La montaña de la Roca – Joan Miró
Las singulares formas del Espacio Natural de la ermita de la Roca motivaron a un joven Miró a dejar fluir su influencia cezanniana y pintar aquel rojo “avinagrado” propio del lugar. Decía Miró, además, que el secreto de su obra era el equilibrio. La posición de la ermita de Sant Ramon, las formas cúbicas del peñasco rojo y todo el conjunto, que desafiaba las leyes del equilibrio, captaron la atención del genio. El cuadro Mont-roig, Sant Ramon (1916), se pintó desde un punto cercano, el último tramo del Camí Vell (Camino Viejo), y representa la visión de conjunto de las formas fantasiosas y equilibradas de la ermita y las rocas.
Miró iba con frecuencia a la montaña roja. El recorrido desde su finca hasta la ermita por el Camí Vell era muy habitual en sus paseos diarios, incluso se detenía a reparar algún margen de piedra seca por el camino. Según decía, las formas geológicas tan características de las rocas y las cavidades granitoides y granodioritas de la era paleozoica, formadas por la erosión del viento en la montaña del Areny, le recordaban la obra de Antoni Gaudí.
«La ermita de la Mare de Déu de la Roca siempre ha tenido un gran impacto para mí. Tiene una enorme fuerza. Las piedras me recuerdan mucho la arquitectura de Gaudí. También está la ermita de Sant Ramon, que sobrevuelan los cuervos a menudo. Es algo muy impresionante, allí colgada. Y ese color rojo avinagrado que da nombre al pueblo: Mont-roig, es decir, montaña roja».
