«¿Quiere saber dónde encontré mi modelo? Un árbol crece hacia arriba, aguanta sus ramas y éstas, sucesivamente, sus ramitas y éstas, a su vez, las hojas. Y cada parte individual ha estado creciendo armoniosamente, magníficamente, después de que Dios, el artista, lo crease.»
Antoni Gaudí, conocido en Riudoms como Anton de la Calderera, jugaba entre los árboles del pinar del Sec y otros pinares de los alrededores, así como en el cauce de la riera de Maspujols y el arroyo de Riudoms. La inclinación de aquellos grandes troncos, inmensos a los ojos de un niño, causada por la fuerza del viento, seguramente le sugirió la manera de aprovechar la naturaleza para huir de la línea recta en sus obras, como se aprecia en las columnas del Park Güell o las del interior de la Sagrada Familia, acabadas en forma de copa de árbol.
En sus intermitentes crecidas, la riera arrastra todo tipo de materiales que quedan depositados en su cauce. El niño Antoni Gaudí removía los sedimentos en busca de elementos que se convertían en tesoros y se llevaba a casa. De hecho, la riera constituiría el eje vertebral de varios asentamientos humanos a lo largo de los siglos, como atestiguan los restos arqueológicos encontrados a ambos lados de su curso. En este sentido, Riudoms cuenta con veinte yacimientos históricos registrados desde la prehistoria, pasando por la época romana, hasta nuestros días. En concreto, en 1850 se registró un horno de arcilla, del que el pequeño Gaudí, al parecer, habría rescatado algunos fragmentos de piezas. Asimismo, el pequeño Anton recorría los caminos de las fincas y se fijaba en la vegetación más alejada de los puntos de agua.
Actualmente, la riera es una zona de paseo habitual transitada por los habitantes y visitantes de Riudoms.