Detalles – Los elementos

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Adelfa

La columna Gaudí o columna de doble giro fue una gran aportación al mundo de la arquitectura. Gaudí la considera la síntesis de la columna arquitectónica, ya que participa de los tres modelos históricos: la columna lisa cilíndrica; la columna dórica griega y la salomónica, típica del barroco. Parte de una base estrellada pero llega al círculo; está grabada por un número de estrías que se multiplica a medida que asciende; por último, tiene el movimiento helicoidal de las columnas salomónicas doblemente. El resultado, una columna resistente de una sección que varía continuamente, como expresión del crecimiento en movimiento. 

Gaudí estudió durante muchos años el crecimiento y la disposición de las hojas de las plantas, sobre todo de la adelfa (Nerium oleander) y la abelia (Abelia floribunda). La disposición de las hojas en doble hélice ascendente sobre la rama o tallo permite maximizar la luz vertical del sol que llega a las plantas. La médula de la adelfa tiene la misma forma geométrica que una columna de doble giro con base triangular. Así, el triángulo, fruto del proceso de crecimiento, se convierte en hexágono y, posteriormente, otra vez en triángulo; si hacemos un corte en mitad del recorrido, obtenemos una columna gaudiniana.

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Agaves

El «pal de ballarí (literalmente “palo de bailarín”)», el escapo floral del agave, se alza imponente, majestuoso y orgulloso, mostrando la única floración que tendrá esta planta de hoja dura y color verde grisáceo al final de su ciclo vital. Así, el agave, al florecer, muere y deja paso a una nueva planta. Miró utiliza esta simbología en el cuadro El campo labrado (1923), ya que esta obra cierra un período en la pintura del genio que dará paso a una etapa hacia la abstracción. 

Por otro lado, las hojas del agave se pueden intuir claramente en cuadros más abstractos.

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Algarrobos

Las raíces constituyen la invisible vitalidad de las vides, los olivos y, sobre todo, los algarrobos. «Como tengo raíces en los pies, ellos me han hecho fuerte como el algarrobo, que tiene una enorme fortaleza y nunca pierde las hojas. Para mí es como algo religioso, cuando viajo llevo en el maletín un sobre con una algarroba».

Calabazas

Todo lo que proviene del campo de Mont-roig es imprescindible para captar la obra de Miró; hay elementos de la tierra especialmente característicos de su obra y de su taller, como las calabazas, presentes por todas partes.

En palabras de Joan Perucho: «Sin Mont-roig, sin este campo de Mont-roig al que Miró vuelve una y otra vez, no existirían estos cuadros fabulosamente vivos y desconcertantes. A Joan Miró, como a todo gran creador, le interesa más el futuro que el pasado, le interesa más la vida que el arte. Quiero decir con esto que Joan Miró no ama a Tarragona con la pasión de un arqueólogo sino con la pasión de un campesino. Es decir, ama, como Misser Ycart, sus extraordinarios monumentos, pero ama mucho más a Tarragona a través de sus calabazas, sus avellanos, sus coles y sus nabos*. También ama la playa de Mont-roig y de Cambrils, pero las ama en los momentos de silencio, cuando se han ido los molestos bañistas. Entonces, tocando la ola, hay una vasta alfombra de algas y guijarros pulidos por el agua de una forma extraña. Los hay negros con vetas blancas, con incrustaciones de misteriosas y poéticas flores petrificadas. Diminutos cangrejos cruzan velozmente. Joan Miró se agacha y recoge con sus dedos una raíz que se ha traído el mar. Es una raíz muerta terriblemente viva. ¿Qué portentoso escultor ha hecho esto?».

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Caracoles e insectos

Miró integra en sus obras gran variedad de insectos que utiliza con frecuencia para expresar el movimiento, como el vuelo de los mosquitos, abejas, moscas… En su etapa más realista observamos, además de insectos, pequeños animales como lagartijas y caracoles, para captar los pequeños elementos habituales que se esconden por los rincones.

Caracoles y huesos

Los caracoles eran los animalillos más fáciles de encontrar para Antoni Gaudí cuando jugaba en el lecho de la riera y el arroyo de Riudoms, en sus primeros años de vida. Sus formas sinuosas infinitas y el volumen de sus conchas, sobre todo los cuerpos cónicos de los caracolillos, aparecen a menudo en las obras del arquitecto, con una representación destacada en los contornos de la parte superior de la fachada de la Casa Batlló o en los pináculos de la Sagrada Familia. Asimismo, entre los elementos de juego de un niño curioso como Gaudí, era habitual que abundaran los huesecillos de muchos animales que arrastraba el cauce de la riera. Su estructura, indudablemente, le llevaría a reflexionar sobre la arquitectura y entenderla como una entidad orgánica, concepción que evolucionó hacia un naturalismo expresionista y que trasladó a la decoración de sus edificios más emblemáticos. En este sentido, incluyó elementos con una clara apariencia de esqueletos (balconadas, columnas, mobiliario…). La misma Casa Batlló es popularmente conocida como la Casa dels ossos (Casa de los huesos).

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Cerámica y ladrillos

La chimenea del Molí (Molino) de los Sanromà, de planta cuadrada con tubo helicoidal de obra vista, evoca las que construyó Gaudí en el Park Güell y La Pedrera. Gaudí asociaba el helicoide con el movimiento y lo utiliza en muchos elementos constructivos vinculados a este, como escaleras y chimeneas, tal y como él mismo explica: «Si el humo sube retorciéndose, hay que ayudarlo dando forma de hélice a las chimeneas».  

Esparto

Los materiales que ofrece la naturaleza y la manera en que los emplean los artesanos constituyen una gran fuente de soluciones. Antoni Gaudí tuvo que fijarse en ello, ya que así se refleja en muchas aplicaciones en su obra.

El trabajo con el esparto, base de los oficios de cordelero y cestero, muy presentes en Riudoms en la época del joven Gaudí, mostraría soluciones técnicas sencillas y efectivas al genio. Sin ir más lejos, las fibras entramadas de un cesto se habrían plasmado a modo de patrones geométricos en las rejas de hierro forjado de la Casa Milà. La misma suela de una alpargata de esparto está hecha de fibra dispuesta de forma helicoidal, lo que produce un efecto de muelle o resorte. Como se ha mencionado anteriormente, Gaudí no solo era un arquitecto, sino un “maestro de oficios”. Se ha documentado que, en las obras de restauración de la Casa Batlló, se localizó una caja de cartón con tres pares de alpargatas utilizadas originalmente por los artesanos en los trabajos de yesería de las molduras; se trataba de unas fibras muy adecuadas para los acabados con relieves gaudinianos, ya que se adaptaban tanto a la mano como a la curva gracias a la capacidad de deformación de dicho material.

les vinyes pau casals

La viña

El paisaje que se observa a lo largo de buena parte del trazado de la vía verde aún evoca el que contemplaba Pau Casals cuando, de niño, iba en carro desde El Vendrell a Sant Salvador con su madre. Los campos de viña se extienden a cada lado. Pau Casals recuerda despertarse a primera hora con el sonido de las voces de los labradores que cantaban de camino al campo: «Por las mañanas, a veces me despertaba el sonido de las alboradas que cantaban los del pueblo —pescadores y viñateros— cuando iban a trabajar».

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Las balsas

Las balsas constituían un elemento clave y un rasgo característico en los pueblos de la región: se empleaban tanto para abrevar al ganado como para usos agrícolas o domésticos, entre otros. En concreto, la balsa del Mur servía para abrevar a los rebaños que se desplazaban desde Els Ports de Beseit hasta la llanura. 

Picasso inmortalizó una balsa de Horta, situada donde actualmente se encuentra la plaza de Catalunya. La alberca era un abrevadero para los animales, posiblemente del siglo XVII, que fue derruido en 1914.

Las cabras y los animales

El período que Picasso pasó en Els Ports y la vida primitiva que llevaba redundaron en muchos aprendizajes: conocimientos sobre los oficios del entorno rural (pastores, leñadores, campesinos, entre otros muchos), animales domésticos y salvajes, flora y fauna en general,  cocina tradicional; y habilidades, como hacer una hoguera o usar el cuchillo para tareas manuales (de hecho, se llevó uno consigo como un tesoro y se lo enseñaba a todo el mundo).

Al volver al pueblo, a menudo visitaba a los artesanos: al carpintero, al herrero… Un día, incluso, ¡ayudó a su amigo y su padre a cargar estiércol en los serones de un burro! En lo artístico, realizó alguna pintura y múltiples dibujos en sus cuadernos con motivos de todo tipo de animales, desde perros hasta burros y, sobre todo, cabras, que sin duda lo impactaron por su forma de vida salvaje.

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Las plantas y los sonidos de la naturaleza

Pau Casals aplicaba ejemplos de la naturaleza para explicar su manera de interpretar: imitando una hoja en otoño, no en caída directa sino con suaves movimientos oscilantes; tocando una nota como si fuera una estrella; acometiendo una sucesión musical como si del arco iris se tratara. Igualmente, el silbido del viento en la pequeña ermita románica de Sant Salvador o el susurro de los árboles cuando los rozaba eran fuente de inspiración.

Pau Casals describe la música con los sonidos de la naturaleza y realiza comparaciones musicales partiendo de los movimientos naturales de los elementos (la caída de las hojas, la forma en que las plantas crecen buscando la luz, el efecto de las cañas al combarse, el sonido de los pasos sobre un camino de tierra), ya sea por acción propia o en respuesta a nuestro contacto: «[…] los maravillosos sonidos de la naturaleza, el sonido del mar, el sonido del viento soplando a través de los árboles, el delicado canto de los pájaros, la infinitamente variada melodía de la voz humana, no sólo en canciones, sino también hablada. ¡Qué riqueza musical! Me sostenía y me alimentaba».

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Los pájaros

El delicado canto de los pájaros, como el de los canarios que lo acompañaban a primera hora de la mañana mientras interpretaba a Bach al piano. El cant dels ocells es un villancico popular catalán de autor anónimo, transmitido oralmente de generación en generación, que Pau Casals elevó a su máxima expresión y reconocimiento artístico y simbólico. Durante su exilio, a raíz de la Guerra Civil, el maestro siempre concluía sus conciertos y festivales con esta pieza. Él mismo explicaba de qué manera le inspiraba el canto de los distintos pájaros que escuchaba en El Vendrell, aquel gozo de sonidos de la naturaleza: «¡Y cuánta vida en Navidad! En “El cant dels ocells” son las águilas y los gorriones, los ruiseñores y los reyezuelos, quienes dan la bienvenida al niño cantándole como una flor que deleitará la tierra con su dulce fragancia. Y los tordos y los jilgueros cantan que la primavera ha llegado y que las hojas de los árboles se abren y se tornan verdes».

En 1971, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, cuando Pau Casals estrena el Himno a la paz, acaba el concierto, como es conocido, con un discurso sobre los valores de la nación catalana y un solo de violonchelo. Entonces afirma que, para él, los pájaros de su tierra piaban «¡Paz!»: «Los pájaros, cuando vuelan por el cielo, van cantando: “¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!” y es una melodía que Bach, Bethoven y todos los grandes habrían admirado y amado. Y, además, brota del alma de mi país, Cataluña».

Olivo y flores

La presencia del olivo en nuestras tierras es tradicional y su superficie se ha visto incluso expandida en las últimas décadas. El crecimiento de los olivos define un trazado helicoidal en la corteza y, una vez más, pone de manifiesto la relación de los helicoides, tan importantes en la obra de Gaudí, con los movimientos de la naturaleza; en este caso asociados al crecimiento de la especie. 

Por otro lado, en la Sagrada Familia, en las barandas de la parte alta de las capillas, podemos observar ramitas de cedro, palmera, ciprés, rosal u olivo.  A menudo, los capiteles y pináculos de las obras de Gaudí reproducen a gran escala pequeños elementos naturales, como espigas, hierbas y florecillas.

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Palmas y argollas

Miró siempre se sintió atraído por el arte popular, por la artesanía, por los objetos originarios (con el paso del tiempo) de tradiciones con frecuencia vinculadas a las labores del campo o a manifestaciones religiosas, impregnados de vida. Miró decía, entre otras cosas: «el arte popular me conmueve siempre… las cosas más simples me dan ideas». El sol de paumes (variedad de palmito del sur de Cataluña), importante componente del universo mironiano, al igual que las palmas confeccionadas y ornamentadas que lucen las niñas por Ramos, se elabora con hojas de palmera trabajadas con destreza mediante técnicas de cestería que le imprimen un carácter decorativo.

El artista transforma en esculturas los objetos que encuentra: piezas tradicionales y herramientas del entorno agrícola, no solo de Mont-roig, sino también de Mallorca. El objeto de la puesta de sol combina la forma natural del tronco de un algarrobo con un muelle de somier y un quemador de gas incrustados; la serie de esculturas «personajes grotescos» se inspira de objetos cotidianos; como también las tres esculturas «reales», de tosca factura, hechas con materiales ordinarios, como viejos trozos de madera o aperos. Las argollas, elaboradas de forma artesanal por herreros y conocidas por tradición familiar, forman parte de las “pinturas objeto” con que transformó la concepción del arte del siglo XX.

Piedra seca y minas

Antoni Gaudí, seguramente, podía observar hasta el hastío las múltiples construcciones de piedra seca que dividían las fincas en torno a la riera de Maspujols y en gran parte del municipio, un rasgo importante de los viñedos y olivares de la zona. Se trataba de un paisaje dominado por la naturaleza pero, a su vez, enormemente humanizado. Asimismo, la piedra limpia, dispuesta aprovechando el desnivel del terreno, destaca en obras como el Park Güell.

Por otro lado, la familia Gaudí demostró interés por las incontables minas del término de Riudoms que aún conservan muchos kilómetros de aguas subterráneas por todo el municipio. La abuela de Antoni, Rosa Serra, y su padre, Francesc Gaudí, fueron promotores de las minas Verge Maria y Sant Isidre; el mismo Gaudí fue presidente de la gestión de aquellas minas durante algunos años. En sus obras arquitectónicas, así como, a título personal, en la misma Casa Solariega de Riudoms, el genio siempre demostró un gran dominio del aprovechamiento de los recursos hídricos. Así se evidencia claramente en los surtidores y las fuentes de la torre Bellesguard y del mismo Park Güell.

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Posidonia y chumberas

Las raíces de posidonia se hallan por todo Mas Miró, y es que el pintor quiso construir un taller con la intención de integrarlo en la naturaleza, en comunión con los elementos del entorno y los colores del campo. 

La primera referencia en este sentido se encuentra en un cuaderno conservado en la Fundació Miró de Barcelona y data de julio de 1941, cuando trabajaba en su vertiente escultórica: «Construirme un gran taller, lleno de esculturas; que al entrar se produzca una fortísima impresión de encontrarse en un mundo nuevo —las esculturas, a diferencia de las telas que están giradas contra la pared o con imágenes pintadas sobre una superficie plana, deben parecer monstruos vivientes que habitan el taller— un mundo aparte. Fundir el metal de los tubos que guardo vacíos y, a partir de las formas obtenidas, que mi escultura se confunda con los elementos de la naturaleza, árboles, rocas, raíces, montañas, plantas, flores. Hacerme un taller en pleno campo, muy espacioso, que la fachada se confunda con la tierra, en ningún caso blanca, y de vez en cuando sacar mis esculturas al aire libre, que se confundan con la naturaleza […] eso me hará sentir, al entrar en el taller, que estoy entrando en la tierra y mi obra brotará más natural y espontánea —plantar alrededor algún agave y alguna chumbera, como también una rueda de carro vieja».

Las grandes y vistosas flores amarillas de la chumbera dibujan abundantes formas sobre el verde apagado de sus pencas carnosas y planas, así como frutos rojos y redondos, que resaltan la fuerza de la vida. Las hojas de esta cactácea, redondeadas, recuerdan a los personajes de Joan Miró.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Rocas y piedra seca

Miró modeló y trabajó la tierra a través de la cerámica; también solía emplear rocas y piedras en sus esculturas.

La construcción de márgenes de piedra seca, frecuentes en la zona, constituye la expresión pura del esfuerzo y el ingenio de sus habitantes. El campesino es un trabajador nato, meticuloso y constante, características que Miró valora y admira. La figura del payés o campesino catalán representa para él la fuerza y el amor por la tierra, el trabajo tenaz e incesante, así como la perseverancia necesaria para seguir adelante.

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