EL ARLEQUIN GAUDI

Gaudí: juventud

En 2020, Jaume Massó, arqueólogo e historiador asesor del Gaudí Centre, hacía un escrupuloso resumen de los lazos  de Antoni Gaudí con la ciudad de Reus en un antiguo post de nuestra página web. El mismo autor detalla las aventuras culturales de Gaudí adolescente en varios artículos y publicaciones. Además, comenta Massó: «En Reus están depositados algunos de los escasos objetos que se conservan de Gaudí, gracias a la donación que realizó el arquitecto Domènec Sugrañes en 1933 al Museo de Reus (Museo Salvador Vilaseca): varios objetos personales y documentos relacionados con la vida del genial arquitecto».

Una de las experiencias destacables de la juventud de Gaudí tuvo lugar durante su último curso en las Escoles Pies (escolapios) de Reus (hoy IES Salvador Vilaeca), con quince años, cuando editó una revista manuscrita junto con sus amigos Eduard Toda y Josep Ribera: El Arlequín. Gaudí participó con las ilustraciones. En total, se publicaron doce números divididos en dos etapas. En la primera (de noviembre de 1867 a enero de 1868), formada por nueve números, se subtitulaba como «periódico serio-burlesco». Los artículos eran de tono cultural e iban acompañados de poemas románticos o humorísticos. En la segunda (de octubre a diciembre de 1868), a partir de la revolución de Septiembre y con tres números más, El Arlequín se subtitulaba «periódico del matiz que le dé la gana». Con un giro radical en lo que a contenidos se refiere, la publicación adquirió un marcado tono político de tendencia anticlerical y antiborbónica. Ya no se aprecia la colaboración gráfica de Gaudí, por lo que no sabemos hasta qué punto estaba involucrado intelectualmente.

Como Massó documenta, el anticlericalismo de los redactores de El Arlequín queda reflejado en el artículo «La libertad de cultos», número 9 bis (1 de octubre de 1868) en el que se defendía uno de los dieciséis puntos del programa de la Junta Revolucionaria de Reus:

«Uno de los principios, proclamados por nuestra sacrosanta revolución iniciada en la inmortal Cádiz, ha sido la libertad de cultos. ¿Qué es esta? Una facultad por la cual todo ciudadano puede profesar la religión que más le acomode y dar á ella culto sin temor de ser molestado por nadie. No comprendemos porque hay algunas almas timoratas que al oír hablar de la libertad de cultos, se escandalizan y claman que esta es asesinar a la religión católica. Antes al contrario porque con la antedicha libertad desaparecerán para siempre esta caterva de serviles hipócritas que so capa de religión engañan á todo el mundo. Además el estado, como estado, ha de ser ateo ó indiferentista porque al apasionarse este en alguna religión ya hace daño á las otras, ya mata la libertad de cultos. Mirad la Historia. Mirad á Sisebuto, á Chintila, á Tulga, los que obligaron por fuerza á alejar a los moros de España, y con ellos la riqueza y fertilidad. Mirad el fruto que sacó España de ser ellos, como reyes, católicos. Mirad sus sucesores que bien nos han traído con sus inquisiciones, su superstición y su intolerancia religiosa. Así pues clamemos con todas nuestras fuerzas para que desaparezca esta raíz de fanatismo, arraigada en algunos pocos corazones y comprendan los españoles que jamás podremos gozar de completa libertad, sino existen planteados estos dos principios. Libertad de cultos. Estado Ateo».

Tanto el tono como el contenido de la publicación se tienen que entender como el fruto de una época así como el trabajo de unos adolescentes (lo dejan claro el lenguaje y el humor utilizados). Con todo, el periódico es una clara muestra de las inquietudes y el carácter de sus autores, de una actitud resuelta que los llevará, con toda seguridad, a destacar entre sus compañeros y a llegar lejos en sus respectivas trayectorias.

  

Proyecto de restauración de Poblet

En su juventud (1869), Gaudí participó en la elaboración de un proyecto de restauración del monasterio de Poblet junto con sus amigos Eduard Toda (futuro diplomático y egiptólogo) y Josep Ribera (futuro cirujano), de quien partió la idea tras sus años de residencia en L’Espluga de Francolí. No era un proyecto menor: tenían una idea muy clara y decidida sobre la forma de incorporar a Poblet iniciativas de gestión cultural innovadoras y plenamente vigentes. En palabras del mismo Toda, en un artículo aparecido en el periódico El Matí en junio de 1936, con motivo de la publicación del suplemento en homenaje a Gaudí:  

«Nos distribuiríamos las tareas. Gaudí se encargaría de levantar muros, rehacer tejados, reconstruir bóvedas y tapar las minas y agujeros abiertos por los buscadores del fantástico tesoro del monasterio escondido por los monjes. Ribera relataría los hechos y las gestas de la historia del lugar para despertar los sentimientos de los catalanes en favor de la reconstrucción. Toda reuniría el Archivo y la Biblioteca y, además, escribiría un libro que, impreso y vendido a seis cuartos (treinta céntimos) el ejemplar, proporcionaría los primeros medios para empezar la obra.  No dudábamos de nada, en la joven ilusión de nuestros años de primavera».

Cuando sus carreras profesionales los separaron, intercambiaron correspondencia al respecto durante varios años. Más adelante, Toda llegó a ocupar la presidencia del Patronato del Real Monasterio de Santa Maria de Poblet y, cuando rebasaba los ochenta años de edad, contribuyó a la restauración de este gran monumento histórico.

 

Boletín de la Associació d’Excursions Catalana (1882-1883)

Las aventuras culturales de Gaudí y su gran amigo de la infancia Eduard Toda se sucedieron a lo largo de su vida, como lo demuestran las distintas actividades que se han podido documentar en las que participaron junto con la asociación excursionista que reunía a personalidades e intelectuales de la época bajo el denominador común de la catalanidad.

Concretamente, visitaron a fondo las entonces ruinas del monasterio de Poblet —en compañía, entre otros, de Jacint Verdaguer— en mayo de 1882. Una crónica detallada de Àlvar Verdaguer (ingeniero y librero) cuenta que los expedicionarios fueron un total de veintinueve, llegados de muchos rincones de los Països Catalans, y que la iniciativa del viaje a Poblet y Santes Creus surgió durante un encuentro en Montpellier con motivo de la fiesta literaria de felibres y catalanes. 

El itinerario empezó en Tarragona y recorrió L’Espluga de Francolí, Poblet, Valls y Santes Creus antes de culminar de regreso a Tarragona, cuyo Museo Nacional Arqueológico conserva las firmas de tan ilustres visitantes. Realmente vale la pena leer un fragmento de la crónica que describe la fiesta nocturna que vivieron en Poblet:

«Después de cenar fue cuando se organizó la visita nocturna a las ruinas. Gracias al amigo Gaudí, parco en palabras y activo cuando se presenta la ocasión, podíamos contar con todo lo necesario para nuestro objeto, como eran hachas y luces de Bengala, que en cantidad suficiente se había cuidado de procurarnos.  | Con su cooperación, así pues, y la de los artistas Brel y Baixeras pudieron conseguirse efectos realmente mágicos y cautivadores. La fantasía campaba desbocada a impulsos de aquellos cambiantes efectos de luz de varios colores, que contrastaban con la negrura de los lugares sumergidos en la oscuridad, y reproducían tan pronto la rojiza y viva luz del incendio como los rayos argénteos de la luna llena, viéndose circular por doquier, en continuo movimiento, la luz de las hachas que guiaban a los expedicionarios por las distintas dependencias del monasterio. | Una vez satisfecha la imaginación, el entusiasmo artístico fue cediendo al sentimiento poético, y finalmente el fervor religioso se adueñó de todos los corazones cuando el canónigo Collell, situado en mitad del desmantelado presbiterio, teniendo a su lado al Reverendo Verdaguer y alrededor al resto de la comitiva, iluminando este cuadro la luminosidad de las hachas, entonó con voz majestuosa la Salve Regina, que presto encontró el eco entre los concurrentes. Terminada esta, se pusieron todos en marcha, y se rezaron las letanías en grave y ordenada procesión que iba recorriendo el claustro. ¡Quién sabe si los respetables restos de los que allí aún yacen se estremecieron de placer en sus tumbas al son de las fervientes voces de quienes por ellos rezaban! ¡Quién sabe si por las casas de los aledaños hubo algún anciano, que al despertar, oyendo aquellas graves salmodias, y viendo el resplandor que trascendía por los ventanales, creyera encontrarse aún en la época viviente y esplendorosa del viejo monasterio!».

Hubo otras excursiones en 1883 y, asimismo, se ha reseñado la participación en un importante concurso literario con motivo de las fiestas de Morunys de la Marenda, con varios escritores y excursionistas catalanes: Alexandre de Riquer, Emili Vilanova, Narcís Oller, Jacint Verdaguer, Àngel Guimerà, Eduard Toda y Antoni Gaudí, entre otros. Otras actividades en las que coincidieron ambos amigos fueron la colaboración en la nueva etapa de la Revista del Centre de Lectura, en el periódico reusense Las Circunstancias o en la Associació Catalanista d’Excursions Científiques.

 

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