Paisajes que inspiran

Los paisajes del sur de Cataluña, con su luz, el mar, las montañas y las tradiciones, fueron la musa de Gaudí, Miró, Casals y Picasso. En Reus, Riudoms, Mont-roig, El Vendrell y Horta de Sant Joan todavía late esa inspiración, hoy convertida en experiencia cultural y vital para todos los públicos.

Colores Rutas Detalles – Los elementos Lugares
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Adelfa

La columna Gaudí o columna de doble giro fue una gran aportación al mundo de la arquitectura. Gaudí la considera la síntesis de la columna arquitectónica, ya que participa de los tres modelos históricos: la columna lisa cilíndrica; la columna dórica griega y la salomónica, típica del barroco. Parte de una base estrellada pero llega al círculo; está grabada por un número de estrías que se multiplica a medida que asciende; por último, tiene el movimiento helicoidal de las columnas salomónicas doblemente. El resultado, una columna resistente de una sección que varía continuamente, como expresión del crecimiento en movimiento. 

Gaudí estudió durante muchos años el crecimiento y la disposición de las hojas de las plantas, sobre todo de la adelfa (Nerium oleander) y la abelia (Abelia floribunda). La disposición de las hojas en doble hélice ascendente sobre la rama o tallo permite maximizar la luz vertical del sol que llega a las plantas. La médula de la adelfa tiene la misma forma geométrica que una columna de doble giro con base triangular. Así, el triángulo, fruto del proceso de crecimiento, se convierte en hexágono y, posteriormente, otra vez en triángulo; si hacemos un corte en mitad del recorrido, obtenemos una columna gaudiniana.

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Agaves

El «pal de ballarí (literalmente “palo de bailarín”)», el escapo floral del agave, se alza imponente, majestuoso y orgulloso, mostrando la única floración que tendrá esta planta de hoja dura y color verde grisáceo al final de su ciclo vital. Así, el agave, al florecer, muere y deja paso a una nueva planta. Miró utiliza esta simbología en el cuadro El campo labrado (1923), ya que esta obra cierra un período en la pintura del genio que dará paso a una etapa hacia la abstracción. 

Por otro lado, las hojas del agave se pueden intuir claramente en cuadros más abstractos.

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Algarrobos

Las raíces constituyen la invisible vitalidad de las vides, los olivos y, sobre todo, los algarrobos. «Como tengo raíces en los pies, ellos me han hecho fuerte como el algarrobo, que tiene una enorme fortaleza y nunca pierde las hojas. Para mí es como algo religioso, cuando viajo llevo en el maletín un sobre con una algarroba».

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Boca de Mina – Gaudí

La Boca de la Mina era un paseo muy frecuentado por los habitantes de Reus y su entorno como zona de recreo. En él destacan las tonalidades amarillas y ocres, así como las formas originales de la naturaleza. Antoni Gaudí, junto con Eduard Toda y Josep Ribera, a menudo se iba de excursión a esta y otras zonas aledañas a la ciudad.

La Boca de la Mina es una avenida arbolada bordeada de plataneros de grandes dimensiones a ambos lados. Se trata de uno de los pocos espacios existentes que mantienen las características propias de los paseos antiguos: sin pavimentar, con árboles que refrescan en los días de más calor y, a su vez, permiten disfrutar de los días de sol; un espacio clave para el ocio y las relaciones sociales. Presenta un elevado valor patrimonial, ya que aún conserva algunas explotaciones de avellanos como pequeña muestra del cultivo que modeló el paisaje de la comarca durante décadas.

La ruta del paseo de la Boca de la Mina en Reus es un recorrido de unos 5 km con poco desnivel, apto para toda la familia. Se trata de una ruta circular que llega hasta el Institut Pere Mata por la que se pueden observar otros elementos modernistas característicos de Gaudí, como la chimenea del Molí (Molino) de los Sanromà.

Podéis descargar la ruta aquí.

Calabazas

Todo lo que proviene del campo de Mont-roig es imprescindible para captar la obra de Miró; hay elementos de la tierra especialmente característicos de su obra y de su taller, como las calabazas, presentes por todas partes.

En palabras de Joan Perucho: «Sin Mont-roig, sin este campo de Mont-roig al que Miró vuelve una y otra vez, no existirían estos cuadros fabulosamente vivos y desconcertantes. A Joan Miró, como a todo gran creador, le interesa más el futuro que el pasado, le interesa más la vida que el arte. Quiero decir con esto que Joan Miró no ama a Tarragona con la pasión de un arqueólogo sino con la pasión de un campesino. Es decir, ama, como Misser Ycart, sus extraordinarios monumentos, pero ama mucho más a Tarragona a través de sus calabazas, sus avellanos, sus coles y sus nabos*. También ama la playa de Mont-roig y de Cambrils, pero las ama en los momentos de silencio, cuando se han ido los molestos bañistas. Entonces, tocando la ola, hay una vasta alfombra de algas y guijarros pulidos por el agua de una forma extraña. Los hay negros con vetas blancas, con incrustaciones de misteriosas y poéticas flores petrificadas. Diminutos cangrejos cruzan velozmente. Joan Miró se agacha y recoge con sus dedos una raíz que se ha traído el mar. Es una raíz muerta terriblemente viva. ¿Qué portentoso escultor ha hecho esto?».

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Cambrils – Joan Miró

Joan Miró se sentía totalmente identificado con el Camp de Tarragona. En una carta a Lola Anglada (21-7-1915), dice así: «Me encuentro en esta tierra de fuego y mar azul, muy azul. ¡Dios ha hecho realmente hermoso este Camp de Tarragona! Aquí trabajo mucho, trabajo desesperadamente». Son sus veranos más intensos en la finca de Mont-roig, cuando pinta una serie de dibujos de los trabajos del campo y del puerto de Cambrils. En ellos vemos, por ejemplo, a campesinos en carro o labrando, mujeres reparando redes de pesca, grupos de pescadores descargando pescado o escenas en el mercado (de pescado y productos del campo). En otra carta a Anglada (7-8-1915), Miró describe: «He llegado nuevamente a esta tierra de luz y mar, de campesinos de mejillas coloradas, fuertes como estas montañas, y barcas con las velas muy blancas que sacan peces de muchos colores…». Según el fotógrafo E. Scheidegger: «A Miró le fascinaba todo esto y le inspiraba para su trabajo. Me encargó que plasmara en mis fotografías todo este mundo del mar…».

A principios del siglo XX, Cambrils era la estación de tren más cercana a Mas Miró, a unos siete kilómetros, y había también una buena carretera para ir de visita o a pintar. En el año 1917, Miró pintó dos cuadros en dicho pueblo: Cambrils, playa y Cambrils, el puerto. En otra de sus cartas a Lola Anglada (18-9-1917), le cuenta la vida en la finca y cómo trabaja en Cambrils: «Día admirable, muy luminoso, música de colores. Fiesta de la vendimia y pisado de la uva. […] Esta tarde, después de comer… en bicicleta, gomas bien infladas, carretera rodando sobre dos ligeras ruedas. Árboles, viñas, olivos, pinos, una franja de platino. En pocos minutos en Cambrils ante una tela y un caballete. El mar, barcas, perros que persiguen a los gallos. Brava gente del mar… Después del trabajo llego a casa cansadísimo, poco dispuesto a acabar de exprimirme el cerebro. Noche, después de cenar, a dormir el sueño de los que cavan y labran la tierra».

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Caracoles e insectos

Miró integra en sus obras gran variedad de insectos que utiliza con frecuencia para expresar el movimiento, como el vuelo de los mosquitos, abejas, moscas… En su etapa más realista observamos, además de insectos, pequeños animales como lagartijas y caracoles, para captar los pequeños elementos habituales que se esconden por los rincones.

Caracoles y huesos

Los caracoles eran los animalillos más fáciles de encontrar para Antoni Gaudí cuando jugaba en el lecho de la riera y el arroyo de Riudoms, en sus primeros años de vida. Sus formas sinuosas infinitas y el volumen de sus conchas, sobre todo los cuerpos cónicos de los caracolillos, aparecen a menudo en las obras del arquitecto, con una representación destacada en los contornos de la parte superior de la fachada de la Casa Batlló o en los pináculos de la Sagrada Familia. Asimismo, entre los elementos de juego de un niño curioso como Gaudí, era habitual que abundaran los huesecillos de muchos animales que arrastraba el cauce de la riera. Su estructura, indudablemente, le llevaría a reflexionar sobre la arquitectura y entenderla como una entidad orgánica, concepción que evolucionó hacia un naturalismo expresionista y que trasladó a la decoración de sus edificios más emblemáticos. En este sentido, incluyó elementos con una clara apariencia de esqueletos (balconadas, columnas, mobiliario…). La misma Casa Batlló es popularmente conocida como la Casa dels ossos (Casa de los huesos).

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Cerámica y ladrillos

La chimenea del Molí (Molino) de los Sanromà, de planta cuadrada con tubo helicoidal de obra vista, evoca las que construyó Gaudí en el Park Güell y La Pedrera. Gaudí asociaba el helicoide con el movimiento y lo utiliza en muchos elementos constructivos vinculados a este, como escaleras y chimeneas, tal y como él mismo explica: «Si el humo sube retorciéndose, hay que ayudarlo dando forma de hélice a las chimeneas».  

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Cueva Picasso – Pablo Picasso

Invitado por Manel Pallarès, hijo de Horta de Sant Joan, Pablo Picasso vivió un tiempo en Els Ports mientras se reponía de una enfermedad, en 1898.

En el interior de Els Ports se halla una cueva o gruta conocida tradicionalmente como “coveta dels Ullals (colmillos) de Morago” donde ambos amigos decidieron hacer vida “primitiva” y trabajar durante el verano.

«Mis emociones más puras las experimenté en un gran bosque de España (Els Ports de Horta) donde, a los dieciséis años, me retiré a pintar». 

La cueva se puede visitar siguiendo el itinerario señalizado del Parque Natural de Els Ports. Es un recorrido circular de unos 3 km, de dificultad leve y con una duración aproximada de una hora, ideal para hacerlo en familia.

El itinerario parte del área recreativa de La Franqueta, situada junto al río Estrets, una zona de fácil acceso que ofrece varias rutas de senderismo y dos espacios interpretativos al aire libre, el Mas de Quiquet y La Marbrera.

Podéis descargar el recorrido aquí.

En el Ecomuseu dels Ports os informarán de los diferentes recorridos por el parque natural donde encontraréis frondosos bosques, roca calcárea y fauna salvaje, y cuya puerta de entrada es Horta de Sant Joan. También os sorprenderán por su belleza las pozas de Les Olles y el azud  de Lledó. ¡Parada obligada para refrescarse!

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El azul en el mobiliario y los utensilios del hogar

En el mobiliario y objetos decorativos de Vil·la Casals destaca el azul. En la colección de Casals se conservan varias vajillas de platos decorados con cenefas de motivos variados en tonos azules. Además, hay jarras y figuras de cerámica con fondo blanco y dibujos destacados del mismo color azul marino. Destaca una vajilla imponente datada de 1650 aproximadamente, con platos pintados a mano, así como dos jarras con motivos florales y vegetales azules que datan de 1899 y algunas figuras de porcelana que representan bustos femeninos pintados de azul de mitad del siglo XX.

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El azul en los instrumentos

Cuando era niño, Pau Casals vio a una banda de músicos ambulantes tocando instrumentos curiosos en la plaza del pueblo y le fascinó una especie de violonchelo rudimentario. Insistió a su padre, que tenía mucha destreza como artesano, que le construyera uno con una calabacita vacía y, así, se convirtió en su primer instrumento. En la actualidad se puede ver en el Museo Pau Casals y constituye todo un símbolo, como elemento humilde que proviene de la tierra. Tenía una sola cuerda, pero aprendió muchas composiciones de su padre y llegó a tocarla en alguna ocasión en el antiguo monasterio de Santes Creus. 

Años más tarde, en 1939, se tuvo que exiliar en Prades, Francia, a causa de la Guerra Civil española. En 1957 se trasladó a San Juan de Puerto Rico, de donde procedía su madre y su última esposa. Allí encontró un instrumento latinoamericano similar al de su infancia, el güiro, del que se conservan dos piezas en su colección personal. Uno de ellos es más especial, si cabe, porque tiene la forma de un pez y está pintado de colores con una cenefa azul marino.

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El azul en los murales de Vil·la Casals

En las pinturas que reúne la colección artística de Casals, destacan el tono azul y los ambientes marinos. Los tonos azules predominan en el fondo de la pieza más espectacular, y también la más atípica, que conforma sin duda el conjunto de pinturas murales de Francesc Pla, El Vigatà. El artista creó esta obra magna hacia 1793 para la casa de Joan Ribera, situada en la calle Nou de Sant Francesc de Barcelona. En el año 1901 los murales fueron adquiridos por el conde Eusebi Güell, conocido como mecenas de Antoni Gaudí y hombre de fuerte sentimiento catalanista. Finalmente, Pau Casals los compró en 1934; en la actualidad, se pueden contemplar en una sala específica de su museo. Se inspiran en temas extraídos de la mitología clásica (Las metamorfosis de Ovidio) con la presencia de Ceres y Mercurio en el techo, en una alegoría dedicada al comercio marítimo y al progreso. En los laterales, vemos representados temas amorosos con Apolo y Dafne o Venus y Adonis, entre otros. El azul impera igualmente en algunas pinturas de Joaquim Mir (1873-1940), como Roquisser (Roquedal), Corral de carro o Calafell (todas de 1928).

En los amplios jardines de la Casa Museo podemos observar directamente el mar desde su mirador, así como admirar las variadas tonalidades de las plantas que rodean las esculturas de gran relevancia allí expuestas, como Apolo (1934) de Josep Clarà o el desnudo femenino Les flors (Las flores) (1925-1933) de Josep Llimona. Por motivos simbólicos, Casals tenía muy claro que Apolo debía presidir los jardines de Vil·la Casals. En aquella época también tenía muy presentes los motivos mitológicos del conjunto mural de El Vigatà, donde figura el dios helénico. Decía considerarlo un compendio de las mejores cualidades del hombre: dios de la música, de la poesía, de la medicina, de la armonía y un arquero protector de los marineros y caminantes contra el mal. Inicialmente, Josep Clarà encontraba la idea demasiado clásica para un escultor contemporáneo, pero el resultado, después de tres bocetos supervisados por el Maestro, resultó realmente impresionante.

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El azul en los objetos personales

Entre los distintos objetos de uso personal que forman parte de la colección Casals y se conservan en la fundación homónima, destaca un tintero con tapa de arcilla con dibujos en tonos azules, fechado en 1950. Se trata de un recipiente de base plana y cuerpo octogonal que dispone de cuatro orificios en la parte superior para poner las plumillas y un agujero cóncavo con tapa para poner la tinta. El cuerpo está decorado con el dibujo de una casa y pájaros azules; el resto presenta motivos vegetales, florales y geométricos. Este objeto ilustra perfectamente la importancia de la escritura epistolar en el día a día del Maestro, que dedicaba dos horas diarias a su correspondencia. De hecho, actualmente se conservan un total de cincuenta mil ejemplares de cartas de su fondo personal en el Archivo Nacional de Cataluña.

Por otro lado, cabe fijarse en una taza con la palabra Pau (Paz) serigrafiada en azul en muchos idiomas. Se conserva junto con un emblema de las Naciones Unidas reproducido en la etiqueta, con la leyenda «UN We believe. Peace on Earth (NU Creemos en ellas. Paz en la Tierra)». Este objeto nos recuerda la función de embajador de la paz que desempeñó Casals por todo el mundo y la larga e intensa relación que mantuvo con las Naciones Unidas. Tras la Segunda Guerra Mundial, protestó con su silencio por el hecho de que los aliados mantuvieran la dictadura del general Franco. En el contexto de la Guerra Fría y la amenaza nuclear, se movilizó en favor de la paz y la democracia hasta el fin de sus días. Pau Casals fue invitado a tocar en tres ocasiones en las Naciones Unidas: en 1958, en 1963 y en 1971 (cuando fue reconocido con la medalla de oro de la ONU), y sus tres discursos son una magnífica expresión del pensamiento y la sensibilidad de este catalán universal.

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El camino de El Vendrell a Sant Salvador – Casals

Entre las zonas montañosas del Penedés y el mar, se extiende una estrecha senda llana rodeada de campos de viñas que se ha usado como vía de comunicación desde la antigüedad. De hecho, los caminos que unían El Vendrell y la playa de Sant Salvador eran muy transitados por los carros que transportaban vino y aguardiente, ya que esta playa llegó a ser uno de los principales puertos de exportación de estas bebidas. Por ello, Pau Casals hacía a menudo este recorrido cuando bajaba a la ermita y a la playa de Sant Salvador con su madre.

A través de la vía verde, podemos seguir la ruta que une El Vendrell con la playa de Sant Salvador a pie, corriendo o caminando. Se trata de un itinerario sin dificultad, apto para todas las edades en cualquier época del año.

Podéis descargar la ruta aquí.

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El camino de Mont-roig a la ermita de la Roca – Miró

Joan Miró era una persona metódica. Para él, era importante tener un horario y una disciplina. Cada día se despertaba temprano y se dirigía a su taller. Trabajaba sin descanso hasta la hora de la comida. Para trabajar, siempre el silencio y la soledad. Después, para retomar fuerzas, la poesía o la música. Por la tarde, eran habituales sus paseos hasta la ermita de la Roca o hasta la playa de la Pixerota. El camino de Mont-roig a la ermita de la Roca atraviesa un inmenso campo de olivos de infinito verdor. La panorámica desde el mirador de la ermita es impresionante: una extensa llanura de campos de cultivo y un mosaico de verdes sin fin que se extiende hasta el mar. Miró también recorría el camino en la tradicional romería. La festividad de la patrona de Mont-roig se celebraba el 8 de septiembre y consistía en una peregrinación seguida de una misa, comida popular y el tradicional baile de coques (documentado desde 1816 y, desde 1992, recuperado por la Asociación de Vecinos Muntanya Roja).

En torno al espacio natural de la ermita encontramos varias fuentes y merenderos señalizados para comer y descansar al aire libre. Es una zona de fácil acceso para vehículos desde la T-322 o a pie por varios senderos como el GR 192, un tramo del cual se conoce también como el Camí Vell de l’Ermita. Desde Mont-roig son unos 25 minutos a pie. El recorrido se encuentra en el mapa de rutas de senderismo de Mont-roig.

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El Coll (collado) de la Desenrocada – Gaudí

Recientemente, se ha demostrado que Antoni Gaudí también se inspiró en los relieves de las rocas rojas del Camp. Concretamente, en un paraje cercano al Espacio Natural de la Mare de Déu de la Roca y con la misma geología (rocas granitoides y granodioritas rojizas con perforaciones e infinitas formas onduladas producidas por la fuerza del viento), el coll de la Desenrocada. Situado en el cruce de los antiguos caminos que llevaban a los pueblos de Argentera, Vilanova d’Escornalbou y Colldejou, era un lugar de paso y familiar en tiempos de Gaudí. En dicho paraje natural es posible contemplar muchas rocas que tienen gran similitud con elementos emblemáticos de la obra gaudiniana: las chimeneas, la fachada y las puertas de La Pedrera; los pilares y el dragón del Park Güell o los balcones de la Casa Batlló. 

«Todo sale del gran libro de la naturaleza».

«La línea recta pertenece al hombre; la curva, a Dios».

«La arquitectura es la ordenación de la luz».

Os recomendamos hacer una ruta a pie desde Argentera hacia la cima del coll Rodó (collado Redondo) hasta encontrar la Desenrocada, un lugar colmado de formas de arenisca de tonalidad roja.

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El fruto de la chumbera

Las chumberas dan abundantes flores sobre el verde apagado de sus pencas carnosas y planas, así como frutos rojos y redondos, que tanto gustaban a Miró y que resaltan la fuerza de la vida. Las hojas de las chumberas, redondeadas, recuerdan a los personajes de Joan Miró. Actualmente, junto a los lavaderos de Mas Miró hay este tipo de cactácea.

Miró consideraba su taller como un huerto y, según él mismo explicaba: «Siempre trabajo en muchísimas cosas a la vez. E incluso en dominios diferentes: pintura, grabado, litografía, escultura, cerámica». En un principio, durante los años 1920, cuando se relacionaba con el movimiento surrealista, había hecho puntuales incursiones en la escultura para conseguir una tercera dimensión en la pintura. En los años 1960 y 1970, en cambio, la escultura pasa a ser una disciplina artística más de su amplio repertorio. Miró empezó modelando cerámicas para fundirlas en bronce y acabó dando vida a los objetos que poblaban su estudio. Construyó nuevas figuras que acoplaba y fundía en bronce, y que solía pintar con una amplia gama de colores, si bien el que predominaba con frecuencia en sus personajes era el rojo.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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El mar

La naturaleza está impregnada de un flujo y reflujo incesante. No es monótona, sino que varía constantemente: un ir y venir que se manifiesta en el cambio de las estaciones, la alternancia entre el día y la noche o el movimiento de las olas del mar. Según Pau  Casals, la música participa de este movimiento natural. El sonido del mar fue constante música de inspiración desde su infancia:

«Los primeros recuerdos de mi vida están asociados al mar. Puedo afirmar que lo descubrí cuando aún era niño. Precisamente el Mediterráneo, cerca de El Vendrell, donde nací. Desde mi primer año de vida, mi madre comenzó a llevarme a orillas del mar, al pueblecito de Sant Salvador. […] Allí había una pequeña ermita […] románica. La luz se filtraba a través de las ventanas y el único sonido era el silbido del viento. Yo diría que aquel fue el inicio de mi vida consciente —el sentido de la luz del sol y el sonido del mar. A medida que fui creciendo, permanecía horas y horas contemplando el mar desde aquellas ventanas, maravillado al ver cómo se extendía interminable hasta el infinito, cómo las olas, incansables, avanzaban hacia la arena, y cómo las nubes componían formas cambiantes en el cielo. Es una visión que nunca ha dejado de cautivarme».

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El olivo y el aceite

Abundante en estas tierras, el olivo fue un árbol muy querido y emblemático para Picasso. En su casa de Notre Dame de Vie tenía olivos plantados y, como se recoge de la visita que le hicieron Joaquim Cortés y Joaquim Ferràs, el mismo Picasso afirma: «Mirad, este paisaje parece de vuestro pueblo, es empinado y está lleno de pinos. Y estos olivos, me dice siempre Dominguín, aquel torero amigo mío, que los corte porque me quitan la vista de la casa y, además, nunca me dan olivas. Pero yo no quiero, me gustan, me recuerdan a Horta».

El molino de aceite es otro de los elementos destacados para los hortelanos que Picasso plasmó en un cuadro. El molino de aceite en Horta era imprescindible para la gente dedicada al cultivo del olivo; en él, Picasso había merendado más de una vez pan tostado y aceite.

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El paisaje emocional de Miró · Mont-roig

En Mont-roig del Camp se hallan varias localizaciones escenario de las obras de Joan Miró:  La Masía; Playa de Mont-roig o Mont-roig, la iglesia y el pueblo; Mont-roig, San Ramón, son sólo algunas de las obras realizadas en este lugar que toman el paisaje como fuente de inspiración. En la actualidad, podemos visitar dichas localizaciones a lo largo de una ruta llamada El paisaje emocional de Miró, que recorre los diferentes espacios, debidamente señalizados e identificados, donde el visitante puede observar en primera persona los paisajes convertidos por Miró en obras de arte de reconocimiento mundial. La finca Mas Miró complementa dicha visita como uno de los escenarios primordiales, ya que cuenta con el privilegio de haber sido casa y taller del artista.

 

Mas Miró

Mas Miró, gestionado por la Fundació Mas Miró, constituye un espacio de conocimiento, inspiración y reflexión en torno a la figura de Joan Miró, que residió allí y en cuyo taller trabajó todos los veranos durante sesenta y cinco años. La finca fue modelo de la obra más emblemática de la etapa figurativa del artista, La Masía.

La entrada incluye una audioguía. ¡No perdáis la oportunidad de preguntar por las rutas y experiencias que se ofrecen cada temporada! También las encontraréis en nuestra agenda en redes: @paisatgedelsgenis.

muntanya de santa barbara horta de sant joan picasso

Els Ports

Durante su primera temporada en Horta, Picasso y su amigo Pallarès fueron a visitar el convento de Sant Salvador, a la sazón aún habitado, y pasaron la noche en la cima de la montaña de Santa Bàrbara, en una cueva.

Este fue su primer contacto con la naturaleza ya que, con posterioridad, se adentrarían en el macizo de Els Ports durante unos días.

El convento de Sant Salvador y la montaña de Santa Bàrbara son un excelente mirador sobre la llanura de la Terra Alta, con vistas al verde mediterráneo tan característico, y a las montañas del Parque Natural de Els Ports.

La vegetación del lugar tiene un marcado carácter mediterráneo en que el verde apagado, casi grisáceo, de los pinos o la jara se ve solo alterado por pequeñas salpicaduras de color de la floración de hierbas y plantas, que aprovechan los escasos resquicios de vida para aferrarse a ella.

Esparto

Los materiales que ofrece la naturaleza y la manera en que los emplean los artesanos constituyen una gran fuente de soluciones. Antoni Gaudí tuvo que fijarse en ello, ya que así se refleja en muchas aplicaciones en su obra.

El trabajo con el esparto, base de los oficios de cordelero y cestero, muy presentes en Riudoms en la época del joven Gaudí, mostraría soluciones técnicas sencillas y efectivas al genio. Sin ir más lejos, las fibras entramadas de un cesto se habrían plasmado a modo de patrones geométricos en las rejas de hierro forjado de la Casa Milà. La misma suela de una alpargata de esparto está hecha de fibra dispuesta de forma helicoidal, lo que produce un efecto de muelle o resorte. Como se ha mencionado anteriormente, Gaudí no solo era un arquitecto, sino un “maestro de oficios”. Se ha documentado que, en las obras de restauración de la Casa Batlló, se localizó una caja de cartón con tres pares de alpargatas utilizadas originalmente por los artesanos en los trabajos de yesería de las molduras; se trataba de unas fibras muy adecuadas para los acabados con relieves gaudinianos, ya que se adaptaban tanto a la mano como a la curva gracias a la capacidad de deformación de dicho material.

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Gaudí niño – Gaudí

Cerca de la casa natal del arquitecto, en la confluencia de las calles Santa Anna y Amargura, encontramos la escultura «Gaudí niño», obra del escultor reusense Artur Aldomà Puig, inaugurada en el año 2002 coincidiendo con la conmemoración del 150.º aniversario del nacimiento de Gaudí en Reus.

Se trata de una escultura de bronce de 1,10 metros que representa a Antoni Gaudí en su infancia, sentado en un banco y jugando a las canicas. Las bolas doradas que lo acompañan tienen un efecto giratorio y permiten al espectador descubrir el nombre del genio al hacerlas girar.

Este es uno de los espacios que se pueden visitar dentro de la Ruta Gaudí Reus, un itinerario que invita a descubrir los rincones y las vivencias del arquitecto en su ciudad natal.

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La flor de hibisco

Hoy en día, en los jardines de Mas Miró aún podemos disfrutar de los hibiscos color rojo intenso que engalanan la fachada, entre otros arbustos y árboles como eucaliptos, laureles y algarrobos. Su flor encarnada aparece representada en varios bodegones de la primera época de Miró, como Bodegón con uvas (1920). 

Sabemos que la temporada que Miró pasa en París en 1920 le abre un mundo de nuevas ideas. En Mont-roig, con la excitante tranquilidad que le proporciona el campo, Miró se sumerge en el trabajo. Junto con La mesa (Bodegón del conejo), Miró realiza otra pintura, El caballo, la pipa y la flor roja. Cuando está a punto de terminarlos, el autor escribe al galerista Dalmau, con quien había realizado su primera exposición individual en 1918, y le cuenta que «En breve espero acabar dos telas que, me parece, le interesarán. Una debe de medir unos 80 x 90 cm y es: la esquina de una cómoda roja con un caballo flamenco encima, un libro, una pipa, una copa con una flor roja; pared del fondo blanca y azul, espejos reflejando el paisaje que se ve delante. Simple, sintética, vigorosa. He intentado ir a un arte puramente conceptual, que creo será el arte del futuro». 

Además del escritorio de tono rojizo en el que se inspira para el cuadro, aún se conservan algunos de los elementos originales que aparecen en la obra. El caballo se halla en el Mas y la página reproducida, que corresponde al libro Le Coq et l’Arlequin (El gallo y el Arlequín) de Cocteau con un dibujo de Picasso, actualmente se encuentra en la Fundació Joan Miró de Barcelona, en la biblioteca personal del pintor. Si nos fijamos en la flor, se trata de un hibisco, flor encarnada presente en muchos otros bodegones de Miró.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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La flor de la uña de gato

La flor de la uña de gato, que se puede encontrar en la comarca del Baix Camp y que muchos conocen como crespinell de Reus, guarda un parecido increíble con los pináculos de las Torres de los Apóstoles de la obra magna de Gaudí. Se menciona incluso en la web oficial de la Sagrada Familia: «Gaudí se inspiró en los tallos de la planta denominada Uñas de Gato (sedum nicaeensis) para los Pináculos de los Campanarios dedicados a los Apóstoles».

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La iglesia y el campanario

El campanario es uno de los elementos más emblemáticos de la Iglesia Prioral de Sant Pere, y Gaudí habla de él como modelo de campanario que concilia el uso religioso con el civil, como puesto vigía. Además de esta mención al campanario, cabe decir que Gaudí recreó el diseño de su escalera interior, una escalera helicoidal de eje vacío, en las escaleras de acceso a los campanarios de la Sagrada Familia, tal y como recoge el arquitecto Cèsar Martinell en la monografía que dedicó al genio. En toda la construcción predomina un color ocre amarillento pálido muy característico de la piedra de la ciudad de Reus.

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La luz mediterránea

La luz brillante y dorada del Mediterráneo ha inspirado toda la obra de Gaudí por su efecto mágico y místico. El genio siempre observó con minuciosidad el potente efecto de la luz en los elementos de la naturaleza: su juego de luces y sombras; la manera en que la distancia se acortaba o alargaba como un efecto óptico; los tonos del mar, que en todas sus capas y profundidades se volvían infinitos, así como el agua de las balsas o las fuentes.

Asimismo, estudió sus características para potenciar la luz natural en los edificios a través de innovadoras soluciones técnicas de su creación, como el helicoide y el hiperboloide, síntesis del movimiento y la apertura hacia la luz natural, creando ondulaciones y claraboyas que repartían los rayos del sol y la luz por las estancias, como en la Casa Vicens o Batlló.

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La montaña de la Roca – Joan Miró

Las singulares formas del Espacio Natural de la ermita de la Roca motivaron a un joven Miró a dejar fluir su influencia cezanniana y pintar aquel rojo “avinagrado” propio del lugar. Decía Miró, además, que el secreto de su obra era el equilibrio. La posición de la ermita de Sant Ramon, las formas cúbicas del peñasco rojo y todo el conjunto, que desafiaba las leyes del equilibrio, captaron la atención del genio. El cuadro Mont-roig, Sant Ramon (1916), se pintó desde un punto cercano, el último tramo del Camí Vell (Camino Viejo), y representa la visión de conjunto de las formas fantasiosas y equilibradas de la ermita y las rocas. 

Miró iba con frecuencia a la montaña roja. El recorrido desde su finca hasta la ermita por el Camí Vell era muy habitual en sus paseos diarios, incluso se detenía a reparar algún margen de piedra seca por el camino. Según decía, las formas geológicas tan características de las rocas y las cavidades granitoides y granodioritas de la era paleozoica, formadas por la erosión del viento en la montaña del Areny, le recordaban la obra de Antoni Gaudí.

«La ermita de la Mare de Déu de la Roca siempre ha tenido un gran impacto para mí. Tiene una enorme fuerza. Las piedras me recuerdan mucho la arquitectura de Gaudí. También está la ermita de Sant Ramon, que sobrevuelan los cuervos a menudo. Es algo muy impresionante, allí colgada. Y ese color rojo avinagrado que da nombre al pueblo: Mont-roig, es decir, montaña roja».

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La Montaña de la Roca y el Areny

La montaña de la Mare de Déu de la Roca destaca durante todo el camino, con su color rojo, en contraste con la ermita de Sant Ramon, blanca y suspendida de la roca roja, y constituye uno de los referentes visuales de mayor entidad de todo el entorno. Aun así, en este espacio, y en todo el paisaje de Mont-roig, también encontramos los colores mediterráneos de Miró… Salpicado de verde por los agaves, con sus flores amarillas en la parte inferior y el cielo de fondo, el paisaje hace visibles los cuatro colores primarios del artista. En segundo plano, los contrafuertes de las sierras de Riudecanyes y Escornalbou conforman el fondo escénico, en el que se identifican claramente la mola (muela) de Colldejou, la montaña Blanca y el castillo del monasterio de Escornalbou, todo un paisaje con las mismas características geológicas comunes de roca granítica y tierra arenisca de tonos rojizos.

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La montaña de Santa Bàrbara – Pablo Picasso

Con su presencia mágica, las montañas cercanas a Horta de Sant Joan marcaron profundamente la obra de Picasso durante los dos períodos que pasó en el lugar. 

La montaña de Santa Bàrbara de Horta asciende retorciéndose y adoptando formas puntiagudas hacia el cielo. A sus pies está el convento de Sant Salvador d’Horta (o convento de la Mare de Déu dels Àngels), con una iglesia que constituye el mejor ejemplo de arquitectura religiosa templaria en Cataluña. Todo el conjunto está declarado monumento histórico-artístico. Picasso inmortalizó aquel paraje en Procesión al convento (1898).

De hecho, el convento de Sant Salvador y la montaña de Santa Bàrbara son dos lugares que han dotado de identidad a los habitantes de Horta de Sant Joan. En este sentido, la montaña de Santa Bàrbara ha supuesto un elemento emblemático para Pablo Picasso, que la pintó en múltiples ocasiones en sus inicios en el cubismo, durante su segunda visita al municipio.

Llegados al convento, al pie de la montaña de Santa Bàrbara, la ligera ascensión a la cueva de Sant Salvador nos ofrece un excelente mirador natural. A ras de las paredes de conglomerados, tenemos una vista panorámica del relieve y el mosaico de la Terra Alta, así como del pueblo de Horta de Sant Joan que se alza sobre ella.

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La piedra seca en El Vendrell – Casals

Merece la pena descubrir un elemento más de los paisajes de Pau Casals: las construcciones de piedra seca. En Sant Vicenç de Calders, la zona más agrícola del municipio de El Vendrell, y en sus inmediaciones se halla un amplio y variado patrimonio de piedra seca. En la ruta de Piedra Seca, no sólo conoceremos las barracas más interesantes y originales, sino también otros elementos que se engloban dentro de esta técnica tan propia del lugar, como pozos o márgenes centenarios. A cargo de la Asociación de Vecinos de Sant Vicenç de Calders.

El mapa de Caminos de El Vendrell incluye el mapa topográfico del término municipal, las curvas de nivel, la red hidrográfica y rutas de senderismo para hacer a pie o en bicicleta. Además, el Patronato Municipal de Turismo, junto con la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de El Vendrell, ha editado una nueva versión cuyas rutas podemos descargar en nuestro GPS.

También os puede interesar explorar la ruta circular de la Piedra Seca en Sant Vicenç de Calders u otras rutas de senderismo de El Vendrell.

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La playa de la Pixerota – Joan Miró

Joan Miró tenía la costumbre de bajar a diario desde el Mas (finca) de Mont-roig hasta la playa de la Pixerota a nadar y hacer gimnasia. Le gustaba coger piedras, raíces y cañas para hacer esculturas, así como otros objetos que el mar arrastraba y estimulaban su creatividad. Algunos se conservan aún en su taller de Mas Miró. A orillas del mar, también encontró la inspiración para crear una de sus primeras obras pictóricas, Playa de Mont-roig (1916).

​​«La playa de Mont-roig es de una gran belleza, es muy estimulante para mí. Desde la playa y mirando hacia la montaña se ven unas formas puntiagudas que son muy impresionantes. Allí, cerca de la Casilla de los Carabineros, había un majestuoso pino. Cada día iba corriendo desde el Mas hasta la playa. Para perder grasa, me ponía una especie de faja como la que aún llevan los boxeadores y los jugadores de fútbol, y encima un jersey de lana. Me hacía sudar mucho. Cuando llegaba a la playa, estaba empapado en sudor; me quitaba el jersey y me ponía a hacer gimnasia. Finalmente, me tiraba al agua y después tomaba un baño de sol. En la playa siempre recogía cosas. Veía un objeto, una raíz o una conchita y me sentía atraído. Lo cogía, lo estudiaba. Me estimulaba mucho».

Desde Mas Miró, en su recorrido hasta la playa de la Pixerota, entre caminos marcados por las rodadas de los carros y barrancos de frondosa vegetación, Joan Miró encuentra hinojo aromático, agaves en flor con ramas de formas piramidales (que, incluso, recuerdan al símbolo mironiano de la escalera de la evasión), higos chumbos (que tanto gustaban al pintor), cañaverales de blancas espigas y pinos singulares que a menudo se podían ver antes de llegar a las playas naturales y salvajes de Mont-roig.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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La playa de Sant Salvador y Les Madrigueres – Pau Casals

«La belleza de Cataluña me alimenta desde niño. Cuando cierro los ojos, veo el mar de Sant Salvador y el pueblo marinero de Sitges, con las barquitas de pesca en la arena, las viñas, los olivos y los granados del Camp de Tarragona, el río Llobregat y los picos de Montserrat. Cataluña es la tierra en que nací y la amo como a una madre».

El primer asentamiento en la zona se remonta al siglo XI. En el siglo XVIII, desde la playa de Sant Salvador se embarcaba aguardiente y vino con destino a los puertos de América y Europa. Por ello, siempre había una gran actividad fruto del intercambio comercial y social.

Para Pau Casals, la playa de Sant Salvador es el vínculo permanente con su tierra y su infancia. Cuando era pequeño, su madre lo llevaba a menudo a la ermita románica de Sant Salvador, donde cuenta que descubrió los sonidos del viento que se filtraba y silbaba a través de los ventanales y el sentido de la luz mediterránea. Solían dar largos paseos por la playa y, con los años, el genio se mandó construir una casa de veraneo a la que retornaba cada verano después de sus giras mundiales para descansar y reencontrarse con familia y amigos. Casals siempre fue un enamorado del mar… su luz intensa, el sonido de las olas, la arena de la playa, el olor a agua salada, los elementos naturales marinos…

«Algunos de los ratos más divertidos de mi vida los he pasado jugando a tenis, montando a caballo, nadando… Y era posible llevarlo a la práctica gracias a la proximidad de Sant Salvador, donde tenía mi anhelada playa».

En la costa del Baix Penedès, Pau Casals daba largos paseos entre espacios naturales, en un barrio marinero por excelencia. Se relacionaba mucho con los pescadores de la playa de Sant Salvador cuyo trabajo y fortaleza admiraba, y solía elogiar a sus vecinos, los marineros.

«No creo que pase un solo día de mi vida sin volver a mirar con sorpresa el milagro de la naturaleza».

El área natural de Les Madrigueres es una zona litoral de unas 30 ha situada en el núcleo marítimo de Sant Salvador de El Vendrell, donde se muestra el triunfo de la naturaleza. Abarca el antiguo cauce de la riera de La Bisbal y los terrenos inundables adyacentes, desde la vía del tren hasta el mar. Se trata de un espacio que no ha sido urbanizado, donde subsisten zonas agrícolas cuyo origen se remonta a los antiguos usos agrarios tradicionales ya desaparecidos. Se trata de una zona de reducidas dimensiones pero con gran diversidad de hábitats: playas de arena y dunas, lagunas litorales con juncales y cañaverales, matorral mediterráneo y maquia con encinas. En ella crían muchas especies de aves, como el chorlito. Cerca de la playa se encuentra un búnker de la Guerra Civil. En general, tiene un elevado interés ambiental y paisajístico por su carácter singular, en un entorno litoral totalmente urbanizado, y por su función de corredor ecológico entre el mar, los campos y las montañas inferiores. Un espacio ideal para contemplar una puesta de sol después de un día de excursión, ¡y sentirse en armonía con el planeta!

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La viña

El paisaje que se observa a lo largo de buena parte del trazado de la vía verde aún evoca el que contemplaba Pau Casals cuando, de niño, iba en carro desde El Vendrell a Sant Salvador con su madre. Los campos de viña se extienden a cada lado. Pau Casals recuerda despertarse a primera hora con el sonido de las voces de los labradores que cantaban de camino al campo: «Por las mañanas, a veces me despertaba el sonido de las alboradas que cantaban los del pueblo —pescadores y viñateros— cuando iban a trabajar».

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Las baldosas de la bodega y el taller de Mas Miró

El taller de Mas Miró se conserva tal y como lo dejó el artista en 1976, último año en que veraneó en Mont-roig. De hecho, aún podemos ver una réplica del calendario original que tenía colgado en la pared y que muestra la página de septiembre de 1976, el último período en que Miró trabajó allí. En él se hallan pinceles, utensilios, hallazgos y elementos varios que Miró utilizaba como fuente de inspiración. Cualquier cosa podía suponer un punto de partida. Su atmósfera creativa perdura y su bata aún conserva restos de pintura. Las pinceladas en el suelo dan fe de su energía. Los dos grafitos en las paredes, esbozos para esculturas, son creaciones puras de gran sinceridad y síntesis expresiva. Para la concepción del taller, Miró partió de la idea de que, como espacio de trabajo, tenía que ser de gran austeridad, como la celda de un monje. Pidió que la disposición de las ventanas le dejara ver el paisaje mientras trabajaba, y que la luz entrara bañando las esculturas desde todos los ángulos, como si estuviera trabajando en mitad del campo. El suelo del taller nos muestra la importancia del rojo entre sus fuentes de inspiración. Es un lugar sumamente especial y estudiado hasta el último detalle, con la presencia destacada del suelo de ladrillo color bermellón que resalta en el ambiente de la estancia. También ocurre en la bodega, donde conservaba las botas de vino rancio que a menudo ofrecía a amigos y familiares, a quienes explicaba el proceso de fabricación en las cartas que intercambiaban antes de sus visitas.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Las balsas

Las balsas constituían un elemento clave y un rasgo característico en los pueblos de la región: se empleaban tanto para abrevar al ganado como para usos agrícolas o domésticos, entre otros. En concreto, la balsa del Mur servía para abrevar a los rebaños que se desplazaban desde Els Ports de Beseit hasta la llanura. 

Picasso inmortalizó una balsa de Horta, situada donde actualmente se encuentra la plaza de Catalunya. La alberca era un abrevadero para los animales, posiblemente del siglo XVII, que fue derruido en 1914.

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Las barracas de piedra seca de Mont-roig – Miró

Es notorio que a Joan Miró lo encontraban a veces sentado en los márgenes de piedra seca esperando la puesta de sol, a menudo en el lado oeste de su finca, en el Tancat, un terreno de secano con algarrobos próximo al barranco de Rifà. También existen fotografías del pintor en los márgenes del Camí Vell que lleva a la ermita de la Mare de Déu de la Roca. En verdad, Miró admiraba las construcciones de piedra en seco por su componente artesanal, por la maestría que exigían a los labradores expertos en aquel arte de disponer piedras en las posiciones exactas y con las medidas más adecuadas para sostenerse sin ningún material de unión. A su vez, dichos márgenes causaban un efecto visualmente hermoso a la vez que definían de forma ordenada el territorio de Mont-roig y alrededores. En un cuaderno de 1940-1941 conservado en la Fundació Joan Miró de Barcelona, hablando de sus inicios en la escultura, dice así: «[…] picando piedras, retocándolas, de tronas de árboles…». Las tronas son construcciones circulares de piedra seca que rodeaban los troncos de los árboles y se rellenaban de tierra para proteger a los más jóvenes de las fuertes ráfagas de viento de Mont-roig.

A lo largo de la historia y en todo el mundo, siempre se ha sacado el mejor provecho de la piedra como herramienta o material para todo tipo de construcciones. En el municipio, hay más de un centenar de barracas de piedra seca catalogadas; algunas de ellas, monumentales. Dichas construcciones, levantadas por los campesinos más especializados, presentan un buen estado de conservación y una notable diversidad de estilos y formas.

Para conocer las barracas de piedra seca, existe una ruta fácil de seguir que permite disfrutar del paisaje y admirar importantes construcciones, como castillos e iglesias, así como once barracas modestas, si bien meritorias, que han abastecido a los hombres humildes de lo necesario para hacer más llevaderas las duras labores del campo. 

Ruta por libre, a pie o en coche. Podéis descargar el recorrido aquí.

Las cabras y los animales

El período que Picasso pasó en Els Ports y la vida primitiva que llevaba redundaron en muchos aprendizajes: conocimientos sobre los oficios del entorno rural (pastores, leñadores, campesinos, entre otros muchos), animales domésticos y salvajes, flora y fauna en general,  cocina tradicional; y habilidades, como hacer una hoguera o usar el cuchillo para tareas manuales (de hecho, se llevó uno consigo como un tesoro y se lo enseñaba a todo el mundo).

Al volver al pueblo, a menudo visitaba a los artesanos: al carpintero, al herrero… Un día, incluso, ¡ayudó a su amigo y su padre a cargar estiércol en los serones de un burro! En lo artístico, realizó alguna pintura y múltiples dibujos en sus cuadernos con motivos de todo tipo de animales, desde perros hasta burros y, sobre todo, cabras, que sin duda lo impactaron por su forma de vida salvaje.

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Las plantas y los sonidos de la naturaleza

Pau Casals aplicaba ejemplos de la naturaleza para explicar su manera de interpretar: imitando una hoja en otoño, no en caída directa sino con suaves movimientos oscilantes; tocando una nota como si fuera una estrella; acometiendo una sucesión musical como si del arco iris se tratara. Igualmente, el silbido del viento en la pequeña ermita románica de Sant Salvador o el susurro de los árboles cuando los rozaba eran fuente de inspiración.

Pau Casals describe la música con los sonidos de la naturaleza y realiza comparaciones musicales partiendo de los movimientos naturales de los elementos (la caída de las hojas, la forma en que las plantas crecen buscando la luz, el efecto de las cañas al combarse, el sonido de los pasos sobre un camino de tierra), ya sea por acción propia o en respuesta a nuestro contacto: «[…] los maravillosos sonidos de la naturaleza, el sonido del mar, el sonido del viento soplando a través de los árboles, el delicado canto de los pájaros, la infinitamente variada melodía de la voz humana, no sólo en canciones, sino también hablada. ¡Qué riqueza musical! Me sostenía y me alimentaba».

Líquenes

En general, podemos decir que la naturaleza que rodeaba a Gaudí en las temporadas que pasaba en Riudoms se teñía de un tono amarillento, sobre todo en las épocas más secas o invernales. En este entorno rural, destacan los líquenes, simbiosis de hongo y alga, que crecen en las piedras o en las cortezas de los árboles de la riera de Maspujols y tierras adyacentes, pues presentan rugosidades y adoptan formas muy especiales, así como tonalidades que varían a lo largo del año y van pasando por toda la gama de amarillos. Con toda seguridad, dichos líquenes inspiraron los ricos motivos vegetales de las obras arquitectónicas de Gaudí; entre otros, las flores y relieves de la fachada de la Casa Vicens o las combinaciones de texturas logradas mediante el uso de materiales singulares del Park Güell.

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Los bordados florales de Mas Miró

Entre los objetos que se conservan en la residencia y el taller de Miró en Mont-roig, el mobiliario desempeña una importante función ya que, en sus inicios, era fuente de inspiración recurrente para sus creaciones y, entre las tonalidades, siempre hay algún detalle relevante que nos lleva al rojo. Por ejemplo, se observa un puf o escabel cuyo cojín está bordado con flores (rosas rojas) y una colorida mariposa. Reposa sobre tres patas con ruedas y está rematado por un ribete de flecos que las cubren. El puf se halla en la sala noble de Mas Miró; concretamente, delante del sofá y las butacas de la estancia. En algunas fotografías antiguas del mas, podemos verlo situado en un saloncito de la misma planta. En el cuadro Desnudo con espejo de 1919, aparece una mujer desnuda sentada en él con un espejito en la mano. Muy probablemente, el autor pintó dicho cuadro durante el verano del mismo año en la finca. El mismo bordado se aprecia en uno de los cojines del mobiliario conservado en el saloncito de Mas Miró. En el salón, ubicado en el primer piso del edificio residencial, también se respira este ambiente de cálidos tonos rojizos y rosados. Es una estancia que cuenta con una decoración noble y un mobiliario de estilo alfonsino.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011(Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Los campos de cultivo

Hoy en día, el paisaje constituye un mosaico agroforestal formado por campos de olivos, viñas, almendros y sembrados, enmarcados a los pies de las elevadas paredes de Els Ports. Estos abruptos relieves, con sus vistosos pliegues, contrastan cromáticamente con las franjas forestales que se intercalan y los cambios estacionales de la viña, los cereales o la floración de los almendros.

El mosaico de los campos de cultivo y su variedad de colores: ocres, verdes y grises (según la estación), conforman un lienzo cubista; colores que fueran característicos de las obras de Picasso y otros artistas de la misma corriente.

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Los pájaros

El delicado canto de los pájaros, como el de los canarios que lo acompañaban a primera hora de la mañana mientras interpretaba a Bach al piano. El cant dels ocells es un villancico popular catalán de autor anónimo, transmitido oralmente de generación en generación, que Pau Casals elevó a su máxima expresión y reconocimiento artístico y simbólico. Durante su exilio, a raíz de la Guerra Civil, el maestro siempre concluía sus conciertos y festivales con esta pieza. Él mismo explicaba de qué manera le inspiraba el canto de los distintos pájaros que escuchaba en El Vendrell, aquel gozo de sonidos de la naturaleza: «¡Y cuánta vida en Navidad! En “El cant dels ocells” son las águilas y los gorriones, los ruiseñores y los reyezuelos, quienes dan la bienvenida al niño cantándole como una flor que deleitará la tierra con su dulce fragancia. Y los tordos y los jilgueros cantan que la primavera ha llegado y que las hojas de los árboles se abren y se tornan verdes».

En 1971, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, cuando Pau Casals estrena el Himno a la paz, acaba el concierto, como es conocido, con un discurso sobre los valores de la nación catalana y un solo de violonchelo. Entonces afirma que, para él, los pájaros de su tierra piaban «¡Paz!»: «Los pájaros, cuando vuelan por el cielo, van cantando: “¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!” y es una melodía que Bach, Bethoven y todos los grandes habrían admirado y amado. Y, además, brota del alma de mi país, Cataluña».

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Los plataneros de la Boca de la Mina

Gaudí solía referirse al eucalipto que veía a través de la ventana de su estudio diciendo: «Este árbol cercano a mi obrador, éste es mi maestro». Hacía el paralelismo entre la estructura de un árbol y las columnas de la Sagrada Familia. «La construcción tiene por objeto librarnos del sol y de la lluvia: es imitada por el árbol, ya que éste es un captador de sol y lluvia. La imitación llega hasta los elementos, pues las columnas fueron primero árboles; y más tarde vemos como los capiteles se ornamentan con hojas». Por lo tanto, las raíces se convierten en fundamentos, el tronco en la columna, los nudos de los árboles son los capiteles, las ramas, las columnitas superiores, y el follaje se observa en la bóveda o cubierta de la construcción. A través de la fronda de hojas se ve la luz del sol durante el día y, de noche, las estrellas del firmamento. Los capiteles o nudos de la columna son el elemento de transición entre el tronco y las ramas. De igual modo, en los plataneros, para curar la herida producida al cortar una rama, nace un reborde, y Gaudí lo incorpora en los capiteles de la Sagrada Familia.

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Los soles de Miró

Los soles tienen una gran relevancia, sobre todo en la época tardía de la obra de Joan Miró; se representan en forma de manchas de color de un rojo intenso en muchas de sus obras. De hecho, tal y como decía el escritor David Fernández Miró sobre la obra de su abuelo Joan: «Todo el universo importa, desde una piedra hasta el sol, desde una brizna de hierba a sus queridos algarrobos, desde el insecto hasta el águila. Cualquier cosa, por insignificante que sea, se puede convertir en mironiana».

El crítico de arte Alexandre Cirici explicaba el sol y la luna de Miró como presencias, más que como símbolos, donde destacaba el sol quizá por su carga de energía positiva: «De una manera privilegiada, entre los astros aparecen el Sol y la Luna, temas tan importantes que a menudo pueden ser considerados como un distintivo de la obra mironiana. El Sol tiene una larga tradición simbólica en el arte mundial, pero debe admitirse que para Miró no aparece como símbolo, sino como presencia, una presencia que, como la de las estrellas, no es visual sino táctil. Los soles de Miró son como un gran globo, suspendido en el aire, a menudo de una estructura que expresa su carácter material mediante un perfil irregular, ligeramente aplastado, como de patata. El color más típico de estos soles es el rojo, que no corresponde a la visión dorada del astro sino más bien a la presencia táctil del sol como fuente de calor, sensible a través de la piel».

Amén de las pinturas en que el sol se muestra como una gran mancha encarnada, podemos destacar los murales cerámicos El Sol y La Luna hechos por encargo de la UNESCO entre 1956 y 1958. Dos obras de gran formato creadas con baldosas de cerámica de medidas, texturas y colores varios. «La idea de un gran disco rojo intenso se impone para el muro más grande», dijo Miró.

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Lugares Picassianos · Horta

Muchos son los visitantes que llegan atraídos por la proyección internacional que el artista ha dado al pueblo medieval de Horta de Sant Joan, donde permaneció en dos ocasiones a principios del siglo XX.

Los lugares de Horta relacionados con Picasso se pueden ver y visitar dando un paseo por el pueblo y sus alrededores, siguiendo el mapa de la ruta Lugares Picassianos. Actividad por libre. Descargad el recorrido aquí.

Centre Picasso

El Centre Picasso muestra la reproducción facsímil de toda la obra que Picasso creó evocando Horta y con la cual inmortalizó los paisajes del pueblo donde vivió importantes experiencias vitales, así como algunos dibujos y bocetos. En su interior, el visitante encontrará una clara muestra de los lazos que unían Horta de Sant Joan con Pablo Picasso. Podréis visitar las exposiciones permanentes a vuestro ritmo.

¡No perdáis la oportunidad de preguntar por las rutas y experiencias que se ofrecen cada temporada! También las encontraréis en nuestra agenda en redes: @paisatgedelsgenis.

Mas de la Calderera – Gaudí

Según algunos testigos, Antoni Gaudí habría venido al mundo en el Mas (finca) de la Calderera y, al día siguiente, fue bautizado en Reus en la iglesia Prioral de Sant Pere, como indica su fe de bautismo. La finca de Riudoms pertenecía a la familia de Antoni Gaudí desde el siglo XVIII y empezó a conocerse como de la Calderera sobre todo a partir del momento en que su abuela paterna, Rosa Serra Torroja, enviudó de Francesc Gaudí Salvay, calderero de oficio. Situada a poco más de un kilómetro del pueblo, tocando a la riera de Maspujols, la atraviesa la mina de Sant Isidre, una de las muchas que abastecen el término de Riudoms de norte a sur. Los dos plataneros centenarios situados ante la finca y la era fueron algunos de los lugares más frecuentados por el niño Gaudí. El mas era «el rincón del mundo que más quería», según su biógrafo Joan Bergós.

El Mas de la Calderera original solo estaba formado por la casita principal de dos pisos; las construcciones adyacentes se edificaron después de los Gaudí. En la finca, se cultivaba mayormente viña, pero, a partir del contrato de aparcería, se plantarían avellanos y olivos. La planta baja se empleaba para la mula y las herramientas, mientras que la primera planta era una sala sin paredes: únicamente disponía de una tela situada en mitad de la estancia como separación para las ocasiones esporádicas en que pernoctaban; en caso contrario, servía principalmente para guardar la cosecha. La familia Gaudí pasaba largas temporadas en el mas, sobre todo estivales.

En 1993 fue declarado Bien Cultural de Interés Local. Actualmente, es de propiedad privada.

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Olivo y flores

La presencia del olivo en nuestras tierras es tradicional y su superficie se ha visto incluso expandida en las últimas décadas. El crecimiento de los olivos define un trazado helicoidal en la corteza y, una vez más, pone de manifiesto la relación de los helicoides, tan importantes en la obra de Gaudí, con los movimientos de la naturaleza; en este caso asociados al crecimiento de la especie. 

Por otro lado, en la Sagrada Familia, en las barandas de la parte alta de las capillas, podemos observar ramitas de cedro, palmera, ciprés, rosal u olivo.  A menudo, los capiteles y pináculos de las obras de Gaudí reproducen a gran escala pequeños elementos naturales, como espigas, hierbas y florecillas.

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Palmas y argollas

Miró siempre se sintió atraído por el arte popular, por la artesanía, por los objetos originarios (con el paso del tiempo) de tradiciones con frecuencia vinculadas a las labores del campo o a manifestaciones religiosas, impregnados de vida. Miró decía, entre otras cosas: «el arte popular me conmueve siempre… las cosas más simples me dan ideas». El sol de paumes (variedad de palmito del sur de Cataluña), importante componente del universo mironiano, al igual que las palmas confeccionadas y ornamentadas que lucen las niñas por Ramos, se elabora con hojas de palmera trabajadas con destreza mediante técnicas de cestería que le imprimen un carácter decorativo.

El artista transforma en esculturas los objetos que encuentra: piezas tradicionales y herramientas del entorno agrícola, no solo de Mont-roig, sino también de Mallorca. El objeto de la puesta de sol combina la forma natural del tronco de un algarrobo con un muelle de somier y un quemador de gas incrustados; la serie de esculturas «personajes grotescos» se inspira de objetos cotidianos; como también las tres esculturas «reales», de tosca factura, hechas con materiales ordinarios, como viejos trozos de madera o aperos. Las argollas, elaboradas de forma artesanal por herreros y conocidas por tradición familiar, forman parte de las “pinturas objeto” con que transformó la concepción del arte del siglo XX.

Piedra seca y minas

Antoni Gaudí, seguramente, podía observar hasta el hastío las múltiples construcciones de piedra seca que dividían las fincas en torno a la riera de Maspujols y en gran parte del municipio, un rasgo importante de los viñedos y olivares de la zona. Se trataba de un paisaje dominado por la naturaleza pero, a su vez, enormemente humanizado. Asimismo, la piedra limpia, dispuesta aprovechando el desnivel del terreno, destaca en obras como el Park Güell.

Por otro lado, la familia Gaudí demostró interés por las incontables minas del término de Riudoms que aún conservan muchos kilómetros de aguas subterráneas por todo el municipio. La abuela de Antoni, Rosa Serra, y su padre, Francesc Gaudí, fueron promotores de las minas Verge Maria y Sant Isidre; el mismo Gaudí fue presidente de la gestión de aquellas minas durante algunos años. En sus obras arquitectónicas, así como, a título personal, en la misma Casa Solariega de Riudoms, el genio siempre demostró un gran dominio del aprovechamiento de los recursos hídricos. Así se evidencia claramente en los surtidores y las fuentes de la torre Bellesguard y del mismo Park Güell.

Plaza de l’Església de Riudoms y estatua de Gaudí – Gaudí

«El arte gótico es imperfecto, está a medio resolver; es el estilo del compás, de la fórmula de la repetición industrial. Su estabilidad se basa en el apuntalamiento permanente de los contrafuertes: es un cuerpo defectuoso que se aguanta con muletas.»

La plaza de la Iglesia (de l’Església) constituye claramente el centro neurálgico del pueblo. Además del imponente templo, destacan tanto su gran esplanada como la estatua a tamaño natural dedicada al arquitecto que se halla bajando las escaleras, en mitad de la plaza. Se trata de una obra del escultor Joan Serramià, descendiente de la familia Gaudí, inaugurada en 2019. Igualmente, son singulares los edificios porticados de uno de los laterales, diseñados por el maestro de obras Eduard Fontserè (1828-1901), de orígenes riudomenses. Su hermano, Josep Fontserè, ofreció trabajo a Gaudí como delineante, cuando este aún cursaba sus estudios, en la construcción del mercado del Born y el parque de la Ciutadella, en Barcelona.

La iglesia de Sant Jaume, de enormes dimensiones para una población como la de Riudoms, preside esta gran plaza y, sin duda, marcaría a Antoni Gaudí. Su construcción data de los siglos XVI-XVII, si bien el campanario no fue terminado hasta 1877 y, un año más tarde, se construyó la capilla del Santísimo, bajo cuyo altar en la actualidad reposan los restos del beato Bonaventura Gran. La fachada de la iglesia que vio Gaudí es un gran ejemplo del Renacimiento catalán. Se presenta como un retablo con once hornacinas y el escudo del pueblo, coronado por un frontón con relieve que representa el Padre Eterno. El interior, de traza básicamente gótica, cuenta con una nave de sorprendente altura, formada por seis capillas laterales a cada lado que se comunican, así como una cabecera poligonal. El techo, de crucería, nos muestra los nervios clásicos de este estilo arquitectónico. En junio de 2018 fue declarada Bien Cultural de Interés Nacional.

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Plaza Prim – Miró

Según cuenta el escritor reusense Xavier Amorós en su libro Tomb de ravals (literalmente “vuelta” de arrabales, el perímetro de calles que rodean el casco antiguo de la ciudad), Joan Miró fue un enamorado de la plaça del Prim de Reus: «Siempre decía que aquél era uno de los lugares del mundo donde, al llegar el buen tiempo, sentado en una mesa de la terraza de algún bar, le gustaba más esperar la puesta de sol. Y esta espera la practicaba a menudo en verano; a veces, acompañado por su amigo, el sombrero barcelonés Joan Prats». Asimismo, el autor comenta que Miró aprovechaba las visitas a la ciudad para verse con el doctor Vilaseca y pedirle que le enseñara las piedras prehistóricas de su museo.

Su amor por esta plaza emblemática y luminosa de la ciudad aparecía con frecuencia en las cartas que enviaba a la familia Queralt. El 26 de diciembre de 1977, Miró escribe desde Palma a Lluís Queralt: «La pasada temporada, en verano y otoño, me sentí muy impedido, un invierno de trabajo excesivo me obligó a hacer reposo. Me limité a pasar sólo unas horas en Mont-roig, en vez de esas largas estancias que me permitían tomarme un café en la plaza Prim, que tanto amo, y tener aquellas charlas en casa de los Amigos Queralt. Ahora llevo una vida de intensa actividad, lo que me permitirá el verano que viene pasar una buena temporada en el Mas y escaparme a Reus».

La prueba clara de la importancia de la plaza Prim para Miró es que, entre las postales que siguen decorando las paredes de su taller en el Mas de Mont-roig, se conserva, precisamente, una fotografía de dicha plaza.

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Posidonia y chumberas

Las raíces de posidonia se hallan por todo Mas Miró, y es que el pintor quiso construir un taller con la intención de integrarlo en la naturaleza, en comunión con los elementos del entorno y los colores del campo. 

La primera referencia en este sentido se encuentra en un cuaderno conservado en la Fundació Miró de Barcelona y data de julio de 1941, cuando trabajaba en su vertiente escultórica: «Construirme un gran taller, lleno de esculturas; que al entrar se produzca una fortísima impresión de encontrarse en un mundo nuevo —las esculturas, a diferencia de las telas que están giradas contra la pared o con imágenes pintadas sobre una superficie plana, deben parecer monstruos vivientes que habitan el taller— un mundo aparte. Fundir el metal de los tubos que guardo vacíos y, a partir de las formas obtenidas, que mi escultura se confunda con los elementos de la naturaleza, árboles, rocas, raíces, montañas, plantas, flores. Hacerme un taller en pleno campo, muy espacioso, que la fachada se confunda con la tierra, en ningún caso blanca, y de vez en cuando sacar mis esculturas al aire libre, que se confundan con la naturaleza […] eso me hará sentir, al entrar en el taller, que estoy entrando en la tierra y mi obra brotará más natural y espontánea —plantar alrededor algún agave y alguna chumbera, como también una rueda de carro vieja».

Las grandes y vistosas flores amarillas de la chumbera dibujan abundantes formas sobre el verde apagado de sus pencas carnosas y planas, así como frutos rojos y redondos, que resaltan la fuerza de la vida. Las hojas de esta cactácea, redondeadas, recuerdan a los personajes de Joan Miró.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Prades y Siurana – Miró

Como es sabido, la infancia de Joan Miró estuvo marcada por sus vacaciones en Cornudella de Montsant, en casa de sus abuelos paternos, y en Mallorca, con su abuela materna. Desde su más tierna infancia, dibujar era ya «una verdadera necesidad física», hasta el punto de que, según recuerda él mismo, con 5 o 6 años, mientras se bañaba en un río del Camp de Tarragona, se le ocurrió que podía coger un poco de barro para decorar la tela de un paisaje que había pintado.

Su período en Cornudella, en 1906, con 13 años, y las visitas a los pueblos de alrededor se documentan a partir de los dibujos conservados en el fondo de la Fundació Joan Miró de Barcelona. Asimismo, en 1917, con 24 años, pintó una serie de cuadros en Siurana y Prades, adonde iba en verano desde su finca de Mont-roig, a unos 30 km, en sus visitas a los abuelos de Cornudella. De esta localidad pintó algunas vistas: la iglesia renacentista en Cornudella. Pueblo e iglesia y la plaza del pueblo en Cornudella. Calle del pueblo; así como ermitas: Cornudella. Capilla de Sant Joan petit y Cornudella. Ermita de Sant Joan del Codolar. Pintó otros elementos del pueblo y masías: Estudio de casas y personaje; Cornudella. Casas; Cornudella. Paisaje con casa y Cornudella. Paisaje nocturno. Asimismo, dibujó otros paisajes donde los árboles tenían gran relevancia: Cornudella. Camino con cipreses o Cornudella. Paisaje con árboles perteneciente a la serie homónima. Con 23 años, en la primavera de 1917, Miró pasó un tiempo en Siurana, a ocho kilómetros de Cornudella, donde pintó ocho telas: Siurana. Pueblo y camino; Siurana. El camino; Siurana. El pueblo; Siurana. La iglesia; Siurana; Siurana. La iglesia; Siurana. María y Siurana, mujeres jugando a cartas. Seis paisajes y dos composiciones con mujeres.

En cuanto a Prades, ciertamente, le impresionó el paisaje de la «vila vermella» (la villa roja) y la naturaleza de las montañas de Prades, con la ermita de la Mare de Déu de l’Abellera, una pequeña construcción del siglo XVI, enclavada en mitad de la montaña y asentada en una cueva con una vista espectacular sobre el valle del Brugent. Desde luego, un paisaje idéntico al que fue su principal fuente creativa en Mont-roig del Camp. Miró ya había pintado varios dibujos de las calles y la iglesia de Prades durante sus excursiones con el abuelo Joan Miró, herrero de Cornudella, durante el verano de 1906, cuando juntos visitaron Ulldemolins, Porrera, Albarca y Prades. Además, en 1917, junto con los ocho cuadros de Siurana, también pintó dos de la villa roja: Prades, una calle (FJM) y Prades. Pueblo (Museo Guggenheim de Nueva York).

reus modernista antoni gaudí

Reus modernista – Reus 1900 – Gaudí

Los espacios del paisaje urbano de Reus en que vivió Gaudí se extienden desde la iglesia Prioral de Sant Pere, donde fue bautizado en 1852, pasando por la casa y el taller de la calle de Sant Vicenç, las antiguas Escoles Pies (Escolapios) o el paseo de la Boca de la Mina, hasta el Institut Pere Mata. 

También cabe destacar la influencia que tuvo en Gaudí el paisaje humano de una ciudad que, en su época y hasta mediados del siglo XX, fue mitad urbana, mitad campesina, abierta al campo y al mar, en un territorio del Camp de Tarragona rodeado de montañas. Reus era una confluencia de caminos «abierta a la condición humana en movimiento y actividad». Todo el mundo acudía a vender productos de la tierra de diversa índole y a abastecerse; al cercano puerto de Salou llegaban muchos barcos a cargar mercancías (aceite, almendras, avellanas, vino y aguardiente) y a descargar otros productos, como pesca salada, café o cacao.

El estilo arquitectónico y decorativo del Modernismo, propio de 1900, marcó para siempre el paisaje urbano de Reus, paisaje emocional del joven Gaudí. El esplendor económico y cultural del momento transformó su arquitectura hasta convertirla en la ciudad modernista. El Modernismo es el estilo más destacable en el urbanismo reusense. El nacimiento de Antoni Gaudí y el paso de algunos de sus más estrechos colaboradores han dejado una visible impronta y han otorgado carácter estético a la ciudad. La efervescencia económica y cultural de la ciudad a finales del XIX y principios del XX, cuando Reus era la segunda ciudad de Cataluña, se observa en el lujo de las casas de las familias burguesas de la época, como la Casa Navàs o la Casa Rull, y, asimismo, en edificios tan singulares como el hospital psiquiátrico Institut Pere Mata. 

Seguid la ruta Joya Modernista que consta de hasta veintiséis edificios seleccionados e identificados con una placa descriptiva en la fachada.

Riera de Maspujols y pinares de Riudoms – Gaudí

«¿Quiere saber dónde encontré mi modelo? Un árbol crece hacia arriba, aguanta sus ramas y éstas, sucesivamente, sus ramitas y éstas, a su vez, las hojas. Y cada parte individual ha estado creciendo armoniosamente, magníficamente, después de que Dios, el artista, lo crease.»

Antoni Gaudí, conocido en Riudoms como Anton de la Calderera, jugaba entre los árboles del pinar del Sec y otros pinares de los alrededores, así como en el cauce de la riera de Maspujols y el arroyo de Riudoms. La inclinación de aquellos grandes troncos, inmensos a los ojos de un niño, causada por la fuerza del viento, seguramente le sugirió la manera de aprovechar la naturaleza para huir de la línea recta en sus obras, como se aprecia en las columnas del Park Güell o las del interior de la Sagrada Familia, acabadas en forma de copa de árbol.

En sus intermitentes crecidas, la riera arrastra todo tipo de materiales que quedan depositados en su cauce. El niño Antoni Gaudí removía los sedimentos en busca de elementos que se convertían en tesoros y se llevaba a casa. De hecho, la riera constituiría el eje vertebral de varios asentamientos humanos a lo largo de los siglos, como atestiguan los restos arqueológicos encontrados a ambos lados de su curso. En este sentido, Riudoms cuenta con veinte yacimientos históricos registrados desde la prehistoria, pasando por la época romana, hasta nuestros días. En concreto, en 1850 se registró un horno de arcilla, del que el pequeño Gaudí, al parecer, habría rescatado algunos fragmentos de piezas. Asimismo, el pequeño Anton recorría los caminos de las fincas y se fijaba en la vegetación más alejada de los puntos de agua.

Actualmente, la riera es una zona de paseo habitual transitada por los habitantes y visitantes de Riudoms.

riudoms mas de la calderera

Riudoms – Gaudí

En la genealogía de Antoni Gaudí i Cornet encontramos artesanos del oficio de calderero por parte de madre y padre. La familia paterna procedía de Riudoms, donde tenía una pequeña propiedad rural, el Mas de la Calderera (declarado Bien Cultural de Interés Local en 1993), que se abastecía de agua por una mina y donde se cultivaba huerta y viña; por ello, la familia iba a menudo cuando Gaudí era un niño. 

Su familia era modesta, si bien económicamente independiente y con una elevada base cultural, siempre fundamentada en la lectura y los libros, que el propio Gaudí leía con avidez durante los largos períodos de enfermedad que a menudo le obligaban a permanecer en el mas de Riudoms, en contacto directo con la naturaleza. 

De camino al Mas de la Calderera, por el margen izquierdo de la riera de Maspujols y en dirección a la montaña, hay una pequeña arboleda llamada el pinar del Sec, escenario de los juegos infantiles del pequeño Anton. Mientras jugaba con las lagartijas, los caracoles y las plantas, Gaudí fantaseaba sobre leyendas épicas protagonizadas por estos singulares personajes. Según las anécdotas de que hay constancia, sus vecinos se enfadaban con el pequeño Gaudí porque se dedicaba a desmontar los márgenes hechos de piedra y guijarros buscando bichos para jugar.

Si bien recibió una herencia psicológica de Reus, como centro y exponente del Camp de Tarragona, población y mercado en que confluían quienes querían prosperar, no son menos importantes los valores del mundo agrícola que aprendió de Riudoms, en el mas familiar. Allí descubrió la fuerza imponente de un solo árbol, no como parte de un bosque, sino como un ser capaz de crecer y producir por sí solo, o la capacidad de adaptación de los elementos naturales al medio. En el Riudoms de la infancia de Gaudí, destacan los tonos amarillentos de la brillante luz mediterránea, los campos de viña y cereales en otoño, los líquenes (simbiosis de hongo y alga) que crecen en las cortezas de los árboles o la flor de la uña de gato (conocida en la zona como crespinell de Reus).

Podéis visitar la ruta urbana Gaudí en Riudoms, que incluye: la plaza de L’Arbre (proyectada por el arquitecto japonés Hiroya Tanaka), la casa solariega de los Gaudí en el Rabal de Sant Francesc (donde tenía la calderería su padre; actualmente un equipamiento cultural que se puede visitar), la plaza de L’Om o la estatua dedicada a Gaudí en la plaza de la Iglesia de Sant Jaume. Disponéis del recorrido aquí.

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Rocas y piedra seca

Miró modeló y trabajó la tierra a través de la cerámica; también solía emplear rocas y piedras en sus esculturas.

La construcción de márgenes de piedra seca, frecuentes en la zona, constituye la expresión pura del esfuerzo y el ingenio de sus habitantes. El campesino es un trabajador nato, meticuloso y constante, características que Miró valora y admira. La figura del payés o campesino catalán representa para él la fuerza y el amor por la tierra, el trabajo tenaz e incesante, así como la perseverancia necesaria para seguir adelante.

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Ruta Gaudí · Reus

Reus fue la ciudad que vio nacer a Antoni Gaudí. Hoy en día, aún se conservan algunos de los lugares que frecuentaba el genio durante los dieciséis años en que residió, antes de trasladarse a la ciudad condal, Barcelona. Si queréis descubrir estos espacios y sus encantos, os proponemos seguir las huellas que Gaudí dejó en la ciudad de Reus a través de la Ruta Gaudí.

Todos los lugares están señalizados y se pueden localizar siguiendo el itinerario de la Ruta Gaudí que se indica en el mapa de la guía Reus Modernista. Podéis descargar el recorrido aquí.

 

Gaudí Centre

Gaudí Centre es un equipamiento museístico que permite al público de todas las edades entender las claves de la arquitectura de Antoni Gaudí y el Modernismo. Mediante las últimas tecnologías interactivas, podréis descubrir los secretos de la vida y obra de Gaudí en pleno corazón de la ciudad de Reus.

¡No desaprovechéis la ocasión de preguntar por las rutas y experiencias que se ofrecen cada temporada! También las encontraréis en nuestra agenda en redes: @paisatgedelsgenis.

Ruta Gaudí · Riudoms

Riudoms permite descubrir los orígenes de Antoni Gaudí y su linaje, así como la gran influencia de las raíces rurales y el entorno en la obra de uno de los arquitectos más universales que hayan existido.

Como afirman algunos expertos, no se puede entender a Gaudí si no se conoce el pueblo en el que pasó gran parte de su infancia y adolescencia. Sus problemas de salud lo convirtieron en un niño acostumbrado a la observación minuciosa y al análisis profundo de la vida en el campo. Por lo tanto, la ruta recorre los diferentes lugares que lo marcaron en su paso por Riudoms: la Casa Solariega, la calle Major, la plaza de l’Om, la plaza del Arbre, la plaza de la Iglesia y la estatua de Gaudí. Podéis consultar el itinerario y encontrar más información aquí: https://rutagaudiriudoms.cat/es/

CASA SOLARIEGA DE ANTONI GAUDÍ

La Casa Solariega es la vivienda familiar de los Gaudí desde el siglo XVIII, por lo que perteneció a sus abuelos, a su padre y, finalmente, al mismo Antoni Gaudí. Se trata de una construcción sencilla y austera que conserva el aspecto de la época y permite hacer un viaje en el tiempo para revivir las sensaciones que el genio percibía y experimentaba en su infancia.

En la planta baja, se ha reproducido un taller de calderería con una pieza original realizada por el padre de Gaudí, así como un taller de forja, situado en un espacio que antiguamente ocupaba el establo de la mula. En la primera planta, se puede ver el comedor, la cocina y la habitación del Senyoret (Señorito). Como elementos inmuebles originales, destacan las paredes maestras de la casa, el balcón del comedor, una ventana de la habitación, un armario esquinero y tres botellas que se encontraron emparedadas en la cocina. En la segunda planta, se encuentra la antigua vivienda de los aparceros. Asimismo, se han acondicionado otros espacios, por ejemplo, la buhardilla, como salas de exposición que también acogen muestras o actividades culturales de diversa índole.

Actualmente, se ofrecen visitas guiadas y actividades educativas concertadas. ¡Aprovechad la ocasión para preguntar por las rutas y experiencias propuestas cada temporada! También las encontraréis en nuestra agenda en redes: @paisatgedelsgenis.

INFORMACIÓN

Casa Pairal (Solariega) de Antoni Gaudí
Raval de Sant Francesc, 14
43330 Riudoms
www.riudomsturisme.cat
promocio@riudoms.cat
+34 977 850 350

ruta pau casals

Ruta Pau Casals · El Vendrell

Podéis descubrir El Vendrell de Pau Casals a través de un recorrido vital que nos lleva desde su Casa Natal, donde podréis conocer el ambiente familiar y humilde en que Pau Casals vivió sus primeros años de infancia, pasando por el órgano barroco de la iglesia de la ciudad que Pau Casals comenzó a tocar a la edad de nueve años, hasta el Museo Pau Casals, ubicado en su casa de veraneo en la playa de Sant Salvador, ahora convertida en un magnífico y moderno museo, donde evocaréis los momentos más emocionantes de la vida de uno de los más grandes violonchelistas del siglo XX. 

El recorrido se puede complementar con las siguientes visitas: la tumba de Pau Casals, en el cementerio de El Vendrell; la escultura de Pau Casals, obra de Josep Viladomat, en la plaza Nova; el monumento dedicado a Pau Casals, obra de J. M. Subirachs, en la plaza J. S. Bach y el Auditorio Pau Casals

Algunos de estos lugares están señalados y se pueden localizar siguiendo el itinerario Ventanas a El Vendrell.

Casa Natal

La casa en que nació Pau Casals fue construida en 1855 y está situada en el centro de El Vendrell. El edificio conserva el aspecto propio de una casa de finales del siglo XIX de una familia muy humilde. Se trata de un edificio de tres plantas, alto, estrecho y con balcones, una construcción habitual de la época. Podréis realizar el recorrido biográfico que une a Pau Casals con la ciudad de El Vendrell a vuestro ritmo: con fotografías, recortes de prensa, mobiliario de la época e instrumentos musicales.

Museo Pau Casals

El Museo Pau Casals es la casa que el músico mandó construir en el barrio de Sant Salvador, a tres kilómetros del núcleo urbano de El Vendrell. Ubicada en el extremo sur de la playa, se construyó como casa de veraneo y, con los años, se acabó convirtiendo en residencia habitual. En la actualidad, constituye la sede del Museo, declarado Museo de Interés Nacional por la Generalitat de Catalunya a tenor de su importancia y el valor del conjunto de bienes que conserva. En él se ofrece una visita interactiva, dinámica y participativa, con un relato que explica la figura de Pau Casals como músico en todas sus dimensiones, que destaca su lado humano y actualiza su legado.

Podréis visitar la exposición permanente situada en la Casa Museo a vuestro aire, así como los jardines de estilo neoclásico, su galería de esculturas y un mirador con vistas al mar y a la playa de Sant Salvador.

¡Aprovechad la ocasión para preguntar por las rutas y experiencias que se ofrecen cada temporada! También las encontraréis en nuestra agenda en redes: @paisatgedelsgenis.

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Santuario de la Misericòrdia – Gaudí

Antoni Gaudí sentía una especial devoción por la Virgen de la Misericordia, patrona de Reus, en honor de la cual se celebra la fiesta mayor de la ciudad a finales de septiembre. Tal era su predilección por la virgen (tanto en lo artístico como en lo religioso), que Gaudí estuvo a punto de reformar arquitectónicamente la fachada de su santuario. Sin embargo, el proyecto artístico no pudo culminar por un obstáculo tan vulgar como una valla. Esta es la historia.

En 1903, los administradores del santuario de la Misericordia encargaron a Gaudí el proyecto de construcción de una nueva fachada. Cada detalle estaba acordado y Gaudí aceptó gustosamente el encargo. Redactó el proyecto y todo estaba a punto para empezar las obras; nada hacía sospechar que la reforma se pudiera torcer o paralizar.

En el momento de la ejecución del proyecto, Gaudí solicitó la construcción de una valla de alambre para facilitar las obras con la máxima seguridad y practicidad. En aquel momento, empezaron a surgir los problemas. Los propietarios de las fincas colindantes se opusieron a la valla, al considerar que no respetaba su derecho de paso. Recogieron firmas entre los vecinos disconformes, el arquitecto municipal impuso condiciones al levantamiento de la valla, el asunto se fue complicando y, finalmente, a mediados de 1904, el proyecto gaudiniano quedó absolutamente paralizado y nunca más prosperó.

Cabe preguntarse qué quedó de la reforma de Misericordia concebida por Antoni Gaudí. Pues los bocetos, que se conservan en Reus desde 1933 como su único testigo. Con todo, Gaudí siguió venerando a su Misericordia. Como el historiador Jaume Massó afirma en un artículo: «[…] la presencia de Gaudí en los actos de coronación canónica de la virgen de la Misericordia, en octubre de 1904 […] y la instancia que Gaudí firmó en enero de 1925 para crear una fundación pía en recuerdo de su madre (y que había de formalizarse en el santuario), nos confirman que el arquitecto reusense no olvidó a “su” Misericordia, ni siquiera cuando se obsesionó definitivamente con la obra monumental de la Sagrada familia».

Fuente: http://reusdigital.cat/noticies/digues-la-teva/antoni-gaudi-i-el-santuari-de-misericordia

Tonos azules en El Vendrell

En el núcleo de Sant Salvador abundan los tonos azules en la mayoría de edificaciones y el paisaje marinero en general. Podemos ver viejos almacenes vinculados al comercio del vino y aguardiente que existían en la época de niño de Pau Casals, algunos de ellos reconvertidos en residencias de la burguesía vitícola que aún perduran. Asimismo, el bar restaurante El Casinet mantiene el edificio que, en la época de Casals, era un almacén de botas. 

Tanto en la casa de la playa, hoy Museo Pau Casals, como en la Casa Natal de El Vendrell (de paredes de un azul intenso, o mobiliario tradicional pintado de azul en la cocina), también predominan los tonos azulados de ambiente marino. Asimismo, el azul se destaca en la gran arcada del edificio renacentista conocido como la Casa del Pardo, sede de la Fundació Apel·les Fenosa. Este museo fue la casa taller de verano del escultor, que la adquirió en 1957.

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