Casals: coleccionista de arte y humanista
«Es por el color por lo que la pintura se acerca mucho a la música».
Pau Casals, como gran humanista y hombre de cultura, era consciente de la importancia de la proyección de su legado y, así, se convirtió en un gran coleccionista de arte. Como es notorio, recibió una formación que no se limitó a sus estudios de conservatorio, sino que incluyó todas las áreas del conocimiento, donde el arte ocupó un lugar destacado. Cada semana, las clases con su mentor, el conde Guillermo Morphy, incluían una visita al Museo del Prado que debía comentar por escrito. Muy pronto, despertaron su interés los coloristas de la escuela veneciana, especialmente Tiziano, y también Velázquez y Goya, así como la intensidad expresiva de El Greco.
Casals vivió una época en la que se promovían los lugares de encuentro de artistas de todos los ámbitos (poetas, pintores, músicos…) y la fusión de las artes en el modernismo. A pesar de ello, sus gustos eran tendentes al clasicismo, con preferencia por el arte figurativo. Así se materializó claramente en la década de los veinte y los treinta del siglo XX, cuando estableció su residencia en Cataluña, mientras culminaban las obras de remodelación de su casa de Sant Salvador del Vendrell. El genio reunió una colección artística extraordinaria adquiriendo obras puestas a la venta, por ejemplo, en exposiciones o subastas como las que se celebraban a menudo en la Sala Parés de Barcelona; también se relacionaba con numerosos pintores y artistas contemporáneos.
En las pinturas que forman la colección artística de Casals, destacan el tono azul y los ambientes marinos. Los tonos azules predominan principalmente en el fondo de la pieza más espectacular, y también la más atípica, que constituye, ciertamente, el conjunto de pinturas murales de Francesc Pla, El Vigatà. El artista creó esta obra magna hacia 1793 para la casa de Joan Ribera, situada en la calle Nou de Sant Francesc de Barcelona. En el año 1901 los murales fueron adquiridos por el conde Eusebi Güell, conocido como mecenas de Antoni Gaudí y hombre de fuerte sentimiento catalanista. Finalmente, Pau Casals los compró en 1934. En la actualidad, se pueden contemplar en una sala específica del museo. Se inspiran en temas extraídos de la mitología clásica (Las metamorfosis de Ovidio) con la presencia de Ceres y Mercurio en el techo, en una alegoría dedicada al comercio marítimo y al progreso. En los laterales, vemos representados temas amorosos con Apolo y Dafne o Venus y Adonis, entre otros. El azul impera igualmente en algunas pinturas de Joaquim Mir (1873-1940), como Roquisser (roquedal), Corral de carro o Calafell (todas de 1928).
En los amplios jardines de la Casa Museo podemos observar directamente el mar desde su mirador, así como admirar las variadas tonalidades de las plantas que rodean las esculturas de gran relevancia allí expuestas, como Apolo (1934) de Josep Clarà o el desnudo femenino Les flors (Las flores) (1925-1933) de Josep Llimona. Por motivos simbólicos, Casals tenía muy claro que Apolo debía presidir los jardines de Vil·la Casals. En aquella época también tenía muy presentes los motivos mitológicos del conjunto mural de El Vigatà, donde figura el dios helénico. Decía considerarlo un compendio de las mejores cualidades del hombre: dios de la música, de la poesía, de la medicina, de la armonía y un arquero protector de los marineros y caminantes contra el mal. Inicialmente, Josep Clarà encontraba la idea demasiado clásica para un escultor contemporáneo, pero el resultado, después de tres bocetos supervisados por el Maestro, resultó realmente impresionante.
Pau Casals también quisó proyectar al futuro su imagen pública a través de la creación de una colección de arte propia, como complemento a su legado de intérprete y compositor. A mediados de la década de 1930, la Vil·la Casals ya era considerada «como un templo del arte, cuyo dios era Pau Casals».
«Todo esto, todos los recuerdos musicales, cuadros y documentos que se encuentran en Sant Salvador, lo daré a mi país». (Pau Casals, 1955).
En el año 2020, Núria Ballester, directora del Museo Pau Casals, detallaba la importancia de la Vil·la Casals de El Vendrell en un antiguo post de nuestra web:
«En 1909 Pau Casals compró, por sugerencia de su madre, estos terrenos que dan a la playa de Sant Salvador. El complejo, integrado por la casa principal, las casas de invitados, la masía y el jardín, era el paisaje que Pau Casals proyectó como lugar de reposo y recuerdo constante de sus propias raíces vinculadas a su ciudad natal, El Vendrell, y a su barrio marítimo, la playa de Sant Salvador. Años más tarde, a comienzos de los años treinta, Pau Casals encargó las obras de ampliación y reforma de la casa a un buen amigo, el arquitecto Antoni Puig Gairalt. La casa se fue convirtiendo en un pequeño museo personal donde Casals iba acumulando recuerdos, documentos, fotografías, objetos significativos, como la calabacita (su primer violonchelo, que le construyó su padre y Peret, “el Barber”) y, sobre todo, su gran y magnífica colección de arte catalán de finales del siglo XIX y principios del XX. Hoy en día, todo ese legado convive en estas estancias impregnadas del genial músico. […] nos hablan de un hombre metódico, con una gran conciencia histórica, que se relacionaba tanto con los líderes más importantes del momento como con los pescadores de Sant Salvador, que estudiaba, componía y tocaba insistentemente, que batallaba por hacer llegar la música a todo el mundo y que luchaba con tenacidad y coherencia contra las injusticias y las guerras».
En la actualidad, la que fue residencia habitual del Maestro durante la mayor parte de su vida constituye la sede del Museo Pau Casals, declarado Museo de Interés Nacional por la Generalitat de Catalunya y Bien Cultural de Interés Local por el Ayuntamiento de El Vendrell. Asimismo, forma parte de las Casas Icónicas de Cataluña.
MÁS INFORMACIÓN
Museo Pau Casals
Avenida Palfuriana, 67
43880 Sant Salvador, El Vendrell
museu@paucasals.org
+34 977 684 276
