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Boca de Mina – Gaudí

La Boca de la Mina era un paseo muy frecuentado por los habitantes de Reus y su entorno como zona de recreo. En él destacan las tonalidades amarillas y ocres, así como las formas originales de la naturaleza. Antoni Gaudí, junto con Eduard Toda y Josep Ribera, a menudo se iba de excursión a esta y otras zonas aledañas a la ciudad.

La Boca de la Mina es una avenida arbolada bordeada de plataneros de grandes dimensiones a ambos lados. Se trata de uno de los pocos espacios existentes que mantienen las características propias de los paseos antiguos: sin pavimentar, con árboles que refrescan en los días de más calor y, a su vez, permiten disfrutar de los días de sol; un espacio clave para el ocio y las relaciones sociales. Presenta un elevado valor patrimonial, ya que aún conserva algunas explotaciones de avellanos como pequeña muestra del cultivo que modeló el paisaje de la comarca durante décadas.

La ruta del paseo de la Boca de la Mina en Reus es un recorrido de unos 5 km con poco desnivel, apto para toda la familia. Se trata de una ruta circular que llega hasta el Institut Pere Mata por la que se pueden observar otros elementos modernistas característicos de Gaudí, como la chimenea del Molí (Molino) de los Sanromà.

Podéis descargar la ruta aquí.

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Gaudí niño – Gaudí

Cerca de la casa natal del arquitecto, en la confluencia de las calles Santa Anna y Amargura, encontramos la escultura «Gaudí niño», obra del escultor reusense Artur Aldomà Puig, inaugurada en el año 2002 coincidiendo con la conmemoración del 150.º aniversario del nacimiento de Gaudí en Reus.

Se trata de una escultura de bronce de 1,10 metros que representa a Antoni Gaudí en su infancia, sentado en un banco y jugando a las canicas. Las bolas doradas que lo acompañan tienen un efecto giratorio y permiten al espectador descubrir el nombre del genio al hacerlas girar.

Este es uno de los espacios que se pueden visitar dentro de la Ruta Gaudí Reus, un itinerario que invita a descubrir los rincones y las vivencias del arquitecto en su ciudad natal.

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Plaza de l’Església de Riudoms y estatua de Gaudí – Gaudí

«El arte gótico es imperfecto, está a medio resolver; es el estilo del compás, de la fórmula de la repetición industrial. Su estabilidad se basa en el apuntalamiento permanente de los contrafuertes: es un cuerpo defectuoso que se aguanta con muletas.»

La plaza de la Iglesia (de l’Església) constituye claramente el centro neurálgico del pueblo. Además del imponente templo, destacan tanto su gran esplanada como la estatua a tamaño natural dedicada al arquitecto que se halla bajando las escaleras, en mitad de la plaza. Se trata de una obra del escultor Joan Serramià, descendiente de la familia Gaudí, inaugurada en 2019. Igualmente, son singulares los edificios porticados de uno de los laterales, diseñados por el maestro de obras Eduard Fontserè (1828-1901), de orígenes riudomenses. Su hermano, Josep Fontserè, ofreció trabajo a Gaudí como delineante, cuando este aún cursaba sus estudios, en la construcción del mercado del Born y el parque de la Ciutadella, en Barcelona.

La iglesia de Sant Jaume, de enormes dimensiones para una población como la de Riudoms, preside esta gran plaza y, sin duda, marcaría a Antoni Gaudí. Su construcción data de los siglos XVI-XVII, si bien el campanario no fue terminado hasta 1877 y, un año más tarde, se construyó la capilla del Santísimo, bajo cuyo altar en la actualidad reposan los restos del beato Bonaventura Gran. La fachada de la iglesia que vio Gaudí es un gran ejemplo del Renacimiento catalán. Se presenta como un retablo con once hornacinas y el escudo del pueblo, coronado por un frontón con relieve que representa el Padre Eterno. El interior, de traza básicamente gótica, cuenta con una nave de sorprendente altura, formada por seis capillas laterales a cada lado que se comunican, así como una cabecera poligonal. El techo, de crucería, nos muestra los nervios clásicos de este estilo arquitectónico. En junio de 2018 fue declarada Bien Cultural de Interés Nacional.

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Plaza Prim – Miró

Según cuenta el escritor reusense Xavier Amorós en su libro Tomb de ravals (literalmente “vuelta” de arrabales, el perímetro de calles que rodean el casco antiguo de la ciudad), Joan Miró fue un enamorado de la plaça del Prim de Reus: «Siempre decía que aquél era uno de los lugares del mundo donde, al llegar el buen tiempo, sentado en una mesa de la terraza de algún bar, le gustaba más esperar la puesta de sol. Y esta espera la practicaba a menudo en verano; a veces, acompañado por su amigo, el sombrero barcelonés Joan Prats». Asimismo, el autor comenta que Miró aprovechaba las visitas a la ciudad para verse con el doctor Vilaseca y pedirle que le enseñara las piedras prehistóricas de su museo.

Su amor por esta plaza emblemática y luminosa de la ciudad aparecía con frecuencia en las cartas que enviaba a la familia Queralt. El 26 de diciembre de 1977, Miró escribe desde Palma a Lluís Queralt: «La pasada temporada, en verano y otoño, me sentí muy impedido, un invierno de trabajo excesivo me obligó a hacer reposo. Me limité a pasar sólo unas horas en Mont-roig, en vez de esas largas estancias que me permitían tomarme un café en la plaza Prim, que tanto amo, y tener aquellas charlas en casa de los Amigos Queralt. Ahora llevo una vida de intensa actividad, lo que me permitirá el verano que viene pasar una buena temporada en el Mas y escaparme a Reus».

La prueba clara de la importancia de la plaza Prim para Miró es que, entre las postales que siguen decorando las paredes de su taller en el Mas de Mont-roig, se conserva, precisamente, una fotografía de dicha plaza.

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Reus modernista – Reus 1900 – Gaudí

Los espacios del paisaje urbano de Reus en que vivió Gaudí se extienden desde la iglesia Prioral de Sant Pere, donde fue bautizado en 1852, pasando por la casa y el taller de la calle de Sant Vicenç, las antiguas Escoles Pies (Escolapios) o el paseo de la Boca de la Mina, hasta el Institut Pere Mata. 

También cabe destacar la influencia que tuvo en Gaudí el paisaje humano de una ciudad que, en su época y hasta mediados del siglo XX, fue mitad urbana, mitad campesina, abierta al campo y al mar, en un territorio del Camp de Tarragona rodeado de montañas. Reus era una confluencia de caminos «abierta a la condición humana en movimiento y actividad». Todo el mundo acudía a vender productos de la tierra de diversa índole y a abastecerse; al cercano puerto de Salou llegaban muchos barcos a cargar mercancías (aceite, almendras, avellanas, vino y aguardiente) y a descargar otros productos, como pesca salada, café o cacao.

El estilo arquitectónico y decorativo del Modernismo, propio de 1900, marcó para siempre el paisaje urbano de Reus, paisaje emocional del joven Gaudí. El esplendor económico y cultural del momento transformó su arquitectura hasta convertirla en la ciudad modernista. El Modernismo es el estilo más destacable en el urbanismo reusense. El nacimiento de Antoni Gaudí y el paso de algunos de sus más estrechos colaboradores han dejado una visible impronta y han otorgado carácter estético a la ciudad. La efervescencia económica y cultural de la ciudad a finales del XIX y principios del XX, cuando Reus era la segunda ciudad de Cataluña, se observa en el lujo de las casas de las familias burguesas de la época, como la Casa Navàs o la Casa Rull, y, asimismo, en edificios tan singulares como el hospital psiquiátrico Institut Pere Mata. 

Seguid la ruta Joya Modernista que consta de hasta veintiséis edificios seleccionados e identificados con una placa descriptiva en la fachada.

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Santuario de la Misericòrdia – Gaudí

Antoni Gaudí sentía una especial devoción por la Virgen de la Misericordia, patrona de Reus, en honor de la cual se celebra la fiesta mayor de la ciudad a finales de septiembre. Tal era su predilección por la virgen (tanto en lo artístico como en lo religioso), que Gaudí estuvo a punto de reformar arquitectónicamente la fachada de su santuario. Sin embargo, el proyecto artístico no pudo culminar por un obstáculo tan vulgar como una valla. Esta es la historia.

En 1903, los administradores del santuario de la Misericordia encargaron a Gaudí el proyecto de construcción de una nueva fachada. Cada detalle estaba acordado y Gaudí aceptó gustosamente el encargo. Redactó el proyecto y todo estaba a punto para empezar las obras; nada hacía sospechar que la reforma se pudiera torcer o paralizar.

En el momento de la ejecución del proyecto, Gaudí solicitó la construcción de una valla de alambre para facilitar las obras con la máxima seguridad y practicidad. En aquel momento, empezaron a surgir los problemas. Los propietarios de las fincas colindantes se opusieron a la valla, al considerar que no respetaba su derecho de paso. Recogieron firmas entre los vecinos disconformes, el arquitecto municipal impuso condiciones al levantamiento de la valla, el asunto se fue complicando y, finalmente, a mediados de 1904, el proyecto gaudiniano quedó absolutamente paralizado y nunca más prosperó.

Cabe preguntarse qué quedó de la reforma de Misericordia concebida por Antoni Gaudí. Pues los bocetos, que se conservan en Reus desde 1933 como su único testigo. Con todo, Gaudí siguió venerando a su Misericordia. Como el historiador Jaume Massó afirma en un artículo: «[…] la presencia de Gaudí en los actos de coronación canónica de la virgen de la Misericordia, en octubre de 1904 […] y la instancia que Gaudí firmó en enero de 1925 para crear una fundación pía en recuerdo de su madre (y que había de formalizarse en el santuario), nos confirman que el arquitecto reusense no olvidó a “su” Misericordia, ni siquiera cuando se obsesionó definitivamente con la obra monumental de la Sagrada familia».

Fuente: http://reusdigital.cat/noticies/digues-la-teva/antoni-gaudi-i-el-santuari-de-misericordia

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