Detalles – Los elementos

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La viña

El paisaje que se observa a lo largo de buena parte del trazado de la vía verde aún evoca el que contemplaba Pau Casals cuando, de niño, iba en carro desde El Vendrell a Sant Salvador con su madre. Los campos de viña se extienden a cada lado. Pau Casals recuerda despertarse a primera hora con el sonido de las voces de los labradores que cantaban de camino al campo: «Por las mañanas, a veces me despertaba el sonido de las alboradas que cantaban los del pueblo —pescadores y viñateros— cuando iban a trabajar».

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Las plantas y los sonidos de la naturaleza

Pau Casals aplicaba ejemplos de la naturaleza para explicar su manera de interpretar: imitando una hoja en otoño, no en caída directa sino con suaves movimientos oscilantes; tocando una nota como si fuera una estrella; acometiendo una sucesión musical como si del arco iris se tratara. Igualmente, el silbido del viento en la pequeña ermita románica de Sant Salvador o el susurro de los árboles cuando los rozaba eran fuente de inspiración.

Pau Casals describe la música con los sonidos de la naturaleza y realiza comparaciones musicales partiendo de los movimientos naturales de los elementos (la caída de las hojas, la forma en que las plantas crecen buscando la luz, el efecto de las cañas al combarse, el sonido de los pasos sobre un camino de tierra), ya sea por acción propia o en respuesta a nuestro contacto: «[…] los maravillosos sonidos de la naturaleza, el sonido del mar, el sonido del viento soplando a través de los árboles, el delicado canto de los pájaros, la infinitamente variada melodía de la voz humana, no sólo en canciones, sino también hablada. ¡Qué riqueza musical! Me sostenía y me alimentaba».

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Los pájaros

El delicado canto de los pájaros, como el de los canarios que lo acompañaban a primera hora de la mañana mientras interpretaba a Bach al piano. El cant dels ocells es un villancico popular catalán de autor anónimo, transmitido oralmente de generación en generación, que Pau Casals elevó a su máxima expresión y reconocimiento artístico y simbólico. Durante su exilio, a raíz de la Guerra Civil, el maestro siempre concluía sus conciertos y festivales con esta pieza. Él mismo explicaba de qué manera le inspiraba el canto de los distintos pájaros que escuchaba en El Vendrell, aquel gozo de sonidos de la naturaleza: «¡Y cuánta vida en Navidad! En “El cant dels ocells” son las águilas y los gorriones, los ruiseñores y los reyezuelos, quienes dan la bienvenida al niño cantándole como una flor que deleitará la tierra con su dulce fragancia. Y los tordos y los jilgueros cantan que la primavera ha llegado y que las hojas de los árboles se abren y se tornan verdes».

En 1971, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, cuando Pau Casals estrena el Himno a la paz, acaba el concierto, como es conocido, con un discurso sobre los valores de la nación catalana y un solo de violonchelo. Entonces afirma que, para él, los pájaros de su tierra piaban «¡Paz!»: «Los pájaros, cuando vuelan por el cielo, van cantando: “¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!” y es una melodía que Bach, Bethoven y todos los grandes habrían admirado y amado. Y, además, brota del alma de mi país, Cataluña».

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