Caracoles y huesos
Los caracoles eran los animalillos más fáciles de encontrar para Antoni Gaudí cuando jugaba en el lecho de la riera y el arroyo de Riudoms, en sus primeros años de vida. Sus formas sinuosas infinitas y el volumen de sus conchas, sobre todo los cuerpos cónicos de los caracolillos, aparecen a menudo en las obras del arquitecto, con una representación destacada en los contornos de la parte superior de la fachada de la Casa Batlló o en los pináculos de la Sagrada Familia. Asimismo, entre los elementos de juego de un niño curioso como Gaudí, era habitual que abundaran los huesecillos de muchos animales que arrastraba el cauce de la riera. Su estructura, indudablemente, le llevaría a reflexionar sobre la arquitectura y entenderla como una entidad orgánica, concepción que evolucionó hacia un naturalismo expresionista y que trasladó a la decoración de sus edificios más emblemáticos. En este sentido, incluyó elementos con una clara apariencia de esqueletos (balconadas, columnas, mobiliario…). La misma Casa Batlló es popularmente conocida como la Casa dels ossos (Casa de los huesos).
