Paisajes que se viven

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Castellers

Cabe recordar que Pau Casals colaboró toda su vida con las entidades culturales de El Vendrell, incluso con apoyo económico. Por ejemplo, financió la confección de los trajes del Ball de Diables (Baile de diablos*) de la ciudad. 

Mención aparte merecen los castells (torres humanas), que amaba profundamente. Él mismo, de pequeño, hacía sus primeros pinitos en la disciplina en la playa de Sant Salvador y había presenciado jornadas castelleras durante la fiesta mayor en la plaza Vella de la ciudad. El esfuerzo y la hermandad, el arrojo y el equilibrio de los castells eran para Pau Casals el símbolo viviente de las sólidas virtudes de su pueblo. El músico fue uno de los fundadores del Concurs de Castells de Tarragona y formó parte del jurado. Del mismo modo, siempre mantuvo una vinculación con la agrupación de los Nens del Vendrell.

En la percepción de Casals, tanto los castells como una orquesta son el resultado de un trabajo cooperativo fruto de un liderazgo de equipo en que es necesario el ejercicio constante de la solidaridad y del esfuerzo en colectividad, sin menoscabo del trabajo distintivo de cada individuo: «Los castells se sienten como un impulso atávico, profundo, de fuerza casi religiosa, que incita a los hombres de nuestra comarca a levantar torres humanas que se alzan hacia el cielo. Yo mismo los he practicado, de pequeño en la playa de Sant Salvador, y toda mi vida he llevado en mi corazón el deseo ferviente de colaborar. El esfuerzo y la hermandad, el arrojo y el equilibrio de los castells son el símbolo viviente de las sólidas virtudes de la estirpe catalana».

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Pescadores y campesinos

Ésta es tierra de vendimiadores y pescadores que conviven mientras duran las intensas labores de la vendimia o la pesca en alta mar. Casals sentía gran respeto y profesaba admiración por los oficios artesanales, que desde niño había observado de cerca. Ya de adulto, cuando volvió a El Vendrell, siguió manteniendo el contacto con ese entorno, sobre todo con los pescadores, a quienes compraba guijarros a cambio de unos céntimos; elementos naturales con los que decoró el suelo del mirador de Vil·la Casals.

 «Por las mañanas, a veces me despertaba el sonido de las alboradas que cantaban los del pueblo —pescadores y viñateros— cuando iban a trabajar. Otras veces, por la tarde, había bailes en la plaza y, de vez en cuando, festivales en los que tocaba la gralla (tipo de dulzaina)».

A lo largo de su trayectoria, Casals llegó a relacionarse con muchas personalidades de fama mundial, pero también hablaba con los pescadores de Sant Salvador de El Vendrell, de quienes proclamaba su sabiduría y decía haber aprendido cosas muy importantes de la vida. Por ejemplo, recordaba con afecto las enseñanzas de un viejo lobo de mar, Pau de la Senda, vigilante de la ermita del barrio marinero, que le enseñó, incluso, a nadar.

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