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Cueva Picasso – Pablo Picasso

Invitado por Manel Pallarès, hijo de Horta de Sant Joan, Pablo Picasso vivió un tiempo en Els Ports mientras se reponía de una enfermedad, en 1898.

En el interior de Els Ports se halla una cueva o gruta conocida tradicionalmente como “coveta dels Ullals (colmillos) de Morago” donde ambos amigos decidieron hacer vida “primitiva” y trabajar durante el verano.

«Mis emociones más puras las experimenté en un gran bosque de España (Els Ports de Horta) donde, a los dieciséis años, me retiré a pintar». 

La cueva se puede visitar siguiendo el itinerario señalizado del Parque Natural de Els Ports. Es un recorrido circular de unos 3 km, de dificultad leve y con una duración aproximada de una hora, ideal para hacerlo en familia.

El itinerario parte del área recreativa de La Franqueta, situada junto al río Estrets, una zona de fácil acceso que ofrece varias rutas de senderismo y dos espacios interpretativos al aire libre, el Mas de Quiquet y La Marbrera.

Podéis descargar el recorrido aquí.

En el Ecomuseu dels Ports os informarán de los diferentes recorridos por el parque natural donde encontraréis frondosos bosques, roca calcárea y fauna salvaje, y cuya puerta de entrada es Horta de Sant Joan. También os sorprenderán por su belleza las pozas de Les Olles y el azud  de Lledó. ¡Parada obligada para refrescarse!

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El Coll (collado) de la Desenrocada – Gaudí

Recientemente, se ha demostrado que Antoni Gaudí también se inspiró en los relieves de las rocas rojas del Camp. Concretamente, en un paraje cercano al Espacio Natural de la Mare de Déu de la Roca y con la misma geología (rocas granitoides y granodioritas rojizas con perforaciones e infinitas formas onduladas producidas por la fuerza del viento), el coll de la Desenrocada. Situado en el cruce de los antiguos caminos que llevaban a los pueblos de Argentera, Vilanova d’Escornalbou y Colldejou, era un lugar de paso y familiar en tiempos de Gaudí. En dicho paraje natural es posible contemplar muchas rocas que tienen gran similitud con elementos emblemáticos de la obra gaudiniana: las chimeneas, la fachada y las puertas de La Pedrera; los pilares y el dragón del Park Güell o los balcones de la Casa Batlló. 

«Todo sale del gran libro de la naturaleza».

«La línea recta pertenece al hombre; la curva, a Dios».

«La arquitectura es la ordenación de la luz».

Os recomendamos hacer una ruta a pie desde Argentera hacia la cima del coll Rodó (collado Redondo) hasta encontrar la Desenrocada, un lugar colmado de formas de arenisca de tonalidad roja.

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La montaña de la Roca – Joan Miró

Las singulares formas del Espacio Natural de la ermita de la Roca motivaron a un joven Miró a dejar fluir su influencia cezanniana y pintar aquel rojo “avinagrado” propio del lugar. Decía Miró, además, que el secreto de su obra era el equilibrio. La posición de la ermita de Sant Ramon, las formas cúbicas del peñasco rojo y todo el conjunto, que desafiaba las leyes del equilibrio, captaron la atención del genio. El cuadro Mont-roig, Sant Ramon (1916), se pintó desde un punto cercano, el último tramo del Camí Vell (Camino Viejo), y representa la visión de conjunto de las formas fantasiosas y equilibradas de la ermita y las rocas. 

Miró iba con frecuencia a la montaña roja. El recorrido desde su finca hasta la ermita por el Camí Vell era muy habitual en sus paseos diarios, incluso se detenía a reparar algún margen de piedra seca por el camino. Según decía, las formas geológicas tan características de las rocas y las cavidades granitoides y granodioritas de la era paleozoica, formadas por la erosión del viento en la montaña del Areny, le recordaban la obra de Antoni Gaudí.

«La ermita de la Mare de Déu de la Roca siempre ha tenido un gran impacto para mí. Tiene una enorme fuerza. Las piedras me recuerdan mucho la arquitectura de Gaudí. También está la ermita de Sant Ramon, que sobrevuelan los cuervos a menudo. Es algo muy impresionante, allí colgada. Y ese color rojo avinagrado que da nombre al pueblo: Mont-roig, es decir, montaña roja».

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La montaña de Santa Bàrbara – Pablo Picasso

Con su presencia mágica, las montañas cercanas a Horta de Sant Joan marcaron profundamente la obra de Picasso durante los dos períodos que pasó en el lugar. 

La montaña de Santa Bàrbara de Horta asciende retorciéndose y adoptando formas puntiagudas hacia el cielo. A sus pies está el convento de Sant Salvador d’Horta (o convento de la Mare de Déu dels Àngels), con una iglesia que constituye el mejor ejemplo de arquitectura religiosa templaria en Cataluña. Todo el conjunto está declarado monumento histórico-artístico. Picasso inmortalizó aquel paraje en Procesión al convento (1898).

De hecho, el convento de Sant Salvador y la montaña de Santa Bàrbara son dos lugares que han dotado de identidad a los habitantes de Horta de Sant Joan. En este sentido, la montaña de Santa Bàrbara ha supuesto un elemento emblemático para Pablo Picasso, que la pintó en múltiples ocasiones en sus inicios en el cubismo, durante su segunda visita al municipio.

Llegados al convento, al pie de la montaña de Santa Bàrbara, la ligera ascensión a la cueva de Sant Salvador nos ofrece un excelente mirador natural. A ras de las paredes de conglomerados, tenemos una vista panorámica del relieve y el mosaico de la Terra Alta, así como del pueblo de Horta de Sant Joan que se alza sobre ella.

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