Colores

A través de los colores más básicos podemos seguir el camino de los cuatro genios y redescubrir las tierras que los inspiraron. La luz mediterránea, la fuerza de la naturaleza, la singularidad de la gente y las tradiciones convertidas en arte son el hilo cromático que une a Gaudí, Miró, Casals y Picasso, y que todavía hoy nos invita a mirar el mundo con sus ojos.

El amarillo de Antoni Gaudí El rojo de Joan Miró El azul de Pau Casals El verde de Pablo Picasso
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El azul en el mobiliario y los utensilios del hogar

En el mobiliario y objetos decorativos de Vil·la Casals destaca el azul. En la colección de Casals se conservan varias vajillas de platos decorados con cenefas de motivos variados en tonos azules. Además, hay jarras y figuras de cerámica con fondo blanco y dibujos destacados del mismo color azul marino. Destaca una vajilla imponente datada de 1650 aproximadamente, con platos pintados a mano, así como dos jarras con motivos florales y vegetales azules que datan de 1899 y algunas figuras de porcelana que representan bustos femeninos pintados de azul de mitad del siglo XX.

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El azul en los instrumentos

Cuando era niño, Pau Casals vio a una banda de músicos ambulantes tocando instrumentos curiosos en la plaza del pueblo y le fascinó una especie de violonchelo rudimentario. Insistió a su padre, que tenía mucha destreza como artesano, que le construyera uno con una calabacita vacía y, así, se convirtió en su primer instrumento. En la actualidad se puede ver en el Museo Pau Casals y constituye todo un símbolo, como elemento humilde que proviene de la tierra. Tenía una sola cuerda, pero aprendió muchas composiciones de su padre y llegó a tocarla en alguna ocasión en el antiguo monasterio de Santes Creus. 

Años más tarde, en 1939, se tuvo que exiliar en Prades, Francia, a causa de la Guerra Civil española. En 1957 se trasladó a San Juan de Puerto Rico, de donde procedía su madre y su última esposa. Allí encontró un instrumento latinoamericano similar al de su infancia, el güiro, del que se conservan dos piezas en su colección personal. Uno de ellos es más especial, si cabe, porque tiene la forma de un pez y está pintado de colores con una cenefa azul marino.

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El azul en los murales de Vil·la Casals

En las pinturas que reúne la colección artística de Casals, destacan el tono azul y los ambientes marinos. Los tonos azules predominan en el fondo de la pieza más espectacular, y también la más atípica, que conforma sin duda el conjunto de pinturas murales de Francesc Pla, El Vigatà. El artista creó esta obra magna hacia 1793 para la casa de Joan Ribera, situada en la calle Nou de Sant Francesc de Barcelona. En el año 1901 los murales fueron adquiridos por el conde Eusebi Güell, conocido como mecenas de Antoni Gaudí y hombre de fuerte sentimiento catalanista. Finalmente, Pau Casals los compró en 1934; en la actualidad, se pueden contemplar en una sala específica de su museo. Se inspiran en temas extraídos de la mitología clásica (Las metamorfosis de Ovidio) con la presencia de Ceres y Mercurio en el techo, en una alegoría dedicada al comercio marítimo y al progreso. En los laterales, vemos representados temas amorosos con Apolo y Dafne o Venus y Adonis, entre otros. El azul impera igualmente en algunas pinturas de Joaquim Mir (1873-1940), como Roquisser (Roquedal), Corral de carro o Calafell (todas de 1928).

En los amplios jardines de la Casa Museo podemos observar directamente el mar desde su mirador, así como admirar las variadas tonalidades de las plantas que rodean las esculturas de gran relevancia allí expuestas, como Apolo (1934) de Josep Clarà o el desnudo femenino Les flors (Las flores) (1925-1933) de Josep Llimona. Por motivos simbólicos, Casals tenía muy claro que Apolo debía presidir los jardines de Vil·la Casals. En aquella época también tenía muy presentes los motivos mitológicos del conjunto mural de El Vigatà, donde figura el dios helénico. Decía considerarlo un compendio de las mejores cualidades del hombre: dios de la música, de la poesía, de la medicina, de la armonía y un arquero protector de los marineros y caminantes contra el mal. Inicialmente, Josep Clarà encontraba la idea demasiado clásica para un escultor contemporáneo, pero el resultado, después de tres bocetos supervisados por el Maestro, resultó realmente impresionante.

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El azul en los objetos personales

Entre los distintos objetos de uso personal que forman parte de la colección Casals y se conservan en la fundación homónima, destaca un tintero con tapa de arcilla con dibujos en tonos azules, fechado en 1950. Se trata de un recipiente de base plana y cuerpo octogonal que dispone de cuatro orificios en la parte superior para poner las plumillas y un agujero cóncavo con tapa para poner la tinta. El cuerpo está decorado con el dibujo de una casa y pájaros azules; el resto presenta motivos vegetales, florales y geométricos. Este objeto ilustra perfectamente la importancia de la escritura epistolar en el día a día del Maestro, que dedicaba dos horas diarias a su correspondencia. De hecho, actualmente se conservan un total de cincuenta mil ejemplares de cartas de su fondo personal en el Archivo Nacional de Cataluña.

Por otro lado, cabe fijarse en una taza con la palabra Pau (Paz) serigrafiada en azul en muchos idiomas. Se conserva junto con un emblema de las Naciones Unidas reproducido en la etiqueta, con la leyenda «UN We believe. Peace on Earth (NU Creemos en ellas. Paz en la Tierra)». Este objeto nos recuerda la función de embajador de la paz que desempeñó Casals por todo el mundo y la larga e intensa relación que mantuvo con las Naciones Unidas. Tras la Segunda Guerra Mundial, protestó con su silencio por el hecho de que los aliados mantuvieran la dictadura del general Franco. En el contexto de la Guerra Fría y la amenaza nuclear, se movilizó en favor de la paz y la democracia hasta el fin de sus días. Pau Casals fue invitado a tocar en tres ocasiones en las Naciones Unidas: en 1958, en 1963 y en 1971 (cuando fue reconocido con la medalla de oro de la ONU), y sus tres discursos son una magnífica expresión del pensamiento y la sensibilidad de este catalán universal.

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El fruto de la chumbera

Las chumberas dan abundantes flores sobre el verde apagado de sus pencas carnosas y planas, así como frutos rojos y redondos, que tanto gustaban a Miró y que resaltan la fuerza de la vida. Las hojas de las chumberas, redondeadas, recuerdan a los personajes de Joan Miró. Actualmente, junto a los lavaderos de Mas Miró hay este tipo de cactácea.

Miró consideraba su taller como un huerto y, según él mismo explicaba: «Siempre trabajo en muchísimas cosas a la vez. E incluso en dominios diferentes: pintura, grabado, litografía, escultura, cerámica». En un principio, durante los años 1920, cuando se relacionaba con el movimiento surrealista, había hecho puntuales incursiones en la escultura para conseguir una tercera dimensión en la pintura. En los años 1960 y 1970, en cambio, la escultura pasa a ser una disciplina artística más de su amplio repertorio. Miró empezó modelando cerámicas para fundirlas en bronce y acabó dando vida a los objetos que poblaban su estudio. Construyó nuevas figuras que acoplaba y fundía en bronce, y que solía pintar con una amplia gama de colores, si bien el que predominaba con frecuencia en sus personajes era el rojo.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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El mar

La naturaleza está impregnada de un flujo y reflujo incesante. No es monótona, sino que varía constantemente: un ir y venir que se manifiesta en el cambio de las estaciones, la alternancia entre el día y la noche o el movimiento de las olas del mar. Según Pau  Casals, la música participa de este movimiento natural. El sonido del mar fue constante música de inspiración desde su infancia:

«Los primeros recuerdos de mi vida están asociados al mar. Puedo afirmar que lo descubrí cuando aún era niño. Precisamente el Mediterráneo, cerca de El Vendrell, donde nací. Desde mi primer año de vida, mi madre comenzó a llevarme a orillas del mar, al pueblecito de Sant Salvador. […] Allí había una pequeña ermita […] románica. La luz se filtraba a través de las ventanas y el único sonido era el silbido del viento. Yo diría que aquel fue el inicio de mi vida consciente —el sentido de la luz del sol y el sonido del mar. A medida que fui creciendo, permanecía horas y horas contemplando el mar desde aquellas ventanas, maravillado al ver cómo se extendía interminable hasta el infinito, cómo las olas, incansables, avanzaban hacia la arena, y cómo las nubes componían formas cambiantes en el cielo. Es una visión que nunca ha dejado de cautivarme».

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El olivo y el aceite

Abundante en estas tierras, el olivo fue un árbol muy querido y emblemático para Picasso. En su casa de Notre Dame de Vie tenía olivos plantados y, como se recoge de la visita que le hicieron Joaquim Cortés y Joaquim Ferràs, el mismo Picasso afirma: «Mirad, este paisaje parece de vuestro pueblo, es empinado y está lleno de pinos. Y estos olivos, me dice siempre Dominguín, aquel torero amigo mío, que los corte porque me quitan la vista de la casa y, además, nunca me dan olivas. Pero yo no quiero, me gustan, me recuerdan a Horta».

El molino de aceite es otro de los elementos destacados para los hortelanos que Picasso plasmó en un cuadro. El molino de aceite en Horta era imprescindible para la gente dedicada al cultivo del olivo; en él, Picasso había merendado más de una vez pan tostado y aceite.

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Els Ports

Durante su primera temporada en Horta, Picasso y su amigo Pallarès fueron a visitar el convento de Sant Salvador, a la sazón aún habitado, y pasaron la noche en la cima de la montaña de Santa Bàrbara, en una cueva.

Este fue su primer contacto con la naturaleza ya que, con posterioridad, se adentrarían en el macizo de Els Ports durante unos días.

El convento de Sant Salvador y la montaña de Santa Bàrbara son un excelente mirador sobre la llanura de la Terra Alta, con vistas al verde mediterráneo tan característico, y a las montañas del Parque Natural de Els Ports.

La vegetación del lugar tiene un marcado carácter mediterráneo en que el verde apagado, casi grisáceo, de los pinos o la jara se ve solo alterado por pequeñas salpicaduras de color de la floración de hierbas y plantas, que aprovechan los escasos resquicios de vida para aferrarse a ella.

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La flor de hibisco

Hoy en día, en los jardines de Mas Miró aún podemos disfrutar de los hibiscos color rojo intenso que engalanan la fachada, entre otros arbustos y árboles como eucaliptos, laureles y algarrobos. Su flor encarnada aparece representada en varios bodegones de la primera época de Miró, como Bodegón con uvas (1920). 

Sabemos que la temporada que Miró pasa en París en 1920 le abre un mundo de nuevas ideas. En Mont-roig, con la excitante tranquilidad que le proporciona el campo, Miró se sumerge en el trabajo. Junto con La mesa (Bodegón del conejo), Miró realiza otra pintura, El caballo, la pipa y la flor roja. Cuando está a punto de terminarlos, el autor escribe al galerista Dalmau, con quien había realizado su primera exposición individual en 1918, y le cuenta que «En breve espero acabar dos telas que, me parece, le interesarán. Una debe de medir unos 80 x 90 cm y es: la esquina de una cómoda roja con un caballo flamenco encima, un libro, una pipa, una copa con una flor roja; pared del fondo blanca y azul, espejos reflejando el paisaje que se ve delante. Simple, sintética, vigorosa. He intentado ir a un arte puramente conceptual, que creo será el arte del futuro». 

Además del escritorio de tono rojizo en el que se inspira para el cuadro, aún se conservan algunos de los elementos originales que aparecen en la obra. El caballo se halla en el Mas y la página reproducida, que corresponde al libro Le Coq et l’Arlequin (El gallo y el Arlequín) de Cocteau con un dibujo de Picasso, actualmente se encuentra en la Fundació Joan Miró de Barcelona, en la biblioteca personal del pintor. Si nos fijamos en la flor, se trata de un hibisco, flor encarnada presente en muchos otros bodegones de Miró.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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La flor de la uña de gato

La flor de la uña de gato, que se puede encontrar en la comarca del Baix Camp y que muchos conocen como crespinell de Reus, guarda un parecido increíble con los pináculos de las Torres de los Apóstoles de la obra magna de Gaudí. Se menciona incluso en la web oficial de la Sagrada Familia: «Gaudí se inspiró en los tallos de la planta denominada Uñas de Gato (sedum nicaeensis) para los Pináculos de los Campanarios dedicados a los Apóstoles».

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La iglesia y el campanario

El campanario es uno de los elementos más emblemáticos de la Iglesia Prioral de Sant Pere, y Gaudí habla de él como modelo de campanario que concilia el uso religioso con el civil, como puesto vigía. Además de esta mención al campanario, cabe decir que Gaudí recreó el diseño de su escalera interior, una escalera helicoidal de eje vacío, en las escaleras de acceso a los campanarios de la Sagrada Familia, tal y como recoge el arquitecto Cèsar Martinell en la monografía que dedicó al genio. En toda la construcción predomina un color ocre amarillento pálido muy característico de la piedra de la ciudad de Reus.

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La luz mediterránea

La luz brillante y dorada del Mediterráneo ha inspirado toda la obra de Gaudí por su efecto mágico y místico. El genio siempre observó con minuciosidad el potente efecto de la luz en los elementos de la naturaleza: su juego de luces y sombras; la manera en que la distancia se acortaba o alargaba como un efecto óptico; los tonos del mar, que en todas sus capas y profundidades se volvían infinitos, así como el agua de las balsas o las fuentes.

Asimismo, estudió sus características para potenciar la luz natural en los edificios a través de innovadoras soluciones técnicas de su creación, como el helicoide y el hiperboloide, síntesis del movimiento y la apertura hacia la luz natural, creando ondulaciones y claraboyas que repartían los rayos del sol y la luz por las estancias, como en la Casa Vicens o Batlló.

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La Montaña de la Roca y el Areny

La montaña de la Mare de Déu de la Roca destaca durante todo el camino, con su color rojo, en contraste con la ermita de Sant Ramon, blanca y suspendida de la roca roja, y constituye uno de los referentes visuales de mayor entidad de todo el entorno. Aun así, en este espacio, y en todo el paisaje de Mont-roig, también encontramos los colores mediterráneos de Miró… Salpicado de verde por los agaves, con sus flores amarillas en la parte inferior y el cielo de fondo, el paisaje hace visibles los cuatro colores primarios del artista. En segundo plano, los contrafuertes de las sierras de Riudecanyes y Escornalbou conforman el fondo escénico, en el que se identifican claramente la mola (muela) de Colldejou, la montaña Blanca y el castillo del monasterio de Escornalbou, todo un paisaje con las mismas características geológicas comunes de roca granítica y tierra arenisca de tonos rojizos.

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Las baldosas de la bodega y el taller de Mas Miró

El taller de Mas Miró se conserva tal y como lo dejó el artista en 1976, último año en que veraneó en Mont-roig. De hecho, aún podemos ver una réplica del calendario original que tenía colgado en la pared y que muestra la página de septiembre de 1976, el último período en que Miró trabajó allí. En él se hallan pinceles, utensilios, hallazgos y elementos varios que Miró utilizaba como fuente de inspiración. Cualquier cosa podía suponer un punto de partida. Su atmósfera creativa perdura y su bata aún conserva restos de pintura. Las pinceladas en el suelo dan fe de su energía. Los dos grafitos en las paredes, esbozos para esculturas, son creaciones puras de gran sinceridad y síntesis expresiva. Para la concepción del taller, Miró partió de la idea de que, como espacio de trabajo, tenía que ser de gran austeridad, como la celda de un monje. Pidió que la disposición de las ventanas le dejara ver el paisaje mientras trabajaba, y que la luz entrara bañando las esculturas desde todos los ángulos, como si estuviera trabajando en mitad del campo. El suelo del taller nos muestra la importancia del rojo entre sus fuentes de inspiración. Es un lugar sumamente especial y estudiado hasta el último detalle, con la presencia destacada del suelo de ladrillo color bermellón que resalta en el ambiente de la estancia. También ocurre en la bodega, donde conservaba las botas de vino rancio que a menudo ofrecía a amigos y familiares, a quienes explicaba el proceso de fabricación en las cartas que intercambiaban antes de sus visitas.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

Líquenes

En general, podemos decir que la naturaleza que rodeaba a Gaudí en las temporadas que pasaba en Riudoms se teñía de un tono amarillento, sobre todo en las épocas más secas o invernales. En este entorno rural, destacan los líquenes, simbiosis de hongo y alga, que crecen en las piedras o en las cortezas de los árboles de la riera de Maspujols y tierras adyacentes, pues presentan rugosidades y adoptan formas muy especiales, así como tonalidades que varían a lo largo del año y van pasando por toda la gama de amarillos. Con toda seguridad, dichos líquenes inspiraron los ricos motivos vegetales de las obras arquitectónicas de Gaudí; entre otros, las flores y relieves de la fachada de la Casa Vicens o las combinaciones de texturas logradas mediante el uso de materiales singulares del Park Güell.

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Los bordados florales de Mas Miró

Entre los objetos que se conservan en la residencia y el taller de Miró en Mont-roig, el mobiliario desempeña una importante función ya que, en sus inicios, era fuente de inspiración recurrente para sus creaciones y, entre las tonalidades, siempre hay algún detalle relevante que nos lleva al rojo. Por ejemplo, se observa un puf o escabel cuyo cojín está bordado con flores (rosas rojas) y una colorida mariposa. Reposa sobre tres patas con ruedas y está rematado por un ribete de flecos que las cubren. El puf se halla en la sala noble de Mas Miró; concretamente, delante del sofá y las butacas de la estancia. En algunas fotografías antiguas del mas, podemos verlo situado en un saloncito de la misma planta. En el cuadro Desnudo con espejo de 1919, aparece una mujer desnuda sentada en él con un espejito en la mano. Muy probablemente, el autor pintó dicho cuadro durante el verano del mismo año en la finca. El mismo bordado se aprecia en uno de los cojines del mobiliario conservado en el saloncito de Mas Miró. En el salón, ubicado en el primer piso del edificio residencial, también se respira este ambiente de cálidos tonos rojizos y rosados. Es una estancia que cuenta con una decoración noble y un mobiliario de estilo alfonsino.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011(Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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Los campos de cultivo

Hoy en día, el paisaje constituye un mosaico agroforestal formado por campos de olivos, viñas, almendros y sembrados, enmarcados a los pies de las elevadas paredes de Els Ports. Estos abruptos relieves, con sus vistosos pliegues, contrastan cromáticamente con las franjas forestales que se intercalan y los cambios estacionales de la viña, los cereales o la floración de los almendros.

El mosaico de los campos de cultivo y su variedad de colores: ocres, verdes y grises (según la estación), conforman un lienzo cubista; colores que fueran característicos de las obras de Picasso y otros artistas de la misma corriente.

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Los plataneros de la Boca de la Mina

Gaudí solía referirse al eucalipto que veía a través de la ventana de su estudio diciendo: «Este árbol cercano a mi obrador, éste es mi maestro». Hacía el paralelismo entre la estructura de un árbol y las columnas de la Sagrada Familia. «La construcción tiene por objeto librarnos del sol y de la lluvia: es imitada por el árbol, ya que éste es un captador de sol y lluvia. La imitación llega hasta los elementos, pues las columnas fueron primero árboles; y más tarde vemos como los capiteles se ornamentan con hojas». Por lo tanto, las raíces se convierten en fundamentos, el tronco en la columna, los nudos de los árboles son los capiteles, las ramas, las columnitas superiores, y el follaje se observa en la bóveda o cubierta de la construcción. A través de la fronda de hojas se ve la luz del sol durante el día y, de noche, las estrellas del firmamento. Los capiteles o nudos de la columna son el elemento de transición entre el tronco y las ramas. De igual modo, en los plataneros, para curar la herida producida al cortar una rama, nace un reborde, y Gaudí lo incorpora en los capiteles de la Sagrada Familia.

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Los soles de Miró

Los soles tienen una gran relevancia, sobre todo en la época tardía de la obra de Joan Miró; se representan en forma de manchas de color de un rojo intenso en muchas de sus obras. De hecho, tal y como decía el escritor David Fernández Miró sobre la obra de su abuelo Joan: «Todo el universo importa, desde una piedra hasta el sol, desde una brizna de hierba a sus queridos algarrobos, desde el insecto hasta el águila. Cualquier cosa, por insignificante que sea, se puede convertir en mironiana».

El crítico de arte Alexandre Cirici explicaba el sol y la luna de Miró como presencias, más que como símbolos, donde destacaba el sol quizá por su carga de energía positiva: «De una manera privilegiada, entre los astros aparecen el Sol y la Luna, temas tan importantes que a menudo pueden ser considerados como un distintivo de la obra mironiana. El Sol tiene una larga tradición simbólica en el arte mundial, pero debe admitirse que para Miró no aparece como símbolo, sino como presencia, una presencia que, como la de las estrellas, no es visual sino táctil. Los soles de Miró son como un gran globo, suspendido en el aire, a menudo de una estructura que expresa su carácter material mediante un perfil irregular, ligeramente aplastado, como de patata. El color más típico de estos soles es el rojo, que no corresponde a la visión dorada del astro sino más bien a la presencia táctil del sol como fuente de calor, sensible a través de la piel».

Amén de las pinturas en que el sol se muestra como una gran mancha encarnada, podemos destacar los murales cerámicos El Sol y La Luna hechos por encargo de la UNESCO entre 1956 y 1958. Dos obras de gran formato creadas con baldosas de cerámica de medidas, texturas y colores varios. «La idea de un gran disco rojo intenso se impone para el muro más grande», dijo Miró.

Tonos azules en El Vendrell

En el núcleo de Sant Salvador abundan los tonos azules en la mayoría de edificaciones y el paisaje marinero en general. Podemos ver viejos almacenes vinculados al comercio del vino y aguardiente que existían en la época de niño de Pau Casals, algunos de ellos reconvertidos en residencias de la burguesía vitícola que aún perduran. Asimismo, el bar restaurante El Casinet mantiene el edificio que, en la época de Casals, era un almacén de botas. 

Tanto en la casa de la playa, hoy Museo Pau Casals, como en la Casa Natal de El Vendrell (de paredes de un azul intenso, o mobiliario tradicional pintado de azul en la cocina), también predominan los tonos azulados de ambiente marino. Asimismo, el azul se destaca en la gran arcada del edificio renacentista conocido como la Casa del Pardo, sede de la Fundació Apel·les Fenosa. Este museo fue la casa taller de verano del escultor, que la adquirió en 1957.

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