Paisajes que se viven

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Caldereros

En la genealogía de Antoni Gaudí i Cornet encontramos artesanos del oficio de calderero por parte de madre y padre. La familia paterna procedía de Riudoms, donde tenía una pequeña propiedad rural, el Mas de la Calderera (declarado Bien Cultural de Interés Local en 1993), que se abastecía de agua por una mina y donde se cultivaba huerta y viña; por ello, la familia iba a menudo cuando Gaudí era un niño. 

Sus padres se instalaron enseguida en Reus, en una casa de la calle de Sant Vicenç, donde tenían un taller de calderería. Del mundo del artesanado, sin duda, el artista aprendió el esfuerzo, la constancia y el rigor en el trabajo manual desde la infancia, así como los cálculos, las medidas y la transformación de los materiales y superficies en volúmenes, lo que impulsó su imaginación espacial, básica en arquitectura. Acumuló dichas aptitudes, así pues, por herencia.

Según su biógrafo y también arquitecto Cèsar Martinell, así lo contaba el mismo Gaudí: «Tengo la cualidad de ver el espacio, porque soy hijo, nieto y biznieto de caldereros. Mi padre era calderero; mi abuelo, también; mi bisabuelo, también; en casa de mi madre eran caldereros; su abuelo era botero (que es lo mismo que calderero); un abuelo materno era marinero, que también son personas de espacio y de situación. Todas estas generaciones de personas de espacio dan una preparación. El calderero es un hombre que de una plancha plana da un volumen. Antes de comenzar el trabajo tiene que haber visto el espacio. Todos los grandes artistas del Renacimiento florentino eran cinceladores, que también crean volúmenes de un plano; aunque los cinceladores no se separan mucho de las dos dimensiones. Los caldereros abrazan las tres, y esto crea, inconscientemente, un dominio del espacio que no todos poseen».

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Comerciantes

Además de sus vivencias en el paisaje urbano de Reus, cabe destacar la influencia que tuvo en Gaudí el paisaje humano de una ciudad que, en su época y hasta mediados del siglo XX, fue mitad urbana, mitad campesina, abierta al campo y al mar, en un territorio del Camp de Tarragona rodeado de montañas. Reus era una confluencia de caminos «abierta a la condición humana en movimiento y actividad». Todo el mundo acudía a vender productos de la tierra de diversa índole y a abastecerse; al cercano puerto de Salou llegaban muchos barcos a cargar mercancías (aceite, almendras, avellanas, vino y aguardiente) y descargar otros productos, como pesca salada, café o cacao. De hecho, el comercio no se limita a la compraventa de bienes, sino que constituye un intercambio de ideas y sentimientos, la comunicación entre personas. Así pues, la gente de mar y los comerciantes influyeron en el mundo creativo de Gaudí, sin olvidar al resto de oficios del mundo rural

Por otro lado, Cèsar Martinell, discípulo de Gaudí, en referencia al comercio, afirmaba: «La arquitectura es plástica, ya que consiste en situar, como la política y el comercio. La arquitectura sitúa masas constructivas que distribuyen fuerza; es mejor político quien se hace cargo de la situación de las masas y fuerzas sociales; y el comercio no hace más que trasladar mercancías […] y situarlas en las mejores condiciones de venta. Quien es capaz de ver las cuestiones políticas y comerciales también ve la plástica».

Mostassafs

La tarea de un mostassaf consistía en velar por que las proporciones en compras y ventas en el mercado fueran correctas, en una época en la que aún no existían normas de etiquetado. El mostassaf certificaba que la cantidad de leche, grano, harina, legumbres y otros productos coincidiera con lo que el vendedor anunciaba. Con las balanzas siempre a mano, era el árbitro de las proporciones y tenía que dominar las operaciones básicas de cálculo. Es posible que Francesc Gaudí Serra transmitiera parte de estos conocimientos, que dominaba, a su hijo Antoni y le enseñara que, en cada casa, había un barreño, un cesto, un saco, unas pesas, un vaso o un plato para medir cada producto y saber exactamente qué se compraba. Cada alimento tenía su sitio y su propio recipiente.

Asimismo, cabe recordar que la profesión de mostassaf tenía un evidente componente social, ya que, quien la ejercía, se hallaba en el centro de las transacciones económicas en la plaza del mercado (en el caso de Riudoms, la plaza de la Iglesia).

Muy probablemente, el oficio paterno de mostassaf propiciaría que los cálculos matemáticos fueran habituales en casa de Antoni Gaudí desde su más tierna infancia. Además, sabemos que la observación directa de los pesos le llevó a crear soluciones técnicas tan revolucionarias por su sencillez como los arcos catenarios.

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