Detalles – Los elementos

Casals Gaudí Miró Picasso
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Adelfa

La columna Gaudí o columna de doble giro fue una gran aportación al mundo de la arquitectura. Gaudí la considera la síntesis de la columna arquitectónica, ya que participa de los tres modelos históricos: la columna lisa cilíndrica; la columna dórica griega y la salomónica, típica del barroco. Parte de una base estrellada pero llega al círculo; está grabada por un número de estrías que se multiplica a medida que asciende; por último, tiene el movimiento helicoidal de las columnas salomónicas doblemente. El resultado, una columna resistente de una sección que varía continuamente, como expresión del crecimiento en movimiento. 

Gaudí estudió durante muchos años el crecimiento y la disposición de las hojas de las plantas, sobre todo de la adelfa (Nerium oleander) y la abelia (Abelia floribunda). La disposición de las hojas en doble hélice ascendente sobre la rama o tallo permite maximizar la luz vertical del sol que llega a las plantas. La médula de la adelfa tiene la misma forma geométrica que una columna de doble giro con base triangular. Así, el triángulo, fruto del proceso de crecimiento, se convierte en hexágono y, posteriormente, otra vez en triángulo; si hacemos un corte en mitad del recorrido, obtenemos una columna gaudiniana.

Caracoles y huesos

Los caracoles eran los animalillos más fáciles de encontrar para Antoni Gaudí cuando jugaba en el lecho de la riera y el arroyo de Riudoms, en sus primeros años de vida. Sus formas sinuosas infinitas y el volumen de sus conchas, sobre todo los cuerpos cónicos de los caracolillos, aparecen a menudo en las obras del arquitecto, con una representación destacada en los contornos de la parte superior de la fachada de la Casa Batlló o en los pináculos de la Sagrada Familia. Asimismo, entre los elementos de juego de un niño curioso como Gaudí, era habitual que abundaran los huesecillos de muchos animales que arrastraba el cauce de la riera. Su estructura, indudablemente, le llevaría a reflexionar sobre la arquitectura y entenderla como una entidad orgánica, concepción que evolucionó hacia un naturalismo expresionista y que trasladó a la decoración de sus edificios más emblemáticos. En este sentido, incluyó elementos con una clara apariencia de esqueletos (balconadas, columnas, mobiliario…). La misma Casa Batlló es popularmente conocida como la Casa dels ossos (Casa de los huesos).

fumera sanroma gaudí

Cerámica y ladrillos

La chimenea del Molí (Molino) de los Sanromà, de planta cuadrada con tubo helicoidal de obra vista, evoca las que construyó Gaudí en el Park Güell y La Pedrera. Gaudí asociaba el helicoide con el movimiento y lo utiliza en muchos elementos constructivos vinculados a este, como escaleras y chimeneas, tal y como él mismo explica: «Si el humo sube retorciéndose, hay que ayudarlo dando forma de hélice a las chimeneas».  

Esparto

Los materiales que ofrece la naturaleza y la manera en que los emplean los artesanos constituyen una gran fuente de soluciones. Antoni Gaudí tuvo que fijarse en ello, ya que así se refleja en muchas aplicaciones en su obra.

El trabajo con el esparto, base de los oficios de cordelero y cestero, muy presentes en Riudoms en la época del joven Gaudí, mostraría soluciones técnicas sencillas y efectivas al genio. Sin ir más lejos, las fibras entramadas de un cesto se habrían plasmado a modo de patrones geométricos en las rejas de hierro forjado de la Casa Milà. La misma suela de una alpargata de esparto está hecha de fibra dispuesta de forma helicoidal, lo que produce un efecto de muelle o resorte. Como se ha mencionado anteriormente, Gaudí no solo era un arquitecto, sino un “maestro de oficios”. Se ha documentado que, en las obras de restauración de la Casa Batlló, se localizó una caja de cartón con tres pares de alpargatas utilizadas originalmente por los artesanos en los trabajos de yesería de las molduras; se trataba de unas fibras muy adecuadas para los acabados con relieves gaudinianos, ya que se adaptaban tanto a la mano como a la curva gracias a la capacidad de deformación de dicho material.

Olivo y flores

La presencia del olivo en nuestras tierras es tradicional y su superficie se ha visto incluso expandida en las últimas décadas. El crecimiento de los olivos define un trazado helicoidal en la corteza y, una vez más, pone de manifiesto la relación de los helicoides, tan importantes en la obra de Gaudí, con los movimientos de la naturaleza; en este caso asociados al crecimiento de la especie. 

Por otro lado, en la Sagrada Familia, en las barandas de la parte alta de las capillas, podemos observar ramitas de cedro, palmera, ciprés, rosal u olivo.  A menudo, los capiteles y pináculos de las obras de Gaudí reproducen a gran escala pequeños elementos naturales, como espigas, hierbas y florecillas.

Piedra seca y minas

Antoni Gaudí, seguramente, podía observar hasta el hastío las múltiples construcciones de piedra seca que dividían las fincas en torno a la riera de Maspujols y en gran parte del municipio, un rasgo importante de los viñedos y olivares de la zona. Se trataba de un paisaje dominado por la naturaleza pero, a su vez, enormemente humanizado. Asimismo, la piedra limpia, dispuesta aprovechando el desnivel del terreno, destaca en obras como el Park Güell.

Por otro lado, la familia Gaudí demostró interés por las incontables minas del término de Riudoms que aún conservan muchos kilómetros de aguas subterráneas por todo el municipio. La abuela de Antoni, Rosa Serra, y su padre, Francesc Gaudí, fueron promotores de las minas Verge Maria y Sant Isidre; el mismo Gaudí fue presidente de la gestión de aquellas minas durante algunos años. En sus obras arquitectónicas, así como, a título personal, en la misma Casa Solariega de Riudoms, el genio siempre demostró un gran dominio del aprovechamiento de los recursos hídricos. Así se evidencia claramente en los surtidores y las fuentes de la torre Bellesguard y del mismo Park Güell.

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