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Picasso: Horta 1909

En junio de 1909, Picasso vuelve a Horta. En esta ocasión, lo acompaña Fernande Olivier, modelo de pintores en París, su pareja y musa. En este segundo período, su objetivo es claro: trabajar en el desarrollo de un nuevo estilo. Lleva consigo una cámara como herramienta indispensable para documentar un paisaje conocido y de feliz recuerdo, el de los ocho meses que permaneció diez años atrás.

Gracias a la correspondencia que mantuvo con Gertrude Stein y Alice B. Toklas, sabemos que Fernande Olivier causó gran sensación en el pueblo de Horta por su moderna manera de vestir y sus costumbres avanzadas, como jugar al dominó en el café o bailar hasta altas horas de la madrugada: «Siempre juego al dominó y escandalizo a la población femenina con mis chales de colores». También contaba que hacían excursiones con sus amigos y que Picasso se iba con ellos de caza. El artista pasa intensas jornadas de trabajo en soledad; Fernande se queja y cuenta que ha de buscarse distracciones varias con los lugareños. Detalla que participan de las tradiciones populares, como el baile de jotas por San Juan. Describe a personajes curiosos; incluso llega a aprender catalán.

Las fotografías que Picasso saca en Horta se pueden englobar en tres grandes temas: personajes, paisajes y el taller con pinturas. Sus paisajes de Horta y Els Ports ya forman parte del patrimonio artístico universal, y su reportaje fotográfico de 1909 recoge un patrimonio perdido inestimable: las casas, con la alberca que aparece en una de las obras cubistas más reconocidas del artista; el molino de aceite; el retrato de la dueña del Hostal del Trompet (donde se alojaba la pareja); el propietario del café de Vives (donde pasaban el rato haciendo tertulia, cantando y jugando al dominó) o los guardias civiles vestidos de gala que los custodiaban (probablemente para Corpus).

 

Anecdotario

  • Lo que menos ha trascendido son las cartas que Fernande Olivier escribió desde Horta de Sant Joan a sus amigas; cartas que son un tesoro porque captan hasta qué punto Fernande Olivier quedó sorprendida e impactada por la vida en el pueblo. El miedo que le daban los gritos del sereno por la noche o el «tonto» del pueblo que se enamoró de ella son solo algunas de las historias que se relatan. Gran parte de dicha correspondencia se encuentra en la universidad de Yale (Beinecke Library), en los Estados Unidos, e iba dirigida a Gertrude Stein y su compañera Alice B. Toklas.
  • En una de sus cartas, Fernande Olivier describe lo que se hacía en Horta en 1909: «La noche de San Juan encendimos hogueras por todos los rincones del pueblo. En la plaza, al son de un tambor y una flauta, los chicos y chicas del pueblo bailaron jotas. Es un baile un poco monótono y, sin embargo, muy divertido porque todos los jóvenes iban un poco bebidos». Eso no es todo, porque Fernande Olivier tenía tanto éxito entre los parroquianos que se convirtió en el centro de atención y Picasso hacía lo que podía: «Un hombre de aquí quería, sí o sí, que bailara con él, a pesar de mis negativas. Insistía en acompañarme y, cuando lo rechacé por última vez, le dijo a Pablo que antes prefería bailar una sola vez conmigo que encontrarse dos duros, es decir, diez pesetas. Es para no dudar de mi encanto».
  • La cámara de fotos de Picasso dio mucho que hablar en Horta en 1909. Testigos locales decían recordar tan solo tres objetos de la estancia del artista en el pueblo: que Picasso llevaba un billete de mil, una pistola y una cámara de fotos. Tres cosas que no eran muy habituales en la época. Su compañera por aquel entonces, la francesa Fernande Olivier, también hablaba de la cámara. En una de sus cartas a su amiga Alice B. Toklas, comenta: «Olvidaba decirte que aquí nos han tomado por fotógrafos, gracias a la cámara de fotos que Pablo utiliza egoístamente y que apenas sabe usar. Todo el pueblo está disfrutando retratándose con la expresión que tienen en ese momento. Y así se gana una buena reputación, Nos han llegado a decir que Pablo podría ganar mucho dinero sacando fotografías de la gente del pueblo».
  • Picasso necesitaba un espacio para pintar y no había sitio en el Hostal del Trompet. El panadero Tobies Membrado, que vivía sobre los soportales de la Plaça de Missa (Plaza de Misa), le cedió una habitación donde instaló su taller. Tras el verano, en el momento de la despedida, Picasso le regaló dos obras cubistas y unas botas de cuero en agradecimiento. Y Tobies le dijo: «Chaval, pintando así te vas a morir de hambre, pero no te preocupes, que si vienes a mi casa no te faltará el pan caliente».
  • A principios de septiembre, cuando tenían que irse, Fernande escribió a G. Stein  valorando mucho la estancia en Horta y a su gente: «Dejaremos Horta en diez días y toda la gente del pueblo está muy triste. Pero volveremos el año que viene con ustedes y será mejor. Me gusta este país […]. Estoy segura de que ustedes compartirán mi emoción cuando lo vean. No se puede comparar con Gósol. La gente es muy amable. Los cazadores me traen lo que han cazado, las mujeres y los niños me regalan fruta y verdura. Otras mujeres me hacen pasteles. […] Es sorprendente, soy más simpática con la gente de aquí que con la de París».

 

Fotografía de Horta de 1909, que inspiró el cuadro La alberca.
Museo Picasso de París

Guardias civiles de gala, 1909. Museo Picasso de París

 

INFORMACIÓN

Centre Picasso
Calle de l’Antic Hospital, s/n
43596 Horta de Sant Joan

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+34 977 435 330 / +34 649 211 195

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