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Plaza Prim – Miró

Según cuenta el escritor reusense Xavier Amorós en su libro Tomb de ravals (literalmente “vuelta” de arrabales, el perímetro de calles que rodean el casco antiguo de la ciudad), Joan Miró fue un enamorado de la plaça del Prim de Reus: «Siempre decía que aquél era uno de los lugares del mundo donde, al llegar el buen tiempo, sentado en una mesa de la terraza de algún bar, le gustaba más esperar la puesta de sol. Y esta espera la practicaba a menudo en verano; a veces, acompañado por su amigo, el sombrero barcelonés Joan Prats». Asimismo, el autor comenta que Miró aprovechaba las visitas a la ciudad para verse con el doctor Vilaseca y pedirle que le enseñara las piedras prehistóricas de su museo.

Su amor por esta plaza emblemática y luminosa de la ciudad aparecía con frecuencia en las cartas que enviaba a la familia Queralt. El 26 de diciembre de 1977, Miró escribe desde Palma a Lluís Queralt: «La pasada temporada, en verano y otoño, me sentí muy impedido, un invierno de trabajo excesivo me obligó a hacer reposo. Me limité a pasar sólo unas horas en Mont-roig, en vez de esas largas estancias que me permitían tomarme un café en la plaza Prim, que tanto amo, y tener aquellas charlas en casa de los Amigos Queralt. Ahora llevo una vida de intensa actividad, lo que me permitirá el verano que viene pasar una buena temporada en el Mas y escaparme a Reus».

La prueba clara de la importancia de la plaza Prim para Miró es que, entre las postales que siguen decorando las paredes de su taller en el Mas de Mont-roig, se conserva, precisamente, una fotografía de dicha plaza.

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