Calabazas

Todo lo que proviene del campo de Mont-roig es imprescindible para captar la obra de Miró; hay elementos de la tierra especialmente característicos de su obra y de su taller, como las calabazas, presentes por todas partes.

En palabras de Joan Perucho: «Sin Mont-roig, sin este campo de Mont-roig al que Miró vuelve una y otra vez, no existirían estos cuadros fabulosamente vivos y desconcertantes. A Joan Miró, como a todo gran creador, le interesa más el futuro que el pasado, le interesa más la vida que el arte. Quiero decir con esto que Joan Miró no ama a Tarragona con la pasión de un arqueólogo sino con la pasión de un campesino. Es decir, ama, como Misser Ycart, sus extraordinarios monumentos, pero ama mucho más a Tarragona a través de sus calabazas, sus avellanos, sus coles y sus nabos*. También ama la playa de Mont-roig y de Cambrils, pero las ama en los momentos de silencio, cuando se han ido los molestos bañistas. Entonces, tocando la ola, hay una vasta alfombra de algas y guijarros pulidos por el agua de una forma extraña. Los hay negros con vetas blancas, con incrustaciones de misteriosas y poéticas flores petrificadas. Diminutos cangrejos cruzan velozmente. Joan Miró se agacha y recoge con sus dedos una raíz que se ha traído el mar. Es una raíz muerta terriblemente viva. ¿Qué portentoso escultor ha hecho esto?».

Fuente destacada: Juncosa Vecchierini, Elena. «Mas Miró (Mont-roig). Aportaciones documentales a uno de los espacios creativos de Joan Miró». Premio Pilar Juncosa de investigación 2011 (Fundació Pilar i Joan Miró, Mallorca), inédito.

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