Casals: vocación
Nacido en El Vendrell (Baix Penedès) en 1876, fue compositor, director de orquesta, el mejor violonchelista de todos los tiempos y un verdadero humanista; asimismo, toda su vida defendió sus ideales de paz, libertad y catalanidad, por lo que, incluso, decidió dejar de tocar en señal de protesta y murió en el exilio, en Puerto Rico, en 1973.
Pau Casals fue un niño prodigio de la música. Con 5 años ya estudiaba composición y canto con su padre, organista de la iglesia de El Vendrell y profesor de piano. De hecho, fue impartiendo clase como conoció a la futura madre de Pau, una alumna suya nacida en Puerto Rico en el seno de una familia de ascendencia catalana. El caso es que Pau se convirtió en segundo soprano del coro parroquial a los 5 años; sobre los 7, tocaba el violín y, a los 9, ya tocaba el órgano de la iglesia (que aún existe), cuando algún motivo se lo impedía a su padre.
Por aquella época, Casals vio a una banda de músicos ambulantes tocando instrumentos curiosos en la plaza del pueblo y le fascinó una especie de violonchelo rudimentario. Insistió a su padre, que tenía mucha destreza como artesano, que le construyera uno con una calabacita vacía y, así, se convirtió en su primer instrumento. En la actualidad, se puede ver en el Museo Pau Casals y constituye todo un símbolo, como elemento humilde que proviene de la tierra.
Su padre, que también le había hecho una bicicleta o un reloj de madera, quiso que tuviera un oficio y, de pequeño, lo mandó como aprendiz a un amigo carpintero. Pese a la manifiestas habilidades musicales del pequeño, no creía que pudiera ganarse la vida como músico, ya que conocía las dificultades que ello suponía. De no ser por la convicción y determinación de la madre, nunca habría accedido a que Pau siguiera ese camino.
Finalmente, con 11 años, Pau Casals ingresó en la Escola Municipal de Música de Barcelona. En la ciudad condal, en poco tiempo se hizo un lugar y empezó a trabajar tocando en un trío musical en el Cafè Tost. Pronto conseguiría hacerse un repertorio a medida y un nombre: era conocido como el Nen del violoncel (el niño del violonchelo). Sus interpretaciones destacaron enseguida por las innovaciones y el virtuosismo del artista. Tras sus estudios en Barcelona, fue a Madrid becado por la reina María Cristina. Con 20 años empezó su carrera como solista en España y, con 23, hizo su debut internacional en París. En pocos años, se convirtió en uno de los mejores violonchelistas del panorama internacional con giras de éxito por todo el mundo.
Anecdotario
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- Pau Casals tenía 9 años cuando empezó a tocar el órgano de la iglesia de forma ocasional substituyendo a su padre y tuvieron que fabricarle unas alzas para llegar a los pedales. El pequeño Pau recibía muchos elogios de vecinos y feligreses, que no dejaban de sorprenderse en cada actuación; a su salida, incluso, le obsequiaban con pasteles. Años más tarde, en 1929, él mismo contribuyó a la restauración del órgano, del siglo XVIII, que aún suena en El Vendrell.
- El célebre pianista y compositor Isaac Albéniz descubrió a Pau Casals tocando en un café en Barcelona. Maravillado por su talento, le dió a su madre una carta de recomendación para estudiar en Madrid. Allí, la reina María Cristina le concedió una beca para continuar sus estudios y estuvo bajo la protección de un brillante músico y formador muy influyente y protector de las artes: el conde Guillermo de Morphy. Casals tenía 17 años y, según él mismo decía, el conde se convirtió en una pieza clave en su vida: «Verdaderamente, fue más que mi maestro, mi protector y mi guía: fue mi mejor amigo».
- A lo largo de su trayectoria, Casals llegó a relacionarse con muchas personalidades de fama mundial (como los presidentes de los Estados Unidos J.F. Kennedy o H.S. Truman), pero también hablaba con los pescadores de Sant Salvador de El Vendrell, de quienes proclamaba su sabiduría y decía haber aprendido cosas muy importantes de la vida. Por ejemplo, recordaba con afecto las enseñanzas de un viejo lobo de mar, Pau de la Senda, vigilante de la ermita del barrio marinero, que le enseñó, incluso, a nadar.
Casals amante del paisaje
«Cuando cierro los ojos, veo el mar de Sant Salvador y el pueblo marinero de Sitges, con sus barquitas de pesca en la arena, las viñas, los olivos y los granados del Camp de Tarragona, el río Llobregat y los picos de Montserrat. Cataluña es la tierra en que nací y la amo como a una madre».
El mismo Casals, según recoge Albert E. Kahn en su libro Reflexions, describe los sonidos y elementos del paisaje natural y humano en los que el genio encontró su inspiración: el mar Mediterráneo, el resplandor de la luz del sol, el sonido del viento y las olas, las nubes cambiantes, los cantos de las alboradas, el bullicio de las tareas de los pescadores o viñateros, los bailes de la plaza, la estridencia de las gralles (tipo de dulzaina), las melodías del movimiento de los árboles, los pájaros piando y la gente conversando con todos los matices y ondulaciones de la voz:
«Los primeros recuerdos de mi vida están asociados al mar. Puedo afirmar que lo descubrí cuando aún era niño. Precisamente el Mediterráneo, cerca de El Vendrell, donde nací. Desde mi primer año de vida, mi madre comenzó a llevarme a orillas del mar, al pueblecito de Sant Salvador. […] Allí había una ermita […] románica. La luz se filtraba a través de las ventanas y el único sonido era el silbido del viento. Yo diría que aquel fue el inicio de mi vida consciente —el sentido de la luz del sol y el sonido del mar. A medida que fui creciendo, permanecía horas y horas contemplando el mar desde aquellas ventanas, maravillado al ver cómo se extendía interminable hasta el infinito, cómo las olas, incansables, avanzaban hacia la arena, y cómo las nubes componían formas cambiantes en el cielo. Es una visión que nunca ha dejado de cautivarme.
»Por las mañanas, a veces me despertaba el sonido de las alboradas que cantaban los del pueblo —pescadores y viñateros— cuando iban a trabajar. Otras veces, por la tarde, había bailes en la plaza y, de vez en cuando, festivales en los que tocaba la gralla. […] Cada día podía escuchar a mi padre tocar, en el piano o en el órgano, canciones, música religiosa y composiciones de los maestros. Me llevaba a todos los servicios de la iglesia y, así, el canto gregoriano, el coral y los solos de órgano se convirtieron en parte de mi vida cotidiana. Y, además, los maravillosos sonidos de la naturaleza, el sonido del mar, el sonido del viento soplando a través de los árboles, el delicado canto de los pájaros, la infinitamente variada melodía de la voz humana, no sólo en canciones, sino también hablada. ¡Qué riqueza musical! (Todo ello) Me sostenía y me alimentaba».
«Don Pablo Casals amó la naturaleza».
Recortes de prensa de la muerte de Pau Casals, 1973-1974.
Código: TEXT 09905. (Archivo Fundación Pau Casals).
INFORMACIÓN
Museo Pau Casals
Avenida Palfuriana, 67
43880 Sant Salvador, El Vendrell
museu@paucasals.org
+34 977 684 276
