Casals: exiliados y paz
Pau Casals inició su trayectoria profesional con 23 años y actuó en los mejores auditorios del mundo. Desde su debut internacional, en París en 1899, los inicios de su carrera fueron extraordinarios y llegó a ofrecer doscientos cincuenta conciertos al año. Obtuvo muchos ingresos y, cuando tuvo que exiliarse, era económicamente solvente. Sin embargo, su compromiso lo llevó a dejar de lado los conciertos públicos para dedicarse de lleno a ayudar a los exiliados. Pensaba que había «cosas más importantes que la música» en aquellos momentos y, por ello, llevó a cabo una labor infatigable de auxilio desde Prades. Su residencia se convirtió en una verdadera oficina de peticiones de ayuda a través de miles de cartas que dirigía a organizaciones internacionales y personalidades. También recibía una avalancha de peticiones individuales de refugiados. Junto con otras personas, como su amigo Joan Alavedra, se organizó, incluso, para alquilar un camión con chófer y repartir paquetes con víveres, ropa y medicamentos por los campos de concentración (Argelès, Rivesaltes, Septfonds o Le Boulou…), que había visitado anteriormente.
El volumen de su ayuda en cifras se documentaba en la exposición «Pau Casals i l’exili (Pau Casals y el exilio)» que llevó a cabo la Fundación Pau Casals en 2007: se conservan páginas y páginas en las que figuran las donaciones económicas que Casals realizó a lo largo de sus años de exilio. La lista completa, sólo entre 1938 y 1940, suma un total de 142.092 francos franceses. Toda una fortuna; actualmente, más de 30.000 euros. Además, su ayuda no fue puntual: en 1953 se creó la organización Spanish Refugee Aid, de la que Casals fue presidente honorario y con la que colaboró hasta 1973.
«Primero soy un hombre y, segundo, un artista. Como hombre, mi primera obligación es luchar por el bienestar de la humanidad».
Lucha por la paz y la libertad
Pau Casals defendió la paz como objetivo prioritario. Contraponía la música, que expresaba lo mejor de la humanidad, a la guerra, que para él representaba lo peor. El genio mantuvo una larga e intensa relación con las Naciones Unidas. Tras la Segunda Guerra Mundial, protestó con su silencio por el hecho de que los aliados mantuvieran la dictadura del general Franco. En el contexto de la Guerra Fría y la amenaza nuclear, se movilizó en favor de la paz y la democracia hasta el fin de sus días. Pau Casals fue invitado a tocar en tres ocasiones en la Asamblea General de las Naciones Unidas: en 1958, en 1963 y en 1971, y sus tres discursos son una magnífica expresión del pensamiento y la sensibilidad de este catalán universal.
El 24 de octubre de 1958, el músico fue invitado por el Secretario General de las Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld, a dar un concierto en la Asamblea General para conmemorar el Día de las Naciones Unidas. El concierto, junto con el «mensaje de la paz» que Pau Casals había grabado días antes en Ginebra, fue retransmitido por radio a más de cuarenta países. Pau Casals fue nominado al Premio Nobel de la Paz.
El 19 de abril de 1962, con el concierto del oratorio El pessebre celebrado en el Memorial Opera House de San Francisco, anunció su intención de embarcarse en una cruzada personal por la dignidad humana, la fraternidad y la paz. Durante los diez años siguientes, Pau Casals dirigió El pessebre por todo el mundo. En 1963, el presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, le concedió la Medalla Presidencial de la Libertad.
Tanto los festivales organizados por Pau Casals como las representaciones de El pessebre siempre tuvieron una gran significación para quienes sufrieron los estragos de las guerras. Como muestra, reproducimos un fragmento de una crónica de la prensa del exilio en México:
«La pequeña figura del Maestro, a menudo de pie sobre el estrado, parecía huir de las maderas que lo rodeaban y se tornaba gigante a los ojos de los músicos, cantantes y público, todos ellos como hipnotizados. No en vano era un nacimiento divino lo que se conmemoraba. Pero también la consagración a los ojos del mundo de la música catalana y su genio creador. Nunca olvidaré, por muchos años que viva, los acordes finales de una majestuosidad digna de la suprema invocación repetida en una especie de cántico infinito: “¡Paz en la tierra!”; “¡Nunca más otra guerra!”; “¡Nunca más pecado!”; “¡Paz a los hombres de buena voluntad!”». (Artur Bladé, «El Festival Pau Casals a Acapulco», Pont Blau, 99, enero de 1961).
En 1971, Pau Casals participó en el concierto del Día de las Naciones Unidas, en la sede de la Asamblea General, en Nueva York. Estrenó el Himno a las Naciones Unidas, y el Secretario General, U Thant, le hizo entrega de la Medalla de la Paz en reconocimiento a su trayectoria y actitud.
El secretari general de la ONU, U Thant, concediendo a Pau Casals la medalla de la Paz de las naciones Unidas. (Fondo Pau Casals, 24 de octubre de 1971)
En junio de 1972 creó la Fundación Pau Casals con sede en El Vendrell junto con su esposa, Marta Montañez, con el objetivo de conservar su legado y la casa de Sant Salvador, que tuvo que abandonar al partir al exilio y en la que nunca más pudo volver a vivir.
MÁS INFORMACIÓN
Museo Pau Casals
Avenida Palfuriana, 67
43880 Sant Salvador, El Vendrell
museu@paucasals.org
+34 977 684 276
