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Casals: coleccionista de arte y humanista

«Es por el color por lo que la pintura se acerca mucho a la música».

 

Pau Casals, como gran humanista y hombre de cultura, era consciente de la importancia de la proyección de su legado y, así, se convirtió en un gran coleccionista de arte. Como es notorio, recibió una formación que no se limitó a sus estudios de conservatorio, sino que incluyó todas las áreas del conocimiento, donde el arte ocupó un lugar destacado. Cada semana, las clases con su mentor, el conde Guillermo Morphy, incluían una visita al Museo del Prado que debía comentar por escrito. Muy pronto, despertaron su interés los coloristas de la escuela veneciana, especialmente Tiziano, y también Velázquez y Goya, así como la intensidad expresiva de El Greco.

Casals vivió una época en la que se promovían los lugares de encuentro de artistas de todos los ámbitos (poetas, pintores, músicos…) y la fusión de las artes en el modernismo. A pesar de ello, sus gustos eran tendentes al clasicismo, con preferencia por el arte figurativo. Así se materializó claramente en la década de los veinte y los treinta del siglo XX, cuando estableció su residencia en Cataluña, mientras culminaban las obras de remodelación de su casa de Sant Salvador del Vendrell. El genio reunió una colección artística extraordinaria adquiriendo obras puestas a la venta, por ejemplo, en exposiciones o subastas como las que se celebraban a menudo en la Sala Parés de Barcelona; también se relacionaba con numerosos pintores y artistas contemporáneos.

En las pinturas que forman la colección artística de Casals, destacan el tono azul y los ambientes marinos. Los tonos azules predominan principalmente en el fondo de la pieza más espectacular, y también la más atípica, que constituye, ciertamente, el conjunto de pinturas murales de Francesc Pla, El Vigatà. El artista creó esta obra magna hacia 1793 para la casa de Joan Ribera, situada en la calle Nou de Sant Francesc de Barcelona. En el año 1901 los murales fueron adquiridos por el conde Eusebi Güell, conocido como mecenas de Antoni Gaudí y hombre de fuerte sentimiento catalanista. Finalmente, Pau Casals los compró en 1934. En la actualidad, se pueden contemplar en una sala específica del museo. Se inspiran en temas extraídos de la mitología clásica (Las metamorfosis de Ovidio) con la presencia de Ceres y Mercurio en el techo, en una alegoría dedicada al comercio marítimo y al progreso. En los laterales, vemos representados temas amorosos con Apolo y Dafne o Venus y Adonis, entre otros. El azul impera igualmente en algunas pinturas de Joaquim Mir (1873-1940), como Roquisser (roquedal), Corral de carro o Calafell (todas de 1928).

En los amplios jardines de la Casa Museo podemos observar directamente el mar desde su mirador, así como admirar las variadas tonalidades de las plantas que rodean las esculturas de gran relevancia allí expuestas, como Apolo (1934) de Josep Clarà o el desnudo femenino Les flors (Las flores) (1925-1933) de Josep Llimona. Por motivos simbólicos, Casals tenía muy claro que Apolo debía presidir los jardines de Vil·la Casals. En aquella época también tenía muy presentes los motivos mitológicos del conjunto mural de El Vigatà, donde figura el dios helénico. Decía considerarlo un compendio de las mejores cualidades del hombre: dios de la música, de la poesía, de la medicina, de la armonía y un arquero protector de los marineros y caminantes contra el mal. Inicialmente, Josep Clarà encontraba la idea demasiado clásica para un escultor contemporáneo, pero el resultado, después de tres bocetos supervisados por el Maestro, resultó realmente impresionante.

Pau Casals también quisó proyectar al futuro su imagen pública a través de la creación de una colección de arte propia, como complemento a su legado de intérprete y compositor. A mediados de la década de 1930, la Vil·la Casals ya era considerada «como un templo del arte, cuyo dios era Pau Casals».

«Todo esto, todos los recuerdos musicales, cuadros y documentos que se encuentran en Sant Salvador, lo daré a mi país». (Pau Casals, 1955).

En el año 2020, Núria Ballester, directora del Museo Pau Casals, detallaba la importancia de la Vil·la Casals de El Vendrell en un antiguo post de nuestra web:

«En 1909 Pau Casals compró, por sugerencia de su madre, estos terrenos que dan a la playa de Sant Salvador. El complejo, integrado por la casa principal, las casas de invitados, la masía y el jardín, era el paisaje que Pau Casals proyectó como lugar de reposo y recuerdo constante de sus propias raíces vinculadas a su ciudad natal, El Vendrell, y a su barrio marítimo, la playa de Sant Salvador. Años más tarde, a comienzos de los años treinta, Pau Casals encargó las obras de ampliación y reforma de la casa a un buen amigo, el arquitecto Antoni Puig Gairalt. La casa se fue convirtiendo en un pequeño museo personal donde Casals iba acumulando recuerdos, documentos, fotografías, objetos significativos, como la calabacita (su primer violonchelo, que le construyó su padre y Peret, “el Barber”) y, sobre todo, su gran y magnífica colección de arte catalán de finales del siglo XIX y principios del XX. Hoy en día, todo ese legado convive en estas estancias impregnadas del genial músico. […]  nos hablan de un hombre metódico, con una gran conciencia histórica, que se relacionaba tanto con los líderes más importantes del momento como con los pescadores de Sant Salvador, que estudiaba, componía y tocaba insistentemente, que batallaba por hacer llegar la música a todo el mundo y que luchaba con tenacidad y coherencia contra las injusticias y las guerras». 

En la actualidad, la que fue residencia habitual del Maestro durante la mayor parte de su vida constituye la sede del Museo Pau Casals, declarado Museo de Interés Nacional por la Generalitat de Catalunya y Bien Cultural de Interés Local por el Ayuntamiento de El Vendrell. Asimismo, forma parte de las Casas Icónicas de Cataluña.

 

MÁS INFORMACIÓN

Museo Pau Casals
Avenida Palfuriana, 67
43880 Sant Salvador, El Vendrell

www.paucasals.org/es/

museu@paucasals.org
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Casals: cultura popular y paisaje

Desde su infancia, Pau Casals estuvo en contacto con las manifestaciones de la cultura popular de la ciudad de El Vendrell, con su paisaje humano. Su padre, organista de la iglesia de Sant Salvador y profesor de canto y piano, impulsó la creación de un coro y, desde que tenía apenas 5 años, actuaban juntos en todas las fiestas y celebraciones del pueblo. 

Por otro lado, una de las primeras composiciones en las que trabajó junto a su padre, con 7 años, tuvo lugar con ocasión de la tradicional representación navideña de Els pastorets (Los pastorcillos), en el Centre Catòlic de El Vendrell. Decía que la Navidad siempre había tenido un significado especial para él. Más de setenta años después, ya en el exilio, a raíz de la guerra civil, solía concluir sus conciertos y festivales con la melodía de un villancico popular: El cant dels ocells (El canto de los pájaros), del que compuso arreglos para violonchelo y que tocaba como símbolo de su amor a Cataluña y su añoranza. Él mismo explicaba de qué manera le inspiraba el canto de los distintos pájaros que escuchaba en El Vendrell, aquel gozo de sonidos de la naturaleza

«¡Y cuánta vida en Navidad! En “El cant dels ocells” son las águilas y los gorriones, los ruiseñores y los reyezuelos, quienes dan la bienvenida al niño cantándole como una flor que deleitará la tierra con su dulce fragancia. Y los tordos y los jilgueros cantan que la primavera ha llegado y que las hojas de los árboles se abren y se tornan verdes».

En 1971, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, Pau Casals estrenó el Himno a las Naciones Unidas después de haber recibido la Medalla de la Paz, y pronunció un discurso sobre la paz y los valores de la nación catalana. Al acabar el concierto, interpretó El cant dels ocells y se dirigió a todo el hemiciclo diciendo: «Los pájaros, cuando vuelan por el cielo, van cantando: “¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!” y es una melodía que Bach, Bethoven y todos los grandes habrían admirado y amado. Y, además, brota del alma de mi país, Cataluña».

Cabe recordar que Pau Casals toda su vida colaboró con las entidades culturales de El Vendrell, incluso con apoyo económico, por ejemplo, para la confección de los trajes del Ball de Diables (Baile de diablos*) de la ciudad. Mención aparte merecen los castells (torres humanas), que amaba profundamente por los valores de hermandad, tenacidad y esfuerzo colectivo que representaban. El genio contaba cómo, de pequeño, hacía sus primeros pinitos en la disciplina en la playa de Sant Salvador, y de qué manera le impactó una actuación de la agrupación de los Xiquets de Valls. Cuando visitaba El Vendrell siempre participaba con entusiasmo en aquellas jornadas y era gran seguidor de los Nens del Vendrell.

 

*Baile de Diablos, agrupaciones que desfilan disfrazadas de diablo saltando entre grandes bengalas y pirotecnia, acompañadas de tambores (N de la T).

Impulsor del Concurs de Castells

«Los castells se sienten como un impulso atávico, profundo, de fuerza casi religiosa, que incita a los hombres de nuestra comarca a levantar torres humanas que se alzan hacia el cielo. Yo mismo los he practicado, de pequeño en la playa de Sant Salvador, y toda mi vida he llevado en mi corazón el deseo ferviente de colaborar. El esfuerzo y la hermandad, el arrojo y el equilibrio de los castells son el símbolo viviente de las sólidas virtudes de la estirpe catalana».

En 1932 se celebró la primera edición del Concurs de Castells de Tarragona. Se trataba de una idea que había propuesto años antes Pau Casals, cuando ya era un músico de prestigio internacional. Su idea era aprovechar el impulso del mundo casteller para organizar un concurso con la voluntad de contribuir a la mejora de la consideración social y cultural de la disciplina. Casals acabó presidiendo el jurado en las dos primeras ediciones de dicho certamen, celebradas en 1932 y 1933. En los años que siguieron, no se pudo celebrar por la situación convulsa del país. En la edición de 2022, el Concurs de Castells homenajeó a Pau Casals coincidiendo con el 90 aniversario de su primera edición.

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«Els castells». Cartel.
Autor: desconocido. Terraferma, Centre Català de Caracas (Venezuela), 1973.
Código: GRAF 06283. (Archivo Fundació Pau Casals).

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Casals: director y maestro

A tenor de la información que nos llega por fuentes escritas y biógrafos, sabemos que Pau Casals recibió un tipo de educación propio de los ambientes de la realeza de Madrid de manos del conde de Morphy, gran conocedor de las humanidades y las artes. Casals era consciente de la importancia de la educación y el humanismo. Por ello, contando con una formación integral y unos profundos valores morales, trabajó incansablemente para que la cultura (y, en especial, la música) llegara a todos los ámbitos de la sociedad y a todas las clases sociales. Afirmaba que la música tenía que servir para algo: transformar, y así lo evidenció a lo largo de su vida.

La idea de fundar una gran orquesta para Barcelona germinó largo tiempo en el pensamiento de Pau Casals, mientras dirigía conjuntos orquestales de gran nivel por todo el mundo, hasta que, al fin, una serie de circunstancias vitales y profesionales lo hicieron posible el 13 de octubre de 1920, en el Palau de la Música Catalana.

El apoyo económico para el proyecto se aseguró gracias a la Junta del Patronato, formada por Josep Soldevila, el conde de Lavern, Josep de Montoliu, Carles Vidal-Quadras, Francesc Cambó, Claudi Sabadell, Jeroni de Moragas, Josep Andreu, Felip Capdevila y Joaquim Pena.

Los músicos para la Orquesta Pau Casals fueron seleccionados entre los mejores del país y se les asignó un sueldo digno, lo que no era habitual en la época. Asimismo, desde el principio, el Maestro tuvo interés en incorporar una gran representación de un instrumento poco frecuente aún en las formaciones musicales: la trompa.

El trabajo preparatorio fue muy intenso, con dos ensayos diarios. Sumado a la labor realizada por el Maestro con las partituras durante los meses previos en Sant Salvador de El Vendrell, todo ello comportó al genio una enfermedad visual muy grave debida al sobreesfuerzo.

Aunque los inicios fueron difíciles, dos años más tarde la Orquesta Pau Casals obtenía el reconocimiento de los directores internacionales y sus conciertos eran aplaudidos por el público. Además, los músicos comentaban con entusiasmo la belleza de las obras que tocaban y la extraordinaria ejecución que habían sido capaces de lograr gracias a las indicaciones artísticas de Pau Casals. Según afirmaban, les daba la sensación de que tocaban como nunca antes y que él era capaz de transmitirles la técnica con una sencillez solo al alcance de los dioses de la música. Lo recordaban años después y se lamentaban: «¡Aquello acabó con el Maestro!».

Pese al éxito de la Orquesta Pau Casals, había un aspecto que aún preocupaba al Maestro: sentía que sólo llegaba a las clases acomodadas. Por lo tanto, se dirigió a las entidades de obreros y les ofreció sus conciertos a cambio de una subscripción simbólica porque creía firmemente que la clase trabajadora tenía que disfrutar de los frutos culturales de la sociedad a la que contribuía con su esfuerzo; también actuaba influido por el movimiento coral que había impulsado Anselm Clavé. Así pues, el 1925, se crea la Associació Obrera de Concerts (Asociación Obrera de Conciertos), que llevó a cabo una gran labor social ofreciendo conciertos dominicales que representaban un bálsamo en una época de desigualdades.

«Lo que yo quería era una Asociación específicamente obrera, regida y administrada por los mismos obreros que la compondrían. Muy a menudo, los trabajadores permanecen al margen de la vida musical; yo deseaba que esto no ocurriera en mi país; que los hombres y mujeres que cada día pasan tantas horas en las fábricas, almacenes y oficinas, también pudieran participar de la vida musical y en unas condiciones tales que dicha participación les abriera nuevos horizontes, enriqueciera su espíritu». Josep M. Corredor, Converses amb Pau Casals (Selecta, 1967)*.

El último concierto de la Orquesta Pau Casals tuvo lugar el 12 de julio de 1937, en plena guerra civil, en el Teatre del Liceu. Dos años más tarde, cuando llegaban las tropas franquistas a Barcelona, Casals se exilió definitivamente en una pequeña población de Cataluña Nord: Prades de Conflent.

En Prades, Pau Casals se dedicó durante años a la labor de ayudar a los exiliados. Por otro lado, tras la Segunda Guerra Mundial, dejó de ofrecer conciertos en los países aliados por compromiso moral, en protesta por su actitud y permisividad ante el gobierno de Franco. A finales de 1946, aceptó a su primer alumno de violonchelo en el exilio: Bernard Greenhouse. Siguió trabajando en sus composiciones e impartiendo clases a nuevos discípulos que llegaban de todo el mundo, como Zara Nelsova o Madeline Foley.

 

*Obra original Conversations avec Pablo Casals (1955) del mismo autor, posteriormente traducida al catalán. En su edición en español se titula Pablo Casals cuenta su vida (conversaciones con el Maestro) (N de la T.)

 

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Casals: exiliados y paz

Pau Casals inició su trayectoria profesional con 23 años y actuó en los mejores auditorios del mundo. Desde su debut internacional, en París en 1899, los inicios de su carrera fueron extraordinarios y llegó a ofrecer doscientos cincuenta conciertos al año. Obtuvo muchos ingresos y, cuando tuvo que exiliarse, era económicamente solvente. Sin embargo, su compromiso lo llevó a dejar de lado los conciertos públicos para dedicarse de lleno a ayudar a los exiliados. Pensaba que había «cosas más importantes que la música» en aquellos momentos y, por ello, llevó a cabo una labor infatigable de auxilio desde Prades. Su residencia se convirtió en una verdadera oficina de peticiones de ayuda a través de miles de cartas que dirigía a organizaciones internacionales y personalidades. También recibía una avalancha de peticiones individuales de refugiados. Junto con otras personas, como su amigo Joan Alavedra, se organizó, incluso, para alquilar un camión con chófer y repartir paquetes con víveres, ropa y medicamentos por los campos de concentración (Argelès, Rivesaltes, Septfonds o Le Boulou…), que había visitado anteriormente.

El volumen de su ayuda en cifras se documentaba en la exposición «Pau Casals i l’exili (Pau Casals y el exilio)» que llevó a cabo la Fundación Pau Casals en 2007: se conservan páginas y páginas en las que figuran las donaciones económicas que Casals realizó a lo largo de sus años de exilio. La lista completa, sólo entre 1938 y 1940, suma un total de 142.092 francos franceses. Toda una fortuna; actualmente, más de 30.000 euros. Además, su ayuda no fue puntual: en 1953 se creó la organización Spanish Refugee Aid, de la que Casals fue presidente honorario y con la que colaboró hasta 1973.

«Primero soy un hombre y, segundo, un artista. Como hombre, mi primera obligación es luchar por el bienestar de la humanidad».

 

Lucha por la paz y la libertad

Pau Casals defendió la paz como objetivo prioritario. Contraponía la música, que expresaba lo mejor de la humanidad, a la guerra, que para él representaba lo peor. El genio mantuvo una larga e intensa relación con las Naciones Unidas. Tras la Segunda Guerra Mundial, protestó con su silencio por el hecho de que los aliados mantuvieran la dictadura del general Franco. En el contexto de la Guerra Fría y la amenaza nuclear, se movilizó en favor de la paz y la democracia hasta el fin de sus días. Pau Casals fue invitado a tocar en tres ocasiones en la Asamblea General de las Naciones Unidas: en 1958, en 1963 y en 1971, y sus tres discursos son una magnífica expresión del pensamiento y la sensibilidad de este catalán universal.

El 24 de octubre de 1958, el músico fue invitado por el Secretario General de las Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld, a dar un concierto en la Asamblea General para conmemorar el Día de las Naciones Unidas. El concierto, junto con el «mensaje de la paz» que Pau Casals había grabado días antes en Ginebra, fue retransmitido por radio a más de cuarenta países. Pau Casals fue nominado al Premio Nobel de la Paz.

El 19 de abril de 1962, con el concierto del oratorio El pessebre celebrado en el Memorial Opera House de San Francisco, anunció su intención de embarcarse en una cruzada personal por la dignidad humana, la fraternidad y la paz. Durante los diez años siguientes, Pau Casals dirigió El pessebre por todo el mundo. En 1963, el presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, le concedió la Medalla Presidencial de la Libertad.

Tanto los festivales organizados por Pau Casals como las representaciones de El pessebre siempre tuvieron una gran significación para quienes sufrieron los estragos de las guerras. Como muestra, reproducimos un fragmento de una crónica de la prensa del exilio en México:

«La pequeña figura del Maestro, a menudo de pie sobre el estrado, parecía huir de las maderas que lo rodeaban y se tornaba gigante a los ojos de los músicos, cantantes y público, todos ellos como hipnotizados. No en vano era un nacimiento divino lo que se conmemoraba. Pero también la consagración a los ojos del mundo de la música catalana y su genio creador. Nunca olvidaré, por muchos años que viva, los acordes finales de una majestuosidad digna de la suprema invocación repetida en una especie de cántico infinito: “¡Paz en la tierra!”; “¡Nunca más otra guerra!”; “¡Nunca más pecado!”; “¡Paz a los hombres de buena voluntad!”».  (Artur Bladé, «El Festival Pau Casals a Acapulco», Pont Blau, 99, enero de 1961).

En 1971, Pau Casals participó en el concierto del Día de las Naciones Unidas, en la sede de la Asamblea General, en Nueva York. Estrenó el Himno a las Naciones Unidas, y el Secretario General, U Thant, le hizo entrega de la Medalla de la Paz en reconocimiento a su trayectoria y actitud.

 

El secretari general de la ONU, U Thant, concediendo a Pau Casals la medalla de la Paz de las naciones Unidas. (Fondo Pau Casals, 24 de octubre de 1971)

En junio de 1972 creó la Fundación Pau Casals con sede en El Vendrell junto con su esposa, Marta Montañez, con el objetivo de conservar su legado y la casa de Sant Salvador, que tuvo que abandonar al partir al exilio y en la que nunca más pudo volver a vivir.

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Casals: vocación

Nacido en El Vendrell (Baix Penedès) en 1876, fue compositor, director de orquesta, el mejor violonchelista de todos los tiempos y un verdadero humanista; asimismo, toda su vida defendió sus ideales de paz, libertad y catalanidad, por lo que, incluso, decidió dejar de tocar en señal de protesta y murió en el exilio, en Puerto Rico, en 1973.

Pau Casals fue un niño prodigio de la música. Con 5 años ya estudiaba composición y canto con su padre, organista de la iglesia de El Vendrell y profesor de piano. De hecho, fue impartiendo clase como conoció a la futura madre de Pau, una alumna suya nacida en Puerto Rico en el seno de una familia de ascendencia catalana. El caso es que Pau se convirtió en segundo soprano del coro parroquial a los 5 años; sobre los 7, tocaba el violín y, a los 9, ya tocaba el órgano de la iglesia (que aún existe), cuando algún motivo se lo impedía a su padre.

Por aquella época, Casals vio a una banda de músicos ambulantes tocando instrumentos curiosos en la plaza del pueblo y le fascinó una especie de violonchelo rudimentario. Insistió a su padre, que tenía mucha destreza como artesano, que le construyera uno con una calabacita vacía y, así, se convirtió en su primer instrumento. En la actualidad, se puede ver en el Museo Pau Casals y constituye todo un símbolo, como elemento humilde que proviene de la tierra. 

Su padre, que también le había hecho una bicicleta o un reloj de madera, quiso que tuviera un oficio y, de pequeño, lo mandó como aprendiz a un amigo carpintero. Pese a la manifiestas habilidades musicales del pequeño, no creía que pudiera ganarse la vida como músico, ya que conocía las dificultades que ello suponía. De no ser por la convicción y determinación de la madre, nunca habría accedido a que Pau siguiera ese camino.

Finalmente, con 11 años, Pau Casals ingresó en la Escola Municipal de Música de Barcelona. En la ciudad condal, en poco tiempo se hizo un lugar y empezó a trabajar tocando en un trío musical en el Cafè Tost. Pronto conseguiría hacerse un repertorio a medida y un nombre: era conocido como el Nen del violoncel (el niño del violonchelo). Sus interpretaciones destacaron enseguida por las innovaciones y el virtuosismo del artista. Tras sus estudios en Barcelona, fue a Madrid becado por la reina María Cristina. Con 20 años empezó su carrera como solista en España y, con 23, hizo su debut internacional en París. En pocos años, se convirtió en uno de los mejores violonchelistas del panorama internacional con giras de éxito por todo el mundo.

Anecdotario

    • Pau Casals tenía 9 años cuando empezó a tocar el órgano de la iglesia de forma ocasional substituyendo a su padre y tuvieron que fabricarle unas alzas para llegar a los pedales. El pequeño Pau recibía muchos elogios de vecinos y feligreses, que no dejaban de sorprenderse en cada actuación; a su salida, incluso, le obsequiaban con pasteles. Años más tarde, en 1929, él mismo contribuyó a la restauración del órgano, del siglo XVIII, que aún suena en El Vendrell.
    • El célebre pianista y compositor Isaac Albéniz descubrió a Pau Casals tocando en un café en Barcelona. Maravillado por su talento, le dió a su madre una carta de recomendación para estudiar en Madrid. Allí, la reina María Cristina le concedió una beca para continuar sus estudios y estuvo bajo la protección de un brillante músico y formador muy influyente y protector de las artes: el conde Guillermo de Morphy. Casals tenía 17 años y, según él mismo decía, el conde se convirtió en una pieza clave en su vida: «Verdaderamente, fue más que mi maestro, mi protector y mi guía: fue mi mejor amigo».
  • A lo largo de su trayectoria, Casals llegó a relacionarse con muchas personalidades de fama mundial (como los presidentes de los Estados Unidos J.F. Kennedy o H.S. Truman), pero también hablaba con los pescadores de Sant Salvador de El Vendrell, de quienes proclamaba su sabiduría y decía haber aprendido cosas muy importantes de la vida. Por ejemplo, recordaba con afecto las enseñanzas de un viejo lobo de mar, Pau de la Senda, vigilante de la ermita del barrio marinero, que le enseñó, incluso, a nadar.

 

Casals amante del paisaje 

«Cuando cierro los ojos, veo el mar de Sant Salvador y el pueblo marinero de Sitges, con sus barquitas de pesca en la arena, las viñas, los olivos y los granados del Camp de Tarragona, el río Llobregat y los picos de Montserrat. Cataluña es la tierra en que nací y la amo como a una madre».

 

El mismo Casals, según recoge Albert E. Kahn en su libro Reflexions, describe los sonidos y elementos del paisaje natural y humano en los que el genio encontró su inspiración: el mar Mediterráneo, el resplandor de la luz del sol, el sonido del viento y las olas, las nubes cambiantes, los cantos de las alboradas, el bullicio de las tareas de los pescadores o viñateros, los bailes de la plaza, la estridencia de las gralles (tipo de dulzaina), las melodías del movimiento de los árboles, los pájaros piando y la gente conversando con todos los matices y ondulaciones de la voz: 

«Los primeros recuerdos de mi vida están asociados al mar. Puedo afirmar que lo descubrí cuando aún era niño. Precisamente el Mediterráneo, cerca de El Vendrell, donde nací. Desde mi primer año de vida, mi madre comenzó a llevarme a orillas del mar, al pueblecito de Sant Salvador. […] Allí había una ermita […] románica. La luz se filtraba a través de las ventanas y el único sonido era el silbido del viento. Yo diría que aquel fue el inicio de mi vida consciente —el sentido de la luz del sol y el sonido del mar. A medida que fui creciendo, permanecía horas y horas contemplando el mar desde aquellas ventanas, maravillado al ver cómo se extendía interminable hasta el infinito, cómo las olas, incansables, avanzaban hacia la arena, y cómo las nubes componían formas cambiantes en el cielo. Es una visión que nunca ha dejado de cautivarme.

»Por las mañanas, a veces me despertaba el sonido de las alboradas que cantaban los del pueblo —pescadores y viñateros— cuando iban a trabajar. Otras veces, por la tarde, había bailes en la plaza y, de vez en cuando, festivales en los que tocaba la gralla. […] Cada día podía escuchar a mi padre tocar, en el piano o en el órgano, canciones, música religiosa y composiciones de los maestros. Me llevaba a todos los servicios de la iglesia y, así, el canto gregoriano, el coral y los solos de órgano se convirtieron en parte de mi vida cotidiana. Y, además, los maravillosos sonidos de la naturaleza, el sonido del mar, el sonido del viento soplando a través de los árboles, el delicado canto de los pájaros, la infinitamente variada melodía de la voz humana, no sólo en canciones, sino también hablada. ¡Qué riqueza musical! (Todo ello) Me sostenía y me alimentaba».

 

«Don Pablo Casals amó la naturaleza».
Recortes de prensa de la muerte de Pau Casals, 1973-1974.
Código: TEXT 09905. (Archivo Fundación Pau Casals).

 

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