Detalles – Los elementos

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Agaves

El «pal de ballarí (literalmente “palo de bailarín”)», el escapo floral del agave, se alza imponente, majestuoso y orgulloso, mostrando la única floración que tendrá esta planta de hoja dura y color verde grisáceo al final de su ciclo vital. Así, el agave, al florecer, muere y deja paso a una nueva planta. Miró utiliza esta simbología en el cuadro El campo labrado (1923), ya que esta obra cierra un período en la pintura del genio que dará paso a una etapa hacia la abstracción. 

Por otro lado, las hojas del agave se pueden intuir claramente en cuadros más abstractos.

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Algarrobos

Las raíces constituyen la invisible vitalidad de las vides, los olivos y, sobre todo, los algarrobos. «Como tengo raíces en los pies, ellos me han hecho fuerte como el algarrobo, que tiene una enorme fortaleza y nunca pierde las hojas. Para mí es como algo religioso, cuando viajo llevo en el maletín un sobre con una algarroba».

Calabazas

Todo lo que proviene del campo de Mont-roig es imprescindible para captar la obra de Miró; hay elementos de la tierra especialmente característicos de su obra y de su taller, como las calabazas, presentes por todas partes.

En palabras de Joan Perucho: «Sin Mont-roig, sin este campo de Mont-roig al que Miró vuelve una y otra vez, no existirían estos cuadros fabulosamente vivos y desconcertantes. A Joan Miró, como a todo gran creador, le interesa más el futuro que el pasado, le interesa más la vida que el arte. Quiero decir con esto que Joan Miró no ama a Tarragona con la pasión de un arqueólogo sino con la pasión de un campesino. Es decir, ama, como Misser Ycart, sus extraordinarios monumentos, pero ama mucho más a Tarragona a través de sus calabazas, sus avellanos, sus coles y sus nabos*. También ama la playa de Mont-roig y de Cambrils, pero las ama en los momentos de silencio, cuando se han ido los molestos bañistas. Entonces, tocando la ola, hay una vasta alfombra de algas y guijarros pulidos por el agua de una forma extraña. Los hay negros con vetas blancas, con incrustaciones de misteriosas y poéticas flores petrificadas. Diminutos cangrejos cruzan velozmente. Joan Miró se agacha y recoge con sus dedos una raíz que se ha traído el mar. Es una raíz muerta terriblemente viva. ¿Qué portentoso escultor ha hecho esto?».

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Caracoles e insectos

Miró integra en sus obras gran variedad de insectos que utiliza con frecuencia para expresar el movimiento, como el vuelo de los mosquitos, abejas, moscas… En su etapa más realista observamos, además de insectos, pequeños animales como lagartijas y caracoles, para captar los pequeños elementos habituales que se esconden por los rincones.

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Palmas y argollas

Miró siempre se sintió atraído por el arte popular, por la artesanía, por los objetos originarios (con el paso del tiempo) de tradiciones con frecuencia vinculadas a las labores del campo o a manifestaciones religiosas, impregnados de vida. Miró decía, entre otras cosas: «el arte popular me conmueve siempre… las cosas más simples me dan ideas». El sol de paumes (variedad de palmito del sur de Cataluña), importante componente del universo mironiano, al igual que las palmas confeccionadas y ornamentadas que lucen las niñas por Ramos, se elabora con hojas de palmera trabajadas con destreza mediante técnicas de cestería que le imprimen un carácter decorativo.

El artista transforma en esculturas los objetos que encuentra: piezas tradicionales y herramientas del entorno agrícola, no solo de Mont-roig, sino también de Mallorca. El objeto de la puesta de sol combina la forma natural del tronco de un algarrobo con un muelle de somier y un quemador de gas incrustados; la serie de esculturas «personajes grotescos» se inspira de objetos cotidianos; como también las tres esculturas «reales», de tosca factura, hechas con materiales ordinarios, como viejos trozos de madera o aperos. Las argollas, elaboradas de forma artesanal por herreros y conocidas por tradición familiar, forman parte de las “pinturas objeto” con que transformó la concepción del arte del siglo XX.

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Posidonia y chumberas

Las raíces de posidonia se hallan por todo Mas Miró, y es que el pintor quiso construir un taller con la intención de integrarlo en la naturaleza, en comunión con los elementos del entorno y los colores del campo. 

La primera referencia en este sentido se encuentra en un cuaderno conservado en la Fundació Miró de Barcelona y data de julio de 1941, cuando trabajaba en su vertiente escultórica: «Construirme un gran taller, lleno de esculturas; que al entrar se produzca una fortísima impresión de encontrarse en un mundo nuevo —las esculturas, a diferencia de las telas que están giradas contra la pared o con imágenes pintadas sobre una superficie plana, deben parecer monstruos vivientes que habitan el taller— un mundo aparte. Fundir el metal de los tubos que guardo vacíos y, a partir de las formas obtenidas, que mi escultura se confunda con los elementos de la naturaleza, árboles, rocas, raíces, montañas, plantas, flores. Hacerme un taller en pleno campo, muy espacioso, que la fachada se confunda con la tierra, en ningún caso blanca, y de vez en cuando sacar mis esculturas al aire libre, que se confundan con la naturaleza […] eso me hará sentir, al entrar en el taller, que estoy entrando en la tierra y mi obra brotará más natural y espontánea —plantar alrededor algún agave y alguna chumbera, como también una rueda de carro vieja».

Las grandes y vistosas flores amarillas de la chumbera dibujan abundantes formas sobre el verde apagado de sus pencas carnosas y planas, así como frutos rojos y redondos, que resaltan la fuerza de la vida. Las hojas de esta cactácea, redondeadas, recuerdan a los personajes de Joan Miró.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Rocas y piedra seca

Miró modeló y trabajó la tierra a través de la cerámica; también solía emplear rocas y piedras en sus esculturas.

La construcción de márgenes de piedra seca, frecuentes en la zona, constituye la expresión pura del esfuerzo y el ingenio de sus habitantes. El campesino es un trabajador nato, meticuloso y constante, características que Miró valora y admira. La figura del payés o campesino catalán representa para él la fuerza y el amor por la tierra, el trabajo tenaz e incesante, así como la perseverancia necesaria para seguir adelante.

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