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Las baldosas de la bodega y el taller de Mas Miró

El taller de Mas Miró se conserva tal y como lo dejó el artista en 1976, último año en que veraneó en Mont-roig. De hecho, aún podemos ver una réplica del calendario original que tenía colgado en la pared y que muestra la página de septiembre de 1976, el último período en que Miró trabajó allí. En él se hallan pinceles, utensilios, hallazgos y elementos varios que Miró utilizaba como fuente de inspiración. Cualquier cosa podía suponer un punto de partida. Su atmósfera creativa perdura y su bata aún conserva restos de pintura. Las pinceladas en el suelo dan fe de su energía. Los dos grafitos en las paredes, esbozos para esculturas, son creaciones puras de gran sinceridad y síntesis expresiva. Para la concepción del taller, Miró partió de la idea de que, como espacio de trabajo, tenía que ser de gran austeridad, como la celda de un monje. Pidió que la disposición de las ventanas le dejara ver el paisaje mientras trabajaba, y que la luz entrara bañando las esculturas desde todos los ángulos, como si estuviera trabajando en mitad del campo. El suelo del taller nos muestra la importancia del rojo entre sus fuentes de inspiración. Es un lugar sumamente especial y estudiado hasta el último detalle, con la presencia destacada del suelo de ladrillo color bermellón que resalta en el ambiente de la estancia. También ocurre en la bodega, donde conservaba las botas de vino rancio que a menudo ofrecía a amigos y familiares, a quienes explicaba el proceso de fabricación en las cartas que intercambiaban antes de sus visitas.

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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