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Gaudí: biomimética

«Observando tiestos de flores, rodeado de viñas y olivares, animado por el cloquear de las gallinas, el canto de los pájaros y el zumbido de los insectos, y con las montañas de Prades al fondo, capté las más puras y placenteras imágenes de la Naturaleza, que siempre es mi maestra». (A. Gaudí)

Es evidente que Antoni Gaudí ya hablaba en los siglos XIX y XX de inspiración natural, que reconocemos en el ámbito estético, en las formas y volúmenes característicos de sus obras, y en la construcción técnica de sus edificios, a fin de hacerlos más sostenibles en todos los sentidos. Por ello, podemos hablar de Gaudí como precursor de la biomimética.

Gaudí dibujaba la estructura de plantas y flores en sus cuadernos, en los que hablaba de ornamentación en la arquitectura. Archivo Instituto Municipal de Museos de Reus (IMMR)

La naturaleza es una fuente infinita de soluciones que nos lleva millones de años de ventaja en el desarrollo y optimización de los elementos. Gaudí lo tenía presente y así se refleja en muchas de las aplicaciones en su obra: «El gran libro, siempre abierto y que hay que esforzarse en leer, es el de la naturaleza». El genio se inspira en las formas surgidas a partir de la geología de las montañas de tierra arenisca y roja del Camp de Tarragona, en las texturas de los líquenes aferrados a las piedras y a la corteza de los árboles, en el equilibrio de los troncos de las palmeras y las hojas del palmito, en los tallos y flores de la uña de gato, en las tonalidades de las escamas de los peces y las ondulaciones de las aguas, en los volúmenes de las conchas de los caracoles, en los pinos doblegados por el viento y sus piñas, así como también en los utensilios creados a mano por los artesanos.

En lo que a soluciones técnicas se refiere, empleó los arcos catenarios que creó de manera sencilla mediante la observación directa de pesos colgantes, con el fin de potenciar las superficies más simples posibles, como en el caso del helicoide y el hiperboloide, síntesis del movimiento y la apertura hacia la luz natural. Igualmente, en la Sagrada Familia, empleó pilares de estructura arbórea que supusieron un gran ahorro de materiales, o torres diseñadas de forma aerodinámica para reducir el impacto del viento. En las casas Vicens o Batlló, creó formas y geometrías inspiradas en las plantas que reducían el consumo de energía mediante la construcción de ventanales o claraboyas que repartían los rayos del sol y la luz por las estancias. En la casa Milà, aplicó aislamiento térmico a las plantas de los edificios e impulsó la ventilación natural. En varios edificios, incluso, recicló materiales procedentes de los residuos de construcción para crear elementos nuevos, como el trencadís (técnica gaudiniana de mosaico realizada a base de fragmentos rotos de cerámica), a la vez que utilizó materiales locales y de bajo coste. Finalmente, construyó edificios adaptados al clima mediterráneo y montañoso a través de soluciones sostenibles que regulaban la temperatura.

Igual que en el medio natural, el genio tenía presente la optimización de materiales y la adaptación a los resultados, por lo que el arquitecto mantenía una vigilancia férrea y tomaba constantes decisiones durante las obras. En un principio, podría decirse que la inspiración de Gaudí era de carácter estético y filosófico, de respeto y devoción por los elementos naturales. Sin embargo, al revisar los principios actuales de sostenibilidad, se puede comprobar que, en el fondo, había una voluntad de optimizar recursos y trabajar a favor del medio y de la reducción de costes. De hecho, el principio de eficiencia estructural rige el mundo natural por definición y hace posible la belleza; en la naturaleza, forma y función son inseparables.

 

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Gaudí: coll (collado) de la Desenrocada y Escornalbou

«No hay línea recta en la naturaleza, ni en los cuerpos de las plantas ni en los árboles». (Gaudí entrevistado por J.F. Ràfols, 1908).

En 2020, Jaume Massó, arqueólogo e historiador asesor del Gaudí Centre, hacía un resumen preciso de la inspiración natural y los elementos vegetales en la obra de Antoni Gaudí en un antiguo post de nuestra página web:

«La etapa de la infancia y adolescencia en Reus sin duda sería muy importante en la formación del genio creativo de Gaudí, tanto por su primer contacto con la arquitectura y el patrimonio como por la observación de la naturaleza y sus elementos. Desde el centro de la ciudad podía ir fácilmente a pie a los campos de cultivo y huertos que en aquella época la rodeaban, igual que hacía durante las visitas a la cercana ciudad de Riudoms, de donde era su padre y donde la familia tenía tierras. En este paisaje mediterráeno no es difícil imaginar al niño Gaudí descubriendo plantas y flores, sorprendiéndose ante insectos y criaturillas, observando cómo los pájaros construían sus nidos y explorando el terreno entre los cañizares y las rocas de las rieras.

»Posteriormente, ya a principios del siglo XX, Gaudí conoció otros parajes de la comarca que, por su singularidad, captaron su atención. Lugares como el coll (collado) de la Desenrocada, entre los municipios de La Argentera y Vilanova d’Escornalbou, desde donde se pueden observar impresionantes formaciones rocosas, habrían inspirado algunos elementos más emblemáticos de la obra más conocida de Gaudí.

»La influencia de la naturaleza y los elementos vegetales es compartida con otros arquitectos coetáneos de Gaudí, contextualizados en el movimiento que se conoce genéricamente como Art Nouveau en Europa y Modernismo en Cataluña. En el caso de Gaudí, esta mirada hacia la naturaleza a menudo va mucho más allá de las artes decorativas y se convierte en fuente de inspiración para la estructura de sus grandes creaciones».

De hecho, el descubrimiento de este vínculo con el territorio próximo al Baix Camp se publicó en la revista Sàpiens en el número del mes de julio de 2016, tras un año y medio de investigaciones a cargo de la arqueóloga Paula Santamaría y el profesor de ingeniería de la UPC Josep Pedret que el mismo Jaume Massó avaló. 

En dicha publicación se identifica el paraje montañoso del coll de la Desenrocada, situado entre los términos municipales de La Argentera y Vilanova d’Escornalbou, como el espacio natural que inspiró muchas de las obras y formas que creó Gaudí. La forma de las rocas, el juego de luces y sombras, son fuente de inspiración. La Cova dels dos Ulls (Cueva de los dos Ojos) recuerda claramente las balconadas y chimeneas de la Pedrera; asimismo, hallamos rocas que han inspirado el dragón o los pilares del Park Güell. En cuanto a la Pedrera, aún encontramos más analogías entre dicha obra y las estructuras alveolares grabadas por la erosión del viento en las rocas areniscas de color rojizo de la zona. Dichas estructuras están también presentes a los pies del castillo monasterio de Escornalbou y en el paisaje natal de Antoni Miró, como la ermita de la Mare de Déu de la Roca de Mont-roig del Camp, así como en el espacio natural de L’Areny.

De hecho, desde este paraje se pueden contemplar unas vistas privilegiadas de dicho castillo, situado en el término municipal de Riudecanyes y datado de los siglos XII y XIII. Este impresionante conjunto arquitectónico está vinculado al gran amigo de infancia de Gaudí Eduard Toda, con quien elaboró un proyecto de restauración del monasterio de Poblet que el mismo Toda llevó a cabo entre 1930 y 1940, durante su presidencia en el Patronato del Real Monasterio de Santa Maria de Poblet. A principios del siglo XX, el Toda diplomático, arqueólogo y egiptólogo, que había viajado por todo el mundo e incluso sabía descifrar jeroglíficos, adquirió y restauró Escornalbou y, con el tiempo, lo transformó en una joya cultural, con colecciones de arte, objetos antiguos y una biblioteca inmensa (alcanzó las sesenta mil referencias) de valor incalculable. Toda instaló su residencia en 1918 en el castillo y, al parecer, cuando Gaudí iba a visitarlo se sentaba a dibujar los elementos geológicos y los sorprendentes volúmenes de las Montañas de Prades.

 

PROPUESTAS

Os recomendamos la lectura de la novela Retorn als orígens, de Sònia Casas, que ganó el premio Nèstor Luján, inspirada en la investigación científica de Gaudí y el coll de la Desenrocada. También os proponemos las rutas y actividades lúdicas para toda la familia relacionadas con este libro y el castell d’Escornalbou en Escornalbou.cat.

Otro imperdible es el documental Les set vides d’Eduard Toda, de Ramon Masip, Toni Orensanz y Manel Vinuesa (Making Movies, 2016), disponible en la Filmoteca de Catalunya.

 

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EL ARLEQUIN GAUDI

Gaudí: juventud

En 2020, Jaume Massó, arqueólogo e historiador asesor del Gaudí Centre, hacía un escrupuloso resumen de los lazos  de Antoni Gaudí con la ciudad de Reus en un antiguo post de nuestra página web. El mismo autor detalla las aventuras culturales de Gaudí adolescente en varios artículos y publicaciones. Además, comenta Massó: «En Reus están depositados algunos de los escasos objetos que se conservan de Gaudí, gracias a la donación que realizó el arquitecto Domènec Sugrañes en 1933 al Museo de Reus (Museo Salvador Vilaseca): varios objetos personales y documentos relacionados con la vida del genial arquitecto».

Una de las experiencias destacables de la juventud de Gaudí tuvo lugar durante su último curso en las Escoles Pies (escolapios) de Reus (hoy IES Salvador Vilaeca), con quince años, cuando editó una revista manuscrita junto con sus amigos Eduard Toda y Josep Ribera: El Arlequín. Gaudí participó con las ilustraciones. En total, se publicaron doce números divididos en dos etapas. En la primera (de noviembre de 1867 a enero de 1868), formada por nueve números, se subtitulaba como «periódico serio-burlesco». Los artículos eran de tono cultural e iban acompañados de poemas románticos o humorísticos. En la segunda (de octubre a diciembre de 1868), a partir de la revolución de Septiembre y con tres números más, El Arlequín se subtitulaba «periódico del matiz que le dé la gana». Con un giro radical en lo que a contenidos se refiere, la publicación adquirió un marcado tono político de tendencia anticlerical y antiborbónica. Ya no se aprecia la colaboración gráfica de Gaudí, por lo que no sabemos hasta qué punto estaba involucrado intelectualmente.

Como Massó documenta, el anticlericalismo de los redactores de El Arlequín queda reflejado en el artículo «La libertad de cultos», número 9 bis (1 de octubre de 1868) en el que se defendía uno de los dieciséis puntos del programa de la Junta Revolucionaria de Reus:

«Uno de los principios, proclamados por nuestra sacrosanta revolución iniciada en la inmortal Cádiz, ha sido la libertad de cultos. ¿Qué es esta? Una facultad por la cual todo ciudadano puede profesar la religión que más le acomode y dar á ella culto sin temor de ser molestado por nadie. No comprendemos porque hay algunas almas timoratas que al oír hablar de la libertad de cultos, se escandalizan y claman que esta es asesinar a la religión católica. Antes al contrario porque con la antedicha libertad desaparecerán para siempre esta caterva de serviles hipócritas que so capa de religión engañan á todo el mundo. Además el estado, como estado, ha de ser ateo ó indiferentista porque al apasionarse este en alguna religión ya hace daño á las otras, ya mata la libertad de cultos. Mirad la Historia. Mirad á Sisebuto, á Chintila, á Tulga, los que obligaron por fuerza á alejar a los moros de España, y con ellos la riqueza y fertilidad. Mirad el fruto que sacó España de ser ellos, como reyes, católicos. Mirad sus sucesores que bien nos han traído con sus inquisiciones, su superstición y su intolerancia religiosa. Así pues clamemos con todas nuestras fuerzas para que desaparezca esta raíz de fanatismo, arraigada en algunos pocos corazones y comprendan los españoles que jamás podremos gozar de completa libertad, sino existen planteados estos dos principios. Libertad de cultos. Estado Ateo».

Tanto el tono como el contenido de la publicación se tienen que entender como el fruto de una época así como el trabajo de unos adolescentes (lo dejan claro el lenguaje y el humor utilizados). Con todo, el periódico es una clara muestra de las inquietudes y el carácter de sus autores, de una actitud resuelta que los llevará, con toda seguridad, a destacar entre sus compañeros y a llegar lejos en sus respectivas trayectorias.

  

Proyecto de restauración de Poblet

En su juventud (1869), Gaudí participó en la elaboración de un proyecto de restauración del monasterio de Poblet junto con sus amigos Eduard Toda (futuro diplomático y egiptólogo) y Josep Ribera (futuro cirujano), de quien partió la idea tras sus años de residencia en L’Espluga de Francolí. No era un proyecto menor: tenían una idea muy clara y decidida sobre la forma de incorporar a Poblet iniciativas de gestión cultural innovadoras y plenamente vigentes. En palabras del mismo Toda, en un artículo aparecido en el periódico El Matí en junio de 1936, con motivo de la publicación del suplemento en homenaje a Gaudí:  

«Nos distribuiríamos las tareas. Gaudí se encargaría de levantar muros, rehacer tejados, reconstruir bóvedas y tapar las minas y agujeros abiertos por los buscadores del fantástico tesoro del monasterio escondido por los monjes. Ribera relataría los hechos y las gestas de la historia del lugar para despertar los sentimientos de los catalanes en favor de la reconstrucción. Toda reuniría el Archivo y la Biblioteca y, además, escribiría un libro que, impreso y vendido a seis cuartos (treinta céntimos) el ejemplar, proporcionaría los primeros medios para empezar la obra.  No dudábamos de nada, en la joven ilusión de nuestros años de primavera».

Cuando sus carreras profesionales los separaron, intercambiaron correspondencia al respecto durante varios años. Más adelante, Toda llegó a ocupar la presidencia del Patronato del Real Monasterio de Santa Maria de Poblet y, cuando rebasaba los ochenta años de edad, contribuyó a la restauración de este gran monumento histórico.

 

Boletín de la Associació d’Excursions Catalana (1882-1883)

Las aventuras culturales de Gaudí y su gran amigo de la infancia Eduard Toda se sucedieron a lo largo de su vida, como lo demuestran las distintas actividades que se han podido documentar en las que participaron junto con la asociación excursionista que reunía a personalidades e intelectuales de la época bajo el denominador común de la catalanidad.

Concretamente, visitaron a fondo las entonces ruinas del monasterio de Poblet —en compañía, entre otros, de Jacint Verdaguer— en mayo de 1882. Una crónica detallada de Àlvar Verdaguer (ingeniero y librero) cuenta que los expedicionarios fueron un total de veintinueve, llegados de muchos rincones de los Països Catalans, y que la iniciativa del viaje a Poblet y Santes Creus surgió durante un encuentro en Montpellier con motivo de la fiesta literaria de felibres y catalanes. 

El itinerario empezó en Tarragona y recorrió L’Espluga de Francolí, Poblet, Valls y Santes Creus antes de culminar de regreso a Tarragona, cuyo Museo Nacional Arqueológico conserva las firmas de tan ilustres visitantes. Realmente vale la pena leer un fragmento de la crónica que describe la fiesta nocturna que vivieron en Poblet:

«Después de cenar fue cuando se organizó la visita nocturna a las ruinas. Gracias al amigo Gaudí, parco en palabras y activo cuando se presenta la ocasión, podíamos contar con todo lo necesario para nuestro objeto, como eran hachas y luces de Bengala, que en cantidad suficiente se había cuidado de procurarnos.  | Con su cooperación, así pues, y la de los artistas Brel y Baixeras pudieron conseguirse efectos realmente mágicos y cautivadores. La fantasía campaba desbocada a impulsos de aquellos cambiantes efectos de luz de varios colores, que contrastaban con la negrura de los lugares sumergidos en la oscuridad, y reproducían tan pronto la rojiza y viva luz del incendio como los rayos argénteos de la luna llena, viéndose circular por doquier, en continuo movimiento, la luz de las hachas que guiaban a los expedicionarios por las distintas dependencias del monasterio. | Una vez satisfecha la imaginación, el entusiasmo artístico fue cediendo al sentimiento poético, y finalmente el fervor religioso se adueñó de todos los corazones cuando el canónigo Collell, situado en mitad del desmantelado presbiterio, teniendo a su lado al Reverendo Verdaguer y alrededor al resto de la comitiva, iluminando este cuadro la luminosidad de las hachas, entonó con voz majestuosa la Salve Regina, que presto encontró el eco entre los concurrentes. Terminada esta, se pusieron todos en marcha, y se rezaron las letanías en grave y ordenada procesión que iba recorriendo el claustro. ¡Quién sabe si los respetables restos de los que allí aún yacen se estremecieron de placer en sus tumbas al son de las fervientes voces de quienes por ellos rezaban! ¡Quién sabe si por las casas de los aledaños hubo algún anciano, que al despertar, oyendo aquellas graves salmodias, y viendo el resplandor que trascendía por los ventanales, creyera encontrarse aún en la época viviente y esplendorosa del viejo monasterio!».

Hubo otras excursiones en 1883 y, asimismo, se ha reseñado la participación en un importante concurso literario con motivo de las fiestas de Morunys de la Marenda, con varios escritores y excursionistas catalanes: Alexandre de Riquer, Emili Vilanova, Narcís Oller, Jacint Verdaguer, Àngel Guimerà, Eduard Toda y Antoni Gaudí, entre otros. Otras actividades en las que coincidieron ambos amigos fueron la colaboración en la nueva etapa de la Revista del Centre de Lectura, en el periódico reusense Las Circunstancias o en la Associació Catalanista d’Excursions Científiques.

 

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Gaudí: Modernismo rural

¿Sabíais que el Modernismo que cambió las ciudades de la época de Gaudí, Miró, Casals y Picasso tenía una corriente rural?

Si Joan Fuster, escritor valenciano, hablaba del esplendor económico “de la naranja”, aquí podríamos hacer referencia a la prosperidad “de la viña”. 

A esa pujanza contribuyó, ciertamente, la confianza que la moderna burguesía de la época depositó en una serie de arquitectos geniales fieles a una tradición artística pero abiertos a crear nuevos lenguajes estéticos. De este modo, recurriendo a materiales a menudo reciclados, dichos artistas apostaron por la vuelta a los orígenes y la autenticidad, que plasmaron en grandes masías, bodegas cooperativas o ermitas. Por ejemplo, Josep Maria Jujol, destacado colaborador de Gaudí, ideó un lenguaje muy personal, a la medida de los pueblos rurales en los que trabajaba, empleando materiales propios del campo y adaptando los usos de sus construcciones al clima y a las cosechas.

La imagen del santuario de Montserrat de Montferri, obra del mismo arquitecto, desde los campos que lo rodean, con las viñas a sus pies y la figura de tan singular ermita, muestra la unión de arquitectura y naturaleza. También constituye una buena síntesis de la lucha a contracorriente de las ideas del artista, que desea hacer avanzar su sociedad con los pies bien asentados en la tierra. Este principio, en el ámbito literario catalán, es una característica definitoria de la novela modernista y, sin lugar a dudas, uno de los valores que unen el pensamiento de las cuatro figuras del Paisaje de los Genios.

 

PROPUESTAS

– La Ruta Jujol de turisme slow (premiada como proyecto dirigido al colectivo senior por  Redel Rural Silver)

– La Secret Box de Jujol en Montferri (una propuesta de turismo familiar ludificada)

Colaboradores de Gaudí: Jujol y Mani

Antoni Gaudí destacó la buena disposición para la plástica propia de los naturales del Camp de Tarragona, una zona caracterizada por la luminosidad de la atmósfera, la variedad del paisaje y la presencia del mar Mediterráneo. Eso mismo afirmaba Josep Maria Jujol (1879-1949) a sus alumnos de la Escola d’Arquitectura y la Escola del Treball (trabajo) de Barcelona: «Los naturales del Camp de Tarragona perciben la belleza con mayor claridad que los barceloneses».

Como escribe Gijs van Hensbergen, biógrafo de Gaudí, la influencia de Reus en el arquitecto nunca se desvaneció: «Basta con comprobar el gran número de sus colaboradores que procedían de Reus y Tarragona para comprender la fuerza de sus raíces».

Jujol, como colaborador destacado, participó en su obra con personalidad propia. El arquitecto Gaudí le confió la proyección de parte de su trabajo con absoluta libertad creativa. A partir de 1904 colaboró con Gaudí en el diseño de: la fachada principal y el mobiliario de la Casa Batlló (1904-1906); las barandillas de hierro forjado y algún techo de la Casa Milà (la Pedrera) (1906-1910); el banco de trencadís (técnica gaudiniana de mosaico realizada a partir de fragmentos rotos de cerámica) y los techos de la sala hipóstila del Park Güell (1900-1904) o la catedral de Palma, en Mallorca (1909-1910), entre otros.

Desde la Fundació Trencadís, Josep Mª Buqueras hace un análisis preciso sobre el tema: 

«Jujol contextualiza sus obras siempre en el territorio, de manera contundente. Trata al Camp de Tarragona con una naturalidad y una familiaridad que nunca antes se han dado. Este territorium tarraconense es un gran llano en forma de semicírculo, limitado a ambos lados por las montañas (sierras de L’Argentera, Colldejou y Llaberia; las montañas de Prades y la sierra Miramar, el Montagut y el Montmell) y la mar. Jujol entiende que el Camp se construye a partir de los materiales que se hallan en el suelo. En Vistabella el material es la piedra del margen, el residuo de la labranza en el campo, y en Can Bofarull dels Pallaresos encontramos estas mismas piedras secas del margen coronando la cima de la casa solariega o los arcos del lavadero, pero también encontramos un material de desecho que se encuentra en el suelo: trozos rotos de baldosas o platos o, incluso, desde algún botecito de perfume a un porrón, que revisten la base del ángel custodio.

»La arquitectura de Jujol es como la Gesamtkunstwerk alemana, es decir, […] es una obra de arte que utiliza todas o muchas formas de arte. Su espíritu creativo y poliédrico recorre todos los aspectos y detalles, tanto en su concepción como también, y especialmente, en su ejecución material. La interdependencia y solidaridad entre las artes es heredera del modernismo, fructífero período en que una larga nómina de artistas desdibujan las fronteras entre las artes».

Desde Territori Jujol, se quiere difundir su obra a partir de la investigación:

«La obra de Jujol no es muy conocida; se suelen conocer cuatro o cinco obras como máximo, y en numerosas publicaciones se repiten siempre las mismas imágenes. Las obras más conocidas de Jujol son las de Barcelona y Sant Joan Despí, pero las de su tierra de origen, el Camp de Tarragona, son las grandes desconocidas; habiendo realizado 63 obras, apenas se conocen dos.

»Jujol no se entiende como creador si no se entiende su tradición. Quiso transformar la tradición viva que le transmitieron sus maestros, sobre todo Gallissà y Font i Gumà, con quienes trabajó, pero también Gaudí, con quien colaboró ya más maduro. Jujol recoge esta tradición, entendida como un oficio, y se la apropia. Consigue entender cómo se usan las técnicas que dominan los artesanos de la época para dotarlas de formas y usos que sólo él piensa. Es diferente, así pues, trabajar en Barcelona con los materiales más modernos que se pueda imaginar, con trabajadores que los dominan, que hacerlo en Els Pallaresos, por ejemplo, donde las limitaciones técnicas de los obreros y los materiales son manifiestas. Jujol no impondrá aquí una manera de proceder disruptiva sino, más bien, dará continuidad al mundo que heredó y lo transformará. No quiere hacer del suyo un mundo internacional; quiere proseguir con uno local como se hace con los oficios, desde el afecto».

La obra de Jujol es inclasificable. Participó en movimientos artísticos como el surrealismo y en el uso de lenguajes abstractos y no figurativos. De sus obras en la provincia de Tarragona, destacan la ermita de Montserrat, en Montferri (1926-1931 y posteriormente); la iglesia del Sagrat Cor (Sagrado Corazón), en Vistabella (1918-1924); la reforma de la Casa Bofarull (1913-1931), en Els Pallaresos, o el Teatre Metropol, en Tarragona (1908-1913).

 

En el campo de la escultura, otro modernista aparte fue Carles Mani (Móra d’Ebre, 1866 – Barcelona, 1911), también colaborador de relevancia en múltiples obras de Antoni Gaudí. Los presentó el escritor Joaquim Casas-Carbó y Gaudí se interesó mucho por la obra escultórica de Mani, que fue incorporado al equipo de colaboradores habituales.  Al parecer, el primer trabajo que le encargó fue el original Cristo del oratorio de la Casa Batlló (1906). Por otro lado, su obra Los degenerados causó un gran impacto y desconcierto en la Exposición Internacional de Arte de Barcelona de 1907 por su marcado expresionismo; Gaudí había mediado para situarla en un lugar preferente.

Mani se integró decididamente en el equipo de trabajo de la Sagrada Familia, donde retocó grupos escultóricos y, sobre todo, participó en la maqueta policromada de la fachada de la Natividad, que se envió a París para ser expuesta en el Salon de la Société Nationale des Beaux-Arts (Sociedad Nacional de Bellas Artes) en 1910. En fecha no precisada, pero en los últimos años de vida del artista, Mani diseñó una tumba, más arquitectónica que escultórica y muy gaudiniana en sus formas, para la familia Monlleó en el cementerio de Móra d’Ebre. En sus últimos días, su mermada salud le llevó a recluirse en su casa del Park Güell; Gaudí no dejó de pagarle el sueldo.

 

Panteón de la familia Monlleó (obra de Carles Mani) en el cementerio de Móra d’Ebre

La Agencia Catalana del Patrimoni Cultural nos ofrece una propuesta de escapada en colaboración con la revista Descobrir, ¡una ruta imperdible del Modernismo de Jujol en la Costa Dorada!

BAIX PENEDÈS

Empezamos la escapada en El Vendrell con el objetivo de visitar la iglesia de Sant Salvador, que conserva en su interior el altar mayor y el baldaquino modernista de Jujol, inspirado en el estilo barroco y sustentado sobre unas magníficas columnas salomónicas.

ALT CAMP

Desde el Baix Penedès nos dirigimos al Alt Camp, donde nos espera una de las joyas del legado de Jujol, el santuario de la Mare de Déu de Montserrat, que corona la colina del Corralet de Montferri. Su estructura interior es espectacular, con ciento veinte arcos catenarios que recrean la forma de un barco, orientado para navegar hacia las montañas de Montserrat, la fuente de inspiración de Jujol.

TARRAGONÈS

Continuamos la escapada en el Tarragonès. Primero nos detenemos en el núcleo de Vistabella, en el término de la Secuita. La iglesia del Sagrat Cor (Sagrado corazón) es uno de los pocos edificios de nueva planta que Jujol hizo en el Camp de Tarragona, y prácticamente sin recursos: el terreno lo cedió una persona adinerada, las piedras que se utilizaron fueron las que se encontraban al labrar los campos y la mano de obra fue voluntaria. ¿El resultado? Un edificio con un pináculo visible desde toda la comarca. Acto seguido, en Els Pallaresos, visitamos la Casa Bofarull, que fue restaurando Jujol a lo largo de dieciocho años. Animales, flores y colores colman la decoración de la casa, un completo festival de elementos de la naturaleza que reivindica el entorno rural donde se encuentra la residencia. En el mismo pueblo, visitamos el Centro Jujol, ubicado en el antiguo ayuntamiento, y las antiguas escuelas. un edificio realizado por el mismo entre 1917 y 1920. Acabamos la escapada en la ciudad de Tarragona, en el Teatro Metropol, encargado a un joven Jujol que acababa de emprender su carrera como arquitecto independiente después de haber colaborado con Gaudí. Fue una apuesta arriesgada y acertada: el proyecto era muy imaginativo, inspirado en las olas del mar batiéndose contra un barco.

 

GUÍA PRÁCTICA

Iglesia de Sant Salvador
Pza. Vella, s/n, El Vendrell | 977680010 (Oficina de Turismo)
https://www.elvendrellturisme.com/es/ / https://museus.elvendrell.net/es/rutas/

(La ruta guiada «Descubre El Vendrell» incluye esta iglesia en su recorrido. La «Ruta Pau Casals» muestra el órgano que tocaba de pequeño en dicha iglesia.)

Santuario de la Mare de Déu de Montserrat
Ctra. T-204, s/n, Montferri | 621223815 (información y reservas)
montferri.altanet.org/santuari-mdd-montserrat

Iglesia del Sagrat Cor
Pza. del Doctor Gaspà Blanch, s/n, Vistabella (la Secuita) | 977611454 (Ayuntamiento)
lasecuita.cat

Casa Bofarull
Major, 11, Els Pallaresos | 602585251 (reservas, imprescindible reserva previa)
https://www.casabofarull.com/esp/

Centro Jujol
Major, 11. Els Pallaresos

Teatro Metropol
Rambla Nova, 46, Tarragona | 977250795 (Oficina de Turismo)
https://www.tarragonaturisme.cat/es

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Gaudí: vocación

En la genealogía de Antoni Gaudí i Cornet encontramos artesanos del oficio de calderero por parte de madre y padre. La familia paterna procedía de Riudoms, donde tenía una pequeña propiedad rural, el Mas de la Calderera (declarado Bien Cultural de Interés Local en 1993), que se abastecía de agua por una mina y donde se cultivaba huerta y viña; por ello, la familia iba a menudo cuando Gaudí era un niño. 

Sus padres se instalaron enseguida en Reus, en una casa de la calle de Sant Vicenç, donde tenían un taller de calderería. Del mundo del artesanado, sin duda, el artista aprendió el esfuerzo, la constancia y el rigor en el trabajo manual desde la infancia, así como los cálculos, las medidas y la transformación de los materiales y superficies en volúmenes, lo que impulsó su imaginación espacial, básica en arquitectura. Acumuló dichas aptitudes, así pues, por herencia.

Según su biógrafo y discípulo, el arquitecto Cèsar Martinell, así lo contaba el mismo Gaudí: 

«Tengo la cualidad de ver el espacio, porque soy hijo, nieto y biznieto de caldereros. Mi padre era calderero; mi abuelo, también; mi bisabuelo, también; en casa de mi madre eran caldereros; mi abuelo era botero (que es lo mismo que calderero); un abuelo materno era marinero, que también son personas de espacio y de situación. Todas estas generaciones de personas de espacio dan una preparación. El calderero es un hombre que de una plancha plana da un volumen. Antes de comenzar el trabajo tiene que haber visto el espacio. Todos los grandes artistas del Renacimiento florentino eran cinceladores, que también crean volúmenes de un plano; aunque los cinceladores no se separan mucho de las dos dimensiones. Los caldereros abrazan las tres, y ésto crea, inconscientemente, un dominio del espacio que no todos poseen».

Su familia era modesta, si bien económicamente independiente y con una elevada base cultural, siempre fundamentada en la lectura y los libros, que el propio Gaudí leía con avidez durante los largos períodos de enfermedad que a menudo le obligaban a permanecer en el mas de Riudoms, en contacto directo con la naturaleza. De camino al Mas de la Calderera, por el margen izquierdo de la riera de Maspujols y en dirección a la montaña, hay una pequeña arboleda llamada el pinar del Sec, escenario de los juegos infantiles del pequeño Anton. Mientras jugaba con las lagartijas, los caracoles y las plantas, Gaudí fantaseaba sobre leyendas épicas protagonizadas por estos personajes singulares. Según las anécdotas de que hay constancia, los vecinos se enfadaban con el pequeño Gaudí porque se dedicaba a desmontar los márgenes hechos de piedra y guijarros buscando bichos para jugar.

Probablemente, tanto la observación de los detalles del entorno natural del campo como su amplia cultura basada en los libros de que disponía y que, incluso, ponía en duda a partir de la observación directa fueron clave en sus aportaciones arquitectónicas posteriores. Por ejemplo, denominó tres superficies con nombres ingeniosos derivados de la botánica y de la fisiología: helicoide (que proviene del tronco del eucalipto y que Gaudí asimilaba al movimiento en la construcción de escaleras o columnas); hiperboloide (que constituye la forma del fémur y que Gaudí empleaba en bóvedas y ventanales para favorecer la luz natural en los espacios) y paraboloide hiperbólico (que representa la forma de los tendones de la mano y que Gaudí aplicaba en techos curvos y criptas, conocido como “silla de montar”).

Los espacios del paisaje urbano de Reus en que vivió Gaudí se extienden desde la iglesia Prioral de Sant Pere, donde fue bautizado en 1852, pasando por la casa y el taller de la calle de Sant Vicenç, las antiguas Escoles Pies o el paseo de la Boca de la Mina, hasta el Institut Pere Mata. Además de sus vivencias en dichos espacios, cabe destacar la influencia que tuvo en Gaudí el paisaje humano de una ciudad que, en su época y hasta mediados del siglo XX, fue mitad urbana, mitad campesina, abierta al campo y al mar, en un territorio del Camp de Tarragona rodeado de montañas. Reus era una confluencia de caminos «abierta a la condición humana en movimiento y actividad». Todo el mundo acudía a vender productos de la tierra de diversa índole y a abastecerse; al cercano puerto de Salou llegaban muchos barcos a cargar mercancías (aceite, almendras, avellanas, vino y aguardiente) y descargar otros productos, como pesca salada, café o cacao. De hecho, el comercio no se limita a la compraventa de bienes, sino que constituye un intercambio de ideas y sentimientos, la comunicación entre personas. Así pues, tanto la gente de mar como los comerciantes influyeron en el mundo creativo de Gaudí, sin olvidar al resto de oficios del mundo rural

En referencia al comercio, el propio Cèsar Martinell, afirmaba: «La arquitectura es plástica, ya que consiste en situar, como la política y el comercio. La arquitectura sitúa masas constructivas que distribuyen fuerza; es mejor político quien se hace cargo de la situación de las masas y fuerzas sociales; y el comercio no hace más que trasladar mercancías […] y situarlas en las mejores condiciones de venta. Quien es capaz de ver las cuestiones políticas y comerciales también ve la plástica».

Asimismo, Gaudí se sentía atraído por el mar de una manera trascendental, como recoge Cèsar Martinell: «En el agua ve, a la vez, las dos dimensiones de la superficie y la tercera dimensión de la profundidad, que refleja el cielo y, todo ello, en movimiento y de un bello colorido.» Gaudí defendía que los habitantes del Camp de Tarragona tenían «el sentido de la plasticidad» y añadía: «El mar, la luz mediterránea, dan esta admirable cualidad y es por esta causa que la realidad no nos engaña, sino que nos instruye». 

En definitiva, la herencia psicológica que recibió de Reus, como centro y exponente del Camp de Tarragona, población y mercado en que confluían quienes querían prosperar, es de gran importancia en su visión del mundo, así como los valores del mundo agrícola que aprendió de Riudoms, en el mas familiar. Allí descubrió la fuerza imponente de un solo árbol, no como parte de un bosque, sino como un ser capaz de crecer y producir por sí solo, o la capacidad de adaptación de los elementos naturales al medio. 

En el Riudoms de la infancia de Gaudí, destacan los tonos amarillentos de la brillante luz mediterránea, los campos de viña y cereales en otoño, los líquenes (simbiosis de hongo y alga) que crecen en las cortezas de los árboles o la flor de la uña de gato (conocida en la zona como crespinell de Reus) que, incluso, se menciona en la web oficial de la Sagrada Familia: «Gaudí se inspiró en los tallos de la planta denominada Uñas de Gato (sedum nicaeensis) para los Pináculos de los Campanarios dedicados a los Apóstoles».

Igualmente, podéis visitar la ruta urbana Gaudí en Riudoms, que incluye: la plaza de L’Arbre (proyectada por el arquitecto japonés Hiroya Tanaka), la casa solariega de los Gaudí en el Rabal de Sant Francesc (donde tenía la calderería su padre; actualmente un equipamiento cultural que se puede visitar), la plaza de L’Om o la estatua dedicada a Gaudí en la plaza de la Iglesia de Sant Jaume. Disponéis del recorrido aquí.

 

MÁS INFORMACIÓN

Gaudí Centre y oficina de turismo
Pza. del Mercadal, 3
43201 Reus
https://www.reusturisme.cat/ciutat-de-gaudi/gaudi-centre/ 

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+34 977 010 670

Casa Pairal de Antoni Gaudí
Raval de Sant Francesc, 14
43330 Riudoms
www.riudomsturisme.cat
promocio@riudoms.cat
+34 977 850 350

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