«La belleza de Cataluña me alimenta desde niño. Cuando cierro los ojos, veo el mar de Sant Salvador y el pueblo marinero de Sitges, con las barquitas de pesca en la arena, las viñas, los olivos y los granados del Camp de Tarragona, el río Llobregat y los picos de Montserrat. Cataluña es la tierra en que nací y la amo como a una madre».
El primer asentamiento en la zona se remonta al siglo XI. En el siglo XVIII, desde la playa de Sant Salvador se embarcaba aguardiente y vino con destino a los puertos de América y Europa. Por ello, siempre había una gran actividad fruto del intercambio comercial y social.
Para Pau Casals, la playa de Sant Salvador es el vínculo permanente con su tierra y su infancia. Cuando era pequeño, su madre lo llevaba a menudo a la ermita románica de Sant Salvador, donde cuenta que descubrió los sonidos del viento que se filtraba y silbaba a través de los ventanales y el sentido de la luz mediterránea. Solían dar largos paseos por la playa y, con los años, el genio se mandó construir una casa de veraneo a la que retornaba cada verano después de sus giras mundiales para descansar y reencontrarse con familia y amigos. Casals siempre fue un enamorado del mar… su luz intensa, el sonido de las olas, la arena de la playa, el olor a agua salada, los elementos naturales marinos…
«Algunos de los ratos más divertidos de mi vida los he pasado jugando a tenis, montando a caballo, nadando… Y era posible llevarlo a la práctica gracias a la proximidad de Sant Salvador, donde tenía mi anhelada playa».
En la costa del Baix Penedès, Pau Casals daba largos paseos entre espacios naturales, en un barrio marinero por excelencia. Se relacionaba mucho con los pescadores de la playa de Sant Salvador cuyo trabajo y fortaleza admiraba, y solía elogiar a sus vecinos, los marineros.
«No creo que pase un solo día de mi vida sin volver a mirar con sorpresa el milagro de la naturaleza».
El área natural de Les Madrigueres es una zona litoral de unas 30 ha situada en el núcleo marítimo de Sant Salvador de El Vendrell, donde se muestra el triunfo de la naturaleza. Abarca el antiguo cauce de la riera de La Bisbal y los terrenos inundables adyacentes, desde la vía del tren hasta el mar. Se trata de un espacio que no ha sido urbanizado, donde subsisten zonas agrícolas cuyo origen se remonta a los antiguos usos agrarios tradicionales ya desaparecidos. Se trata de una zona de reducidas dimensiones pero con gran diversidad de hábitats: playas de arena y dunas, lagunas litorales con juncales y cañaverales, matorral mediterráneo y maquia con encinas. En ella crían muchas especies de aves, como el chorlito. Cerca de la playa se encuentra un búnker de la Guerra Civil. En general, tiene un elevado interés ambiental y paisajístico por su carácter singular, en un entorno litoral totalmente urbanizado, y por su función de corredor ecológico entre el mar, los campos y las montañas inferiores. Un espacio ideal para contemplar una puesta de sol después de un día de excursión, ¡y sentirse en armonía con el planeta!