Gaudí: biomimética
«Observando tiestos de flores, rodeado de viñas y olivares, animado por el cloquear de las gallinas, el canto de los pájaros y el zumbido de los insectos, y con las montañas de Prades al fondo, capté las más puras y placenteras imágenes de la Naturaleza, que siempre es mi maestra». (A. Gaudí)
Es evidente que Antoni Gaudí ya hablaba en los siglos XIX y XX de inspiración natural, que reconocemos en el ámbito estético, en las formas y volúmenes característicos de sus obras, y en la construcción técnica de sus edificios, a fin de hacerlos más sostenibles en todos los sentidos. Por ello, podemos hablar de Gaudí como precursor de la biomimética.
Gaudí dibujaba la estructura de plantas y flores en sus cuadernos, en los que hablaba de ornamentación en la arquitectura. Archivo Instituto Municipal de Museos de Reus (IMMR)
La naturaleza es una fuente infinita de soluciones que nos lleva millones de años de ventaja en el desarrollo y optimización de los elementos. Gaudí lo tenía presente y así se refleja en muchas de las aplicaciones en su obra: «El gran libro, siempre abierto y que hay que esforzarse en leer, es el de la naturaleza». El genio se inspira en las formas surgidas a partir de la geología de las montañas de tierra arenisca y roja del Camp de Tarragona, en las texturas de los líquenes aferrados a las piedras y a la corteza de los árboles, en el equilibrio de los troncos de las palmeras y las hojas del palmito, en los tallos y flores de la uña de gato, en las tonalidades de las escamas de los peces y las ondulaciones de las aguas, en los volúmenes de las conchas de los caracoles, en los pinos doblegados por el viento y sus piñas, así como también en los utensilios creados a mano por los artesanos.
En lo que a soluciones técnicas se refiere, empleó los arcos catenarios que creó de manera sencilla mediante la observación directa de pesos colgantes, con el fin de potenciar las superficies más simples posibles, como en el caso del helicoide y el hiperboloide, síntesis del movimiento y la apertura hacia la luz natural. Igualmente, en la Sagrada Familia, empleó pilares de estructura arbórea que supusieron un gran ahorro de materiales, o torres diseñadas de forma aerodinámica para reducir el impacto del viento. En las casas Vicens o Batlló, creó formas y geometrías inspiradas en las plantas que reducían el consumo de energía mediante la construcción de ventanales o claraboyas que repartían los rayos del sol y la luz por las estancias. En la casa Milà, aplicó aislamiento térmico a las plantas de los edificios e impulsó la ventilación natural. En varios edificios, incluso, recicló materiales procedentes de los residuos de construcción para crear elementos nuevos, como el trencadís (técnica gaudiniana de mosaico realizada a base de fragmentos rotos de cerámica), a la vez que utilizó materiales locales y de bajo coste. Finalmente, construyó edificios adaptados al clima mediterráneo y montañoso a través de soluciones sostenibles que regulaban la temperatura.
Igual que en el medio natural, el genio tenía presente la optimización de materiales y la adaptación a los resultados, por lo que el arquitecto mantenía una vigilancia férrea y tomaba constantes decisiones durante las obras. En un principio, podría decirse que la inspiración de Gaudí era de carácter estético y filosófico, de respeto y devoción por los elementos naturales. Sin embargo, al revisar los principios actuales de sostenibilidad, se puede comprobar que, en el fondo, había una voluntad de optimizar recursos y trabajar a favor del medio y de la reducción de costes. De hecho, el principio de eficiencia estructural rige el mundo natural por definición y hace posible la belleza; en la naturaleza, forma y función son inseparables.
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