lugar de paso y familiar en tiempos de Gaudí. En dicho paraje natural es posible contemplar muchas rocas que tienen gran similitud con elementos emblemáticos de la obra gaudiniana: las chimeneas, la fachada y las puertas de La Pedrera; los pilares y el dragón del Park Güell o los balcones de la Casa Batlló. 

«Todo sale del gran libro de la naturaleza».

«La línea recta pertenece al hombre; la curva, a Dios».

«La arquitectura es la ordenación de la luz».

Os recomendamos hacer una ruta a pie desde Argentera hacia la cima del coll Rodó (collado Redondo) hasta encontrar la Desenrocada, un lugar colmado de formas de arenisca de tonalidad roja.

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Gaudí niño – Gaudí

Cerca de la casa natal del arquitecto, en la confluencia de las calles Santa Anna y Amargura, encontramos la escultura «Gaudí niño», obra del escultor reusense Artur Aldomà Puig, inaugurada en el año 2002 coincidiendo con la conmemoración del 150.º aniversario del nacimiento de Gaudí en Reus.

Se trata de una escultura de bronce de 1,10 metros que representa a Antoni Gaudí en su infancia, sentado en un banco y jugando a las canicas. Las bolas doradas que lo acompañan tienen un efecto giratorio y permiten al espectador descubrir el nombre del genio al hacerlas girar.

Este es uno de los espacios que se pueden visitar dentro de la Ruta Gaudí Reus, un itinerario que invita a descubrir los rincones y las vivencias del arquitecto en su ciudad natal.

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La montaña de la Roca – Joan Miró

Las singulares formas del Espacio Natural de la ermita de la Roca motivaron a un joven Miró a dejar fluir su influencia cezanniana y pintar aquel rojo “avinagrado” propio del lugar. Decía Miró, además, que el secreto de su obra era el equilibrio. La posición de la ermita de Sant Ramon, las formas cúbicas del peñasco rojo y todo el conjunto, que desafiaba las leyes del equilibrio, captaron la atención del genio. El cuadro Mont-roig, Sant Ramon (1916), se pintó desde un punto cercano, el último tramo del Camí Vell (Camino Viejo), y representa la visión de conjunto de las formas fantasiosas y equilibradas de la ermita y las rocas. 

Miró iba con frecuencia a la montaña roja. El recorrido desde su finca hasta la ermita por el Camí Vell era muy habitual en sus paseos diarios, incluso se detenía a reparar algún margen de piedra seca por el camino. Según decía, las formas geológicas tan características de las rocas y las cavidades granitoides y granodioritas de la era paleozoica, formadas por la erosión del viento en la montaña del Areny, le recordaban la obra de Antoni Gaudí.

«La ermita de la Mare de Déu de la Roca siempre ha tenido un gran impacto para mí. Tiene una enorme fuerza. Las piedras me recuerdan mucho la arquitectura de Gaudí. También está la ermita de Sant Ramon, que sobrevuelan los cuervos a menudo. Es algo muy impresionante, allí colgada. Y ese color rojo avinagrado que da nombre al pueblo: Mont-roig, es decir, montaña roja».

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La montaña de Santa Bàrbara – Pablo Picasso

Con su presencia mágica, las montañas cercanas a Horta de Sant Joan marcaron profundamente la obra de Picasso durante los dos períodos que pasó en el lugar. 

La montaña de Santa Bàrbara de Horta asciende retorciéndose y adoptando formas puntiagudas hacia el cielo. A sus pies está el convento de Sant Salvador d’Horta (o convento de la Mare de Déu dels Àngels), con una iglesia que constituye el mejor ejemplo de arquitectura religiosa templaria en Cataluña. Todo el conjunto está declarado monumento histórico-artístico. Picasso inmortalizó aquel paraje en Procesión al convento (1898).

De hecho, el convento de Sant Salvador y la montaña de Santa Bàrbara son dos lugares que han dotado de identidad a los habitantes de Horta de Sant Joan. En este sentido, la montaña de Santa Bàrbara ha supuesto un elemento emblemático para Pablo Picasso, que la pintó en múltiples ocasiones en sus inicios en el cubismo, durante su segunda visita al municipio.

Llegados al convento, al pie de la montaña de Santa Bàrbara, la ligera ascensión a la cueva de Sant Salvador nos ofrece un excelente mirador natural. A ras de las paredes de conglomerados, tenemos una vista panorámica del relieve y el mosaico de la Terra Alta, así como del pueblo de Horta de Sant Joan que se alza sobre ella.

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La piedra seca en El Vendrell – Casals

Merece la pena descubrir un elemento más de los paisajes de Pau Casals: las construcciones de piedra seca. En Sant Vicenç de Calders, la zona más agrícola del municipio de El Vendrell, y en sus inmediaciones se halla un amplio y variado patrimonio de piedra seca. En la ruta de Piedra Seca, no sólo conoceremos las barracas más interesantes y originales, sino también otros elementos que se engloban dentro de esta técnica tan propia del lugar, como pozos o márgenes centenarios. A cargo de la Asociación de Vecinos de Sant Vicenç de Calders.

El mapa de Caminos de El Vendrell incluye el mapa topográfico del término municipal, las curvas de nivel, la red hidrográfica y rutas de senderismo para hacer a pie o en bicicleta. Además, el Patronato Municipal de Turismo, junto con la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de El Vendrell, ha editado una nueva versión cuyas rutas podemos descargar en nuestro GPS.

También os puede interesar explorar la ruta circular de la Piedra Seca en Sant Vicenç de Calders u otras rutas de senderismo de El Vendrell.

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La playa de la Pixerota – Joan Miró

Joan Miró tenía la costumbre de bajar a diario desde el Mas (finca) de Mont-roig hasta la playa de la Pixerota a nadar y hacer gimnasia. Le gustaba coger piedras, raíces y cañas para hacer esculturas, así como otros objetos que el mar arrastraba y estimulaban su creatividad. Algunos se conservan aún en su taller de Mas Miró. A orillas del mar, también encontró la inspiración para crear una de sus primeras obras pictóricas, Playa de Mont-roig (1916).

​​«La playa de Mont-roig es de una gran belleza, es muy estimulante para mí. Desde la playa y mirando hacia la montaña se ven unas formas puntiagudas que son muy impresionantes. Allí, cerca de la Casilla de los Carabineros, había un majestuoso pino. Cada día iba corriendo desde el Mas hasta la playa. Para perder grasa, me ponía una especie de faja como la que aún llevan los boxeadores y los jugadores de fútbol, y encima un jersey de lana. Me hacía sudar mucho. Cuando llegaba a la playa, estaba empapado en sudor; me quitaba el jersey y me ponía a hacer gimnasia. Finalmente, me tiraba al agua y después tomaba un baño de sol. En la playa siempre recogía cosas. Veía un objeto, una raíz o una conchita y me sentía atraído. Lo cogía, lo estudiaba. Me estimulaba mucho».

Desde Mas Miró, en su recorrido hasta la playa de la Pixerota, entre caminos marcados por las rodadas de los carros y barrancos de frondosa vegetación, Joan Miró encuentra hinojo aromático, agaves en flor con ramas de formas piramidales (que, incluso, recuerdan al símbolo mironiano de la escalera de la evasión), higos chumbos (que tanto gustaban al pintor), cañaverales de blancas espigas y pinos singulares que a menudo se podían ver antes de llegar a las playas naturales y salvajes de Mont-roig.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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La playa de Sant Salvador y Les Madrigueres – Pau Casals

«La belleza de Cataluña me alimenta desde niño. Cuando cierro los ojos, veo el mar de Sant Salvador y el pueblo marinero de Sitges, con las barquitas de pesca en la arena, las viñas, los olivos y los granados del Camp de Tarragona, el río Llobregat y los picos de Montserrat. Cataluña es la tierra en que nací y la amo como a una madre».

El primer asentamiento en la zona se remonta al siglo XI. En el siglo XVIII, desde la playa de Sant Salvador se embarcaba aguardiente y vino con destino a los puertos de América y Europa. Por ello, siempre había una gran actividad fruto del intercambio comercial y social.

Para Pau Casals, la playa de Sant Salvador es el vínculo permanente con su tierra y su infancia. Cuando era pequeño, su madre lo llevaba a menudo a la ermita románica de Sant Salvador, donde cuenta que descubrió los sonidos del viento que se filtraba y silbaba a través de los ventanales y el sentido de la luz mediterránea. Solían dar largos paseos por la playa y, con los años, el genio se mandó construir una casa de veraneo a la que retornaba cada verano después de sus giras mundiales para descansar y reencontrarse con familia y amigos. Casals siempre fue un enamorado del mar… su luz intensa, el sonido de las olas, la arena de la playa, el olor a agua salada, los elementos naturales marinos…

«Algunos de los ratos más divertidos de mi vida los he pasado jugando a tenis, montando a caballo, nadando… Y era posible llevarlo a la práctica gracias a la proximidad de Sant Salvador, donde tenía mi anhelada playa».

En la costa del Baix Penedès, Pau Casals daba largos paseos entre espacios naturales, en un barrio marinero por excelencia. Se relacionaba mucho con los pescadores de la playa de Sant Salvador cuyo trabajo y fortaleza admiraba, y solía elogiar a sus vecinos, los marineros.

«No creo que pase un solo día de mi vida sin volver a mirar con sorpresa el milagro de la naturaleza».

El área natural de Les Madrigueres es una zona litoral de unas 30 ha situada en el núcleo marítimo de Sant Salvador de El Vendrell, donde se muestra el triunfo de la naturaleza. Abarca el antiguo cauce de la riera de La Bisbal y los terrenos inundables adyacentes, desde la vía del tren hasta el mar. Se trata de un espacio que no ha sido urbanizado, donde subsisten zonas agrícolas cuyo origen se remonta a los antiguos usos agrarios tradicionales ya desaparecidos. Se trata de una zona de reducidas dimensiones pero con gran diversidad de hábitats: playas de arena y dunas, lagunas litorales con juncales y cañaverales, matorral mediterráneo y maquia con encinas. En ella crían muchas especies de aves, como el chorlito. Cerca de la playa se encuentra un búnker de la Guerra Civil. En general, tiene un elevado interés ambiental y paisajístico por su carácter singular, en un entorno litoral totalmente urbanizado, y por su función de corredor ecológico entre el mar, los campos y las montañas inferiores. Un espacio ideal para contemplar una puesta de sol después de un día de excursión, ¡y sentirse en armonía con el planeta!

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Las barracas de piedra seca de Mont-roig – Miró

Es notorio que a Joan Miró lo encontraban a veces sentado en los márgenes de piedra seca esperando la puesta de sol, a menudo en el lado oeste de su finca, en el Tancat, un terreno de secano con algarrobos próximo al barranco de Rifà. También existen fotografías del pintor en los márgenes del Camí Vell que lleva a la ermita de la Mare de Déu de la Roca. En verdad, Miró admiraba las construcciones de piedra en seco por su componente artesanal, por la maestría que exigían a los labradores expertos en aquel arte de disponer piedras en las posiciones exactas y con las medidas más adecuadas para sostenerse sin ningún material de unión. A su vez, dichos márgenes causaban un efecto visualmente hermoso a la vez que definían de forma ordenada el territorio de Mont-roig y alrededores. En un cuaderno de 1940-1941 conservado en la Fundació Joan Miró de Barcelona, hablando de sus inicios en la escultura, dice así: «[…] picando piedras, retocándolas, de tronas de árboles…». Las tronas son construcciones circulares de piedra seca que rodeaban los troncos de los árboles y se rellenaban de tierra para proteger a los más jóvenes de las fuertes ráfagas de viento de Mont-roig.

A lo largo de la historia y en todo el mundo, siempre se ha sacado el mejor provecho de la piedra como herramienta o material para todo tipo de construcciones. En el municipio, hay más de un centenar de barracas de piedra seca catalogadas; algunas de ellas, monumentales. Dichas construcciones, levantadas por los campesinos más especializados, presentan un buen estado de conservación y una notable diversidad de estilos y formas.

Para conocer las barracas de piedra seca, existe una ruta fácil de seguir que permite disfrutar del paisaje y admirar importantes construcciones, como castillos e iglesias, así como once barracas modestas, si bien meritorias, que han abastecido a los hombres humildes de lo necesario para hacer más llevaderas las duras labores del campo. 

Ruta por libre, a pie o en coche. Podéis descargar el recorrido aquí.

Mas de la Calderera – Gaudí

Según algunos testigos, Antoni Gaudí habría venido al mundo en el Mas (finca) de la Calderera y, al día siguiente, fue bautizado en Reus en la iglesia Prioral de Sant Pere, como indica su fe de bautismo. La finca de Riudoms pertenecía a la familia de Antoni Gaudí desde el siglo XVIII y empezó a conocerse como de la Calderera sobre todo a partir del momento en que su abuela paterna, Rosa Serra Torroja, enviudó de Francesc Gaudí Salvay, calderero de oficio. Situada a poco más de un kilómetro del pueblo, tocando a la riera de Maspujols, la atraviesa la mina de Sant Isidre, una de las muchas que abastecen el término de Riudoms de norte a sur. Los dos plataneros centenarios situados ante la finca y la era fueron algunos de los lugares más frecuentados por el niño Gaudí. El mas era «el rincón del mundo que más quería», según su biógrafo Joan Bergós.

El Mas de la Calderera original solo estaba formado por la casita principal de dos pisos; las construcciones adyacentes se edificaron después de los Gaudí. En la finca, se cultivaba mayormente viña, pero, a partir del contrato de aparcería, se plantarían avellanos y olivos. La planta baja se empleaba para la mula y las herramientas, mientras que la primera planta era una sala sin paredes: únicamente disponía de una tela situada en mitad de la estancia como separación para las ocasiones esporádicas en que pernoctaban; en caso contrario, servía principalmente para guardar la cosecha. La familia Gaudí pasaba largas temporadas en el mas, sobre todo estivales.

En 1993 fue declarado Bien Cultural de Interés Local. Actualmente, es de propiedad privada.

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Plaza de l’Església de Riudoms y estatua de Gaudí – Gaudí

«El arte gótico es imperfecto, está a medio resolver; es el estilo del compás, de la fórmula de la repetición industrial. Su estabilidad se basa en el apuntalamiento permanente de los contrafuertes: es un cuerpo defectuoso que se aguanta con muletas.»

La plaza de la Iglesia (de l’Església) constituye claramente el centro neurálgico del pueblo. Además del imponente templo, destacan tanto su gran esplanada como la estatua a tamaño natural dedicada al arquitecto que se halla bajando las escaleras, en mitad de la plaza. Se trata de una obra del escultor Joan Serramià, descendiente de la familia Gaudí, inaugurada en 2019. Igualmente, son singulares los edificios porticados de uno de los laterales, diseñados por el maestro de obras Eduard Fontserè (1828-1901), de orígenes riudomenses. Su hermano, Josep Fontserè, ofreció trabajo a Gaudí como delineante, cuando este aún cursaba sus estudios, en la construcción del mercado del Born y el parque de la Ciutadella, en Barcelona.

La iglesia de Sant Jaume, de enormes dimensiones para una población como la de Riudoms, preside esta gran plaza y, sin duda, marcaría a Antoni Gaudí. Su construcción data de los siglos XVI-XVII, si bien el campanario no fue terminado hasta 1877 y, un año más tarde, se construyó la capilla del Santísimo, bajo cuyo altar en la actualidad reposan los restos del beato Bonaventura Gran. La fachada de la iglesia que vio Gaudí es un gran ejemplo del Renacimiento catalán. Se presenta como un retablo con once hornacinas y el escudo del pueblo, coronado por un frontón con relieve que representa el Padre Eterno. El interior, de traza básicamente gótica, cuenta con una nave de sorprendente altura, formada por seis capillas laterales a cada lado que se comunican, así como una cabecera poligonal. El techo, de crucería, nos muestra los nervios clásicos de este estilo arquitectónico. En junio de 2018 fue declarada Bien Cultural de Interés Nacional.

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Plaza Prim – Miró

Según cuenta el escritor reusense Xavier Amorós en su libro Tomb de ravals (literalmente “vuelta” de arrabales, el perímetro de calles que rodean el casco antiguo de la ciudad), Joan Miró fue un enamorado de la plaça del Prim de Reus: «Siempre decía que aquél era uno de los lugares del mundo donde, al llegar el buen tiempo, sentado en una mesa de la terraza de algún bar, le gustaba más esperar la puesta de sol. Y esta espera la practicaba a menudo en verano; a veces, acompañado por su amigo, el sombrero barcelonés Joan Prats». Asimismo, el autor comenta que Miró aprovechaba las visitas a la ciudad para verse con el doctor Vilaseca y pedirle que le enseñara las piedras prehistóricas de su museo.

Su amor por esta plaza emblemática y luminosa de la ciudad aparecía con frecuencia en las cartas que enviaba a la familia Queralt. El 26 de diciembre de 1977, Miró escribe desde Palma a Lluís Queralt: «La pasada temporada, en verano y otoño, me sentí muy impedido, un invierno de trabajo excesivo me obligó a hacer reposo. Me limité a pasar sólo unas horas en Mont-roig, en vez de esas largas estancias que me permitían tomarme un café en la plaza Prim, que tanto amo, y tener aquellas charlas en casa de los Amigos Queralt. Ahora llevo una vida de intensa actividad, lo que me permitirá el verano que viene pasar una buena temporada en el Mas y escaparme a Reus».

La prueba clara de la importancia de la plaza Prim para Miró es que, entre las postales que siguen decorando las paredes de su taller en el Mas de Mont-roig, se conserva, precisamente, una fotografía de dicha plaza.

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Prades y Siurana – Miró

Como es sabido, la infancia de Joan Miró estuvo marcada por sus vacaciones en Cornudella de Montsant, en casa de sus abuelos paternos, y en Mallorca, con su abuela materna. Desde su más tierna infancia, dibujar era ya «una verdadera necesidad física», hasta el punto de que, según recuerda él mismo, con 5 o 6 años, mientras se bañaba en un río del Camp de Tarragona, se le ocurrió que podía coger un poco de barro para decorar la tela de un paisaje que había pintado.

Su período en Cornudella, en 1906, con 13 años, y las visitas a los pueblos de alrededor se documentan a partir de los dibujos conservados en el fondo de la Fundació Joan Miró de Barcelona. Asimismo, en 1917, con 24 años, pintó una serie de cuadros en Siurana y Prades, adonde iba en verano desde su finca de Mont-roig, a unos 30 km, en sus visitas a los abuelos de Cornudella. De esta localidad pintó algunas vistas: la iglesia renacentista en Cornudella. Pueblo e iglesia y la plaza del pueblo en Cornudella. Calle del pueblo; así como ermitas: Cornudella. Capilla de Sant Joan petit y Cornudella. Ermita de Sant Joan del Codolar. Pintó otros elementos del pueblo y masías: Estudio de casas y personaje; Cornudella. Casas; Cornudella. Paisaje con casa y Cornudella. Paisaje nocturno. Asimismo, dibujó otros paisajes donde los árboles tenían gran relevancia: Cornudella. Camino con cipreses o Cornudella. Paisaje con árboles perteneciente a la serie homónima. Con 23 años, en la primavera de 1917, Miró pasó un tiempo en Siurana, a ocho kilómetros de Cornudella, donde pintó ocho telas: Siurana. Pueblo y camino; Siurana. El camino; Siurana. El pueblo; Siurana. La iglesia; Siurana; Siurana. La iglesia; Siurana. María y Siurana, mujeres jugando a cartas. Seis paisajes y dos composiciones con mujeres.

En cuanto a Prades, ciertamente, le impresionó el paisaje de la «vila vermella» (la villa roja) y la naturaleza de las montañas de Prades, con la ermita de la Mare de Déu de l’Abellera, una pequeña construcción del siglo XVI, enclavada en mitad de la montaña y asentada en una cueva con una vista espectacular sobre el valle del Brugent. Desde luego, un paisaje idéntico al que fue su principal fuente creativa en Mont-roig del Camp. Miró ya había pintado varios dibujos de las calles y la iglesia de Prades durante sus excursiones con el abuelo Joan Miró, herrero de Cornudella, durante el verano de 1906, cuando juntos visitaron Ulldemolins, Porrera, Albarca y Prades. Además, en 1917, junto con los ocho cuadros de Siurana, también pintó dos de la villa roja: Prades, una calle (FJM) y Prades. Pueblo (Museo Guggenheim de Nueva York).

reus modernista antoni gaudí

Reus modernista – Reus 1900 – Gaudí

Los espacios del paisaje urbano de Reus en que vivió Gaudí se extienden desde la iglesia Prioral de Sant Pere, donde fue bautizado en 1852, pasando por la casa y el taller de la calle de Sant Vicenç, las antiguas Escoles Pies (Escolapios) o el paseo de la Boca de la Mina, hasta el Institut Pere Mata. 

También cabe destacar la influencia que tuvo en Gaudí el paisaje humano de una ciudad que, en su época y hasta mediados del siglo XX, fue mitad urbana, mitad campesina, abierta al campo y al mar, en un territorio del Camp de Tarragona rodeado de montañas. Reus era una confluencia de caminos «abierta a la condición humana en movimiento y actividad». Todo el mundo acudía a vender productos de la tierra de diversa índole y a abastecerse; al cercano puerto de Salou llegaban muchos barcos a cargar mercancías (aceite, almendras, avellanas, vino y aguardiente) y a descargar otros productos, como pesca salada, café o cacao.

El estilo arquitectónico y decorativo del Modernismo, propio de 1900, marcó para siempre el paisaje urbano de Reus, paisaje emocional del joven Gaudí. El esplendor económico y cultural del momento transformó su arquitectura hasta convertirla en la ciudad modernista. El Modernismo es el estilo más destacable en el urbanismo reusense. El nacimiento de Antoni Gaudí y el paso de algunos de sus más estrechos colaboradores han dejado una visible impronta y han otorgado carácter estético a la ciudad. La efervescencia económica y cultural de la ciudad a finales del XIX y principios del XX, cuando Reus era la segunda ciudad de Cataluña, se observa en el lujo de las casas de las familias burguesas de la época, como la Casa Navàs o la Casa Rull, y, asimismo, en edificios tan singulares como el hospital psiquiátrico Institut Pere Mata. 

Seguid la ruta Joya Modernista que consta de hasta veintiséis edificios seleccionados e identificados con una placa descriptiva en la fachada.

Riera de Maspujols y pinares de Riudoms – Gaudí

«¿Quiere saber dónde encontré mi modelo? Un árbol crece hacia arriba, aguanta sus ramas y éstas, sucesivamente, sus ramitas y éstas, a su vez, las hojas. Y cada parte individual ha estado creciendo armoniosamente, magníficamente, después de que Dios, el artista, lo crease.»

Antoni Gaudí, conocido en Riudoms como Anton de la Calderera, jugaba entre los árboles del pinar del Sec y otros pinares de los alrededores, así como en el cauce de la riera de Maspujols y el arroyo de Riudoms. La inclinación de aquellos grandes troncos, inmensos a los ojos de un niño, causada por la fuerza del viento, seguramente le sugirió la manera de aprovechar la naturaleza para huir de la línea recta en sus obras, como se aprecia en las columnas del Park Güell o las del interior de la Sagrada Familia, acabadas en forma de copa de árbol.

En sus intermitentes crecidas, la riera arrastra todo tipo de materiales que quedan depositados en su cauce. El niño Antoni Gaudí removía los sedimentos en busca de elementos que se convertían en tesoros y se llevaba a casa. De hecho, la riera constituiría el eje vertebral de varios asentamientos humanos a lo largo de los siglos, como atestiguan los restos arqueológicos encontrados a ambos lados de su curso. En este sentido, Riudoms cuenta con veinte yacimientos históricos registrados desde la prehistoria, pasando por la época romana, hasta nuestros días. En concreto, en 1850 se registró un horno de arcilla, del que el pequeño Gaudí, al parecer, habría rescatado algunos fragmentos de piezas. Asimismo, el pequeño Anton recorría los caminos de las fincas y se fijaba en la vegetación más alejada de los puntos de agua.

Actualmente, la riera es una zona de paseo habitual transitada por los habitantes y visitantes de Riudoms.

riudoms mas de la calderera

Riudoms – Gaudí

En la genealogía de Antoni Gaudí i Cornet encontramos artesanos del oficio de calderero por parte de madre y padre. La familia paterna procedía de Riudoms, donde tenía una pequeña propiedad rural, el Mas de la Calderera (declarado Bien Cultural de Interés Local en 1993), que se abastecía de agua por una mina y donde se cultivaba huerta y viña; por ello, la familia iba a menudo cuando Gaudí era un niño. 

Su familia era modesta, si bien económicamente independiente y con una elevada base cultural, siempre fundamentada en la lectura y los libros, que el propio Gaudí leía con avidez durante los largos períodos de enfermedad que a menudo le obligaban a permanecer en el mas de Riudoms, en contacto directo con la naturaleza. 

De camino al Mas de la Calderera, por el margen izquierdo de la riera de Maspujols y en dirección a la montaña, hay una pequeña arboleda llamada el pinar del Sec, escenario de los juegos infantiles del pequeño Anton. Mientras jugaba con las lagartijas, los caracoles y las plantas, Gaudí fantaseaba sobre leyendas épicas protagonizadas por estos singulares personajes. Según las anécdotas de que hay constancia, sus vecinos se enfadaban con el pequeño Gaudí porque se dedicaba a desmontar los márgenes hechos de piedra y guijarros buscando bichos para jugar.

Si bien recibió una herencia psicológica de Reus, como centro y exponente del Camp de Tarragona, población y mercado en que confluían quienes querían prosperar, no son menos importantes los valores del mundo agrícola que aprendió de Riudoms, en el mas familiar. Allí descubrió la fuerza imponente de un solo árbol, no como parte de un bosque, sino como un ser capaz de crecer y producir por sí solo, o la capacidad de adaptación de los elementos naturales al medio. En el Riudoms de la infancia de Gaudí, destacan los tonos amarillentos de la brillante luz mediterránea, los campos de viña y cereales en otoño, los líquenes (simbiosis de hongo y alga) que crecen en las cortezas de los árboles o la flor de la uña de gato (conocida en la zona como crespinell de Reus).

Podéis visitar la ruta urbana Gaudí en Riudoms, que incluye: la plaza de L’Arbre (proyectada por el arquitecto japonés Hiroya Tanaka), la casa solariega de los Gaudí en el Rabal de Sant Francesc (donde tenía la calderería su padre; actualmente un equipamiento cultural que se puede visitar), la plaza de L’Om o la estatua dedicada a Gaudí en la plaza de la Iglesia de Sant Jaume. Disponéis del recorrido aquí.

misericordia reus

Santuario de la Misericòrdia – Gaudí

Antoni Gaudí sentía una especial devoción por la Virgen de la Misericordia, patrona de Reus, en honor de la cual se celebra la fiesta mayor de la ciudad a finales de septiembre. Tal era su predilección por la virgen (tanto en lo artístico como en lo religioso), que Gaudí estuvo a punto de reformar arquitectónicamente la fachada de su santuario. Sin embargo, el proyecto artístico no pudo culminar por un obstáculo tan vulgar como una valla. Esta es la historia.

En 1903, los administradores del santuario de la Misericordia encargaron a Gaudí el proyecto de construcción de una nueva fachada. Cada detalle estaba acordado y Gaudí aceptó gustosamente el encargo. Redactó el proyecto y todo estaba a punto para empezar las obras; nada hacía sospechar que la reforma se pudiera torcer o paralizar.

En el momento de la ejecución del proyecto, Gaudí solicitó la construcción de una valla de alambre para facilitar las obras con la máxima seguridad y practicidad. En aquel momento, empezaron a surgir los problemas. Los propietarios de las fincas colindantes se opusieron a la valla, al considerar que no respetaba su derecho de paso. Recogieron firmas entre los vecinos disconformes, el arquitecto municipal impuso condiciones al levantamiento de la valla, el asunto se fue complicando y, finalmente, a mediados de 1904, el proyecto gaudiniano quedó absolutamente paralizado y nunca más prosperó.

Cabe preguntarse qué quedó de la reforma de Misericordia concebida por Antoni Gaudí. Pues los bocetos, que se conservan en Reus desde 1933 como su único testigo. Con todo, Gaudí siguió venerando a su Misericordia. Como el historiador Jaume Massó afirma en un artículo: «[…] la presencia de Gaudí en los actos de coronación canónica de la virgen de la Misericordia, en octubre de 1904 […] y la instancia que Gaudí firmó en enero de 1925 para crear una fundación pía en recuerdo de su madre (y que había de formalizarse en el santuario), nos confirman que el arquitecto reusense no olvidó a “su” Misericordia, ni siquiera cuando se obsesionó definitivamente con la obra monumental de la Sagrada familia».

Fuente: http://reusdigital.cat/noticies/digues-la-teva/antoni-gaudi-i-el-santuari-de-misericordia

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