La luz mediterránea
La luz brillante y dorada del Mediterráneo ha inspirado toda la obra de Gaudí por su efecto mágico y místico. El genio siempre observó con minuciosidad el potente efecto de la luz en los elementos de la naturaleza: su juego de luces y sombras; la manera en que la distancia se acortaba o alargaba como un efecto óptico; los tonos del mar, que en todas sus capas y profundidades se volvían infinitos, así como el agua de las balsas o las fuentes.
Asimismo, estudió sus características para potenciar la luz natural en los edificios a través de innovadoras soluciones técnicas de su creación, como el helicoide y el hiperboloide, síntesis del movimiento y la apertura hacia la luz natural, creando ondulaciones y claraboyas que repartían los rayos del sol y la luz por las estancias, como en la Casa Vicens o Batlló.
